A
modo de Introducción
Habitualmente la clínica en su diversidad nos ofrece
una amplia riqueza de situaciones que se nos presentan polifacéticas
y enigmáticas.
Es quizá por ello que el título de este trabajo
cita palabras del paciente que luego relataré, que
me inspiraron a buscar caminos para la comprensión
que hoy compartiré aquí.
Sebastián tenía 12 años en el momento
de su consulta analítica. Sus padres destacaron en
ella la historia de un trastorno psicomotor de tipo dispráxico
diagnosticado y tratado en su temprana infancia.
La neuropsicología describe a estos trastornos como
una perturbación, incapacidad y/o extrema torpeza
en la ejecución secuencial de la motilidad adaptativa
destinada a acciones elaboradas.
Ajuriaguerra (3)
(p.94) sigue para la evaluación clínica de
las dispraxias, los postulados freudianos que proponen ir
"más allá de la conciencia",
buscando lo latente detrás del discurso manifiesto
del síntoma. Por tal razón señala la
importancia de dilucidar si se trata o no de un síntoma
por fallas de la organización de la personalidad,
que evidencie una pobre discriminación yo-no yo.
Es en este sentido que con el apoyo de la viñeta
clínica, transitaré ideas que nos permitan
ahondar "más allá" de la expresión
sintomática motriz de nuestro paciente.
El gesto proposicional, (medio de exploración,
de acción y de comunicación de alto valor
simbólico), requiere de la indemnidad anatómica,
de la integración de las funciones superiores del
S.N.C. y de la capacidad representativa del niño.
Intervienen la percepción, la vida pulsional, y la
experiencia (4) (p119) desde los comienzos,
en la interacción temprana con las figuras parentales.
Cuerpo y psiquis retroalimentándose, sostenidos por
el diálogo conciente e inconsciente con los otros.
El holding, handling, presentación de objetos darán
cuenta de los Ideales parentales y de un modo de catectización
libidinal, de una manera de lidiar con sus pulsiones, con
la frustración, la castración y la prohibición,
que favorecerá o no el desarrollo de las aptitudes
del aparato psíquico para que el acto motor, la gestualidad,
la palabra, el pensamiento tengan carácter metafórico
en el vínculo con la realidad psíquica y material.
Partiendo
de los Ideales
El término "Ideales" nos remite en Psicoanálisis
al concepto de IDEAL DEL YO, que Freud fue elaborando junto
con al noción de Superyo, Ello y Yo dentro de la
segunda tópica.
Emana de la convergencia del narcisismo-yo-ideal, las primeras
identificaciones yoicas y superyoicas, y las que advendrán
más tarde tras la peripecia edípica consolidándose
en las identificaciones secundarias que serán modelo
para el yo.
Hablar de ideal del yo implicaría también
considerar la dinámica de la represión y castración,
que habilitará a lo largo del desarrollo libidinal
sustitutos pulsionales simbólicos para el yo, relegando
mecanismos arcaicos que sostienen la grandiosidad y omnipotencia.
En Introducción del Narcisismo el Ideal del yo
designa la formación intrapsíquica sobre la
cual el hombre se proyecta y que será edificada sobre
ese narcisismo- yo ideal perdido de la infancia.
Este estado narcisista fusional es promovido desde la investidura
parental que con sus Ideales reaniman expectativas y frustraciones
con el bebé que nace, "lo redivivo" de
su amor infantil que lo espera como hijo grandioso y lo
ubica como "his majesty the baby".
(5) (p.88)
Los IDEALES parentales invisten libidinalmente al tiempo
que formulan la prohibición y la castración.
Esto representa para Freud "la identificación
primera y de mayor valencia" (6) constituyendose
como la más temprana identificación con el
padre, significativo refuerzo para la identificación
primaria del niño. (p.33)
Desde la perspectiva edípica formularán lo
que "el niño debe ser", limitará
progresivamente al yo ideal infantil en su expectativa de
grandiosidad fusional narcisista, de voracidad ilimitada,
el deseo incestuoso, expresando lo que "no le es lícito
ser." (p.36)
IDEALES y CASTRACIÓN presentes en los primeros intercambios
con el objeto materno, en la presencia- ausencia, en la
periodicidad, el ritmo, el movimiento, la satisfacción
o frustración, la mirada, la voz. Inter-juego de
habilitaciones y separaciones que desarrollan la capacidad
representacional del niño, dando consistencia a objetos
erógenos, al autoerotismo infantil y a los sustitutos
simbólicos que irán constituyendo la identidad
primaria.
En este proceso, la renuncia y sustitución de objetos
primarios dan cuenta de cierto modo de enunciación
de la prohibición por parte de las figuras parentales
conformando el Ideal del Yo y Superyo (modelo para el yo
e instancia prohibidora) cuya eficacia es desisiva en la
génesis del yo-sujeto.
Cuerpo
y Génesis del yo
En la génesis del Yo en sus funciones defensivas,
instrumentales y cognitivas, Freud le adjudica un destacado
protagonismo al cuerpo.
Para este autor, el Yo se constituye en la medida que se
apropia del cuerpo por representaciones erógenas
de las percepciones externas e internas. El Yo es "sobre
todo una esencia cuerpo" (7)
(p.27), deriva de las sensaciones corporales proyectadas
en él.
Los órganos sensoriales, la atención, la memoria,
la motricidad alcanzan un estatuto diferente cuando emergen
como "funciones nuevas" ( p.225 y 226) (8)
que aligeran las exigencias inmediatas del principio de
placer y aplazan los estímulos pulsionales. Así
por ejemplo, la descarga motriz se mudaría
en acción volcada a una finalidad, representándose
secuencias asociativas que en su progreso retroalimentan
el desarrollo del yo.
Podemos pensar que esta transformación de la descarga
en función instrumental dependerá de que la
energía libre sea ligada por la libido para su representación
erógena simbólica, constituyéndose
como metáfora de una experiencia afectiva que irá
dando espesor al Yo preconciente .
Me
importa enfocar aquí sobre la fantasmática
e Ideales parentales ejerciendo sobre este proceso su impacto
según las cualidades de la investidura de la "identificación
primera y de mayor valencia". Podríamos pensar
que el sesgo libidinal o tanático, o el tipo de mecanismos
defensivos parentales en juego, condicionarían al
recurso motor proveniente de la organización biológica
en su decurso como función motriz intencional hábil,
simbolizada y simbolizante. Esta compleja retroalimentación
es destacada por Bergés (9) cuando
señala: "...el tratorno psicomotor va ligado
a la vez a las condiciones práxicas asi como a las
viscisitudes de lo imaginario fundado por el lugar y el
deseo del otro". (p.84)
El
caso clínico
Sebastián es el mayor de tres hijos y en la primera
entrevista sus padres lo presentaron diciendo: "Tiene
problemas motrices, torpeza desde chiquito, fue tratado
por psicomotricistas desde los 6 años. Está
exonerado en dibujo y en deportes en la escuela, es muy
inmaduro, y que además él no tiene ninguna
intención de crecer". Al nacimiento fue un bebé
hipotónico y si bien creen que el sostén cefálico
se demoró (no pueden precisar fecha), la marcha y
el pedaleo se desarrollaron en plazos apropiados. La madre
dice: "yo lo asistía en todo por inexperiencia,
fue un bebote hasta los 5 años. Fue y es muy dependiente,
pegado a mí". El padre agrega: "Creo que
lo seguimos asistiendo, es un desparramo generalizado. Todo
a su alrededor es un caos, le cortamos la milanesa y él
no tiene interés de mejorar. Pierde todo, la ropa,
la campera". Siempre ha tenido un rendimiento escolar
adecuado a pesar de no terminar los trabajos, pero los docentes
insisten en que debe cambiar de actitud. La madre vive pendiente
de las tareas escolares y son sus padres los que hacen los
resúmenes. Siempre de mal humor, no es buscado por
sus pares, razón por la cual se angustia y se aisla.
Su madre no tolera verlo angustiado por lo que le evita
las frustraciones, el fracaso o el esfuerzo para lograr
algo por sí mismo. Al padre le costó mucho
superar las diferencias que ya observaba a la edad de 4
años entre su hijo y otros niños y que no
pudiera compartir intereses deportivos con él.
Sebastián tiene intensos miedos a dormirse solo por
lo que tiene que hacerlo con la luz prendida y acompañado.
Se alivia al conectarse a su walkman mientras se adormece.
Según la madre el embarazo de Sebastián fue
"crítico, espantoso, hice reposo por riesgo
de un parto prematuro".
A lo largo de la entrevista me llama la atención
que los padres apelan a innumerables anécdotas en
un tono jocoso, actitud que pareciera encubrir angustia
y rechazo.
Sebastián
Al conocerlo parecía de menor edad, con aspecto extraño
por su boca entreabierta y su cuerpo desacomodado. Lo más
llamativo era su modo de hablar, con una prosodia y léxico
característico de los dibujos animados de la T.V.
Relataba sus peleas con el hermano y con sus amigos, utilizando
en varias oportunidades la palabra "inmadurez"
para describirse. Tenía miedo a los aparatos de gimnasia,
rechazo al fútbol o cualquier actividad que involucrara
al cuerpo. Desearía además "matar al
profesor de gimnasia". Al adentrarnos en el tema de
sus miedos nocturnos dijo: "No me gusta la oscuridad,
me asusta. Me da la impresión que va a venir alguien,
como al que gané en el Mortal Combat III, un hombre
con armadura de pinchos con una cabeza calavera. Cuando
lo maté en el juego dijo "me voy a vengar de
ti", tuve taquicardias y me puse a llorar. Al
dormir tengo miedo porque no me puedo sentir más
vivo, me siento como muerto, mis sentidos descansan. Lo
más importante de estar vivo es sentirse vivo,
ahora con el walkman y la radio se me pasó algo todo
esto". "Durante el día mirándome
al espejo me sentía vivo, me miraba las partes del
cuerpo y me hacía sentir diferente, me ponía
en contacto con mis sentimientos".
Los
ideales parentales en el proceso de apropiación del
cuerpo
Sebastián se encuentra en los umbrales de la adolescencia
que conlleva cambios corporales, resignificaciones pulsionales,
movimientos identificatorios.
En la primer entrevista, su lenguaje, sus miedos con vivencias
crudas de muerte y retaliación, y cierta pérdida
de discriminación entre realidad y fantasía
dan cuenta de sus escasos recursos simbólicos para
afrontar la etapa vital que a de transitar.
Señala además que el objeto y su sentimiento
de sí se desmoronan cuando no están apuntalados
por la percepción. Por ello, la separación
con el objeto externo en los albores del sueño lo
sumerge en vivencias terroríficas. Su frágil
estructura yoica que funciona en gran medida gracias a la
indiscriminación con su madre, se desborda.
Quisiera detenerme y referirme particularmente, a la brecha
que para él existe entre "el estar y sentirse
vivo", por parecer interrumpidos los caminos que van
del cuerpo al Yo instancia psíquica.
Para comenzar, citaré a F.Doltó distinguiendo
el concepto de esquema corporal del de imagen
inconsciente del cuerpo.
El esquema corporal como "realidad de hecho,
...nuestro vivir carnal al contacto con el mundo físico"
(10) (p.18), depende de la integridad del organismo,
de potencialidades evolutivas y madurativas, de las sensaciones
fisiológicas y cenéstesicas. (p.21)
La imagen del cuerpo ligada al sujeto, a su historia
es eminentemente inconsciente, ocasionalmente preconciente
y advendrá a la conciencia mediada por la metáfora
y metonimia del gesto, acto o palabra.
Se funda en la interacción emocional y pulsional
con la madre, en las experiencias de satisfacción
erógena arcaicas resignificándose aposteriori.
Experiencias que producen huellas, representaciones simbólicas
que constituyen una memoria inconciente dinámica
vinculada a la presencia- ausencia, placer- displacer- realidad,
satisfacción- frustración, deseo - castración.
Esta imagen del cuerpo, soporte del narcisismo se
entrecruza con el esquema corporal enlazando dinámicamente
las imágenes de las funciones perceptivas, cenéstésicas,
práxicas, con las erógenas y las del conflicto
psíquico.(p.22) Se establecería así
la ligazón, vinculación del sujeto a su propio
cuerpo (p.121)
El Estadio del Espejo descripto por Lacan, enfatiza los
momentos en que un niño logra este entrecruzamiento,
al reconocer su imagen en el espejo a través de la
mirada materna vehiculizadora del deseo. Secuencia transformadora
que entre los 6 y 18 meses, le permite anticipar a nivel
mental la unidad funcional de un cuerpo todavía inmaduro
a nivel motriz. Esta primera experiencia de localización
externa llena un vacío, le ofrece unificación
y discriminación entre sensaciones propioceptivas
e imagen. (11)
Esta Gestalt anticipadora y originaria de una imagen asociada
a la sensación unificada del cuerpo propio, opera
como " la victoria sobre la fragmentación de
los miembros juntos y asegura la coordinación motriz..."
(12) (p.37) engendrando y justificando la acción.
(p.36)
De ésta unificación surge el Yo en su forma
primordial, la matriz simbólica sobre la que se establecerá
la identificación primaria.
Los Ideales parentales vehiculizando la catexis erógena,
la imágen y cierto ordenamiento simbólico,
tienen "el poder" de oficiar de motor y soporte
en este proceso de entretejido de las variables funcionales
del cuerpo con la identidad..
Sebastián señala fracturas en este proceso,
al percibirse y haber sido percibido por sus padres sólo
como un cuerpo fallante, "robótico", sin
imagen libidinal que le permita habitar su cuerpo. Sin capitalizar
totalmente la experiencia del espejo, vivencia al cuerpo
escindido del psiquismo, fragmentado.
Winnicott recoge de la teorización lacaniana la importancia
del papel de espejo de la mirada materna y lo define como
precursor en este proceso. Este autor se pregunta:
"...¿ que vé el bebé cuando mira
el rostro de la madre?" . (13)
(p.148 )
Winnicott advierte con fineza acerca de los casos en los
que el bebé sólo recibe el estado de ánimo
materno, su rigidez defensiva o lo que es peor, no recibe
nada. Serían bebés que "miran y no se
ven a sí mismos", concluyendo que "si el
rostro de la madre no responde, un espejo será entonces
algo que se mira, no algo dentro de lo cual se
mira".(p.149)(destacado mío)
La carencia o fisura del investimento erógeno parental
lo privará de las representaciones que dan noticias
del deseo que emerge del contacto materno cuando asiste
al cuerpo, no tejiéndose la trama erógena
sensible sobre la que asienta la vida psíquica. Lo
dejará sin "poder", deprivado en acceder
a sus emociones y a sus potencialidades libidinales y yoicas,
sin eslabones para constituir lo que Winnicott define como
personalización. (14) (15)
Los logros de la personalización, enraízados
en el handling materno, se manifiestan en el vinculo con
la realidad compartida, así como en el desarrollo
de una coordinación, tono muscular y movimiento al
servicio de metas específicas. (16)
(p.54)
La
escucha metapsicológica psicoanalítica y particularmente
la captación de las vivencias en la transferencia
son las que nos permiten la comprensión global del
paciente y de las secuelas provocadas por un discurso y
mirada parentales invalidantes.
Nos indica que la sintomatología psicomotora por
la que fue asistido Sebastián desde pequeño,
es la punta de iceberg de un trastorno psicopatológico
complejo, que incluye fallas en la identidad primaria que
han afectado su estructuración psíquica.
Cabe preguntarse además por los múltiples
efectos en el psiquismo parental, desde los primerísimos
encuentros con el niño , de la pérdida del
"Ideal de hijo" manifiesta como ambivalencia,
hostilidad y culpa inconscientes tras el curso de un embarazo
"crítico" y frente a las dificultades del
hijo real.
Terminaré comentando sobre la transferencia, que
evidencia la fuerza de una imagen del cuerpo y mente inválidas.
Acostado en el diván Sebastián exigía
muebles e instrumentos como apoyo imprescindible para sus
cartas o piezas de juegos. Yo debía responder a sus
órdenes inmediatamente y alcanzarle todo lo que excediera
a la distancia de su brazo extendido.
Parecía buscar activamente ser considerado
por mí como pasivo e inválido y que yo responda
por él en una suerte de fusión e indiscriminación.
Señala las paradojas de su Narcisismo fallante: tras
la ilusión omnipotente de dominio del objeto primario,
de no discriminación y no castración encubre
sus vivencias de fragmentación, desvalimiento, dependencia.
El "no poder" de un Yo y objeto desfalleciendo
en el acceso a la estructuración del Ideal del Yo.
(1) Trabajo
para Congreso APU Agosto 2004: El poder de los Ideales-Idealización
del Poder. Montevideo.
(2) Médico Psiquiatra Infantil- Asociación
Psicoanalítica del Uruguay.
(3) Ajuriaguerra J.de: Manual de Psicopatología del
Niño. Edit.Masson. Barcelona 1987
(4) Cambier, Masson, Dehen: Manual de Neurología.Edit.
Toray Masson. Barcelona. 1981
(5) Freud, S.: Introducción del Narcisismo (1914)
en O.C, TXIV, Amorrortu, Bs.As, 1992
(6) Freud, S.: El yo y el Superyo(ideal del yo) (1923) en
O.C, TXIX, Amorrortu, Bs.As.,1992
(7) Freud.S: El yo y el Ello (1923), O.C, TXIX, Amorrortu,
Bs.As., 1992.
(8)" Formulación sobre los dos principios del
acaecer psíquico (1911), O:C, TXII, Amorrortu, B.As1992
(9) Bergès,J.: Los trastornos psicomotores del niño
en Trat.de Psiquitría del Niño y Adolescente,
B.Nueva
(10) Dolto F.: La imagen inconsciente del
cuerpo, Edit.Paidos, Barcelona, 1986
(11) Lacan J:El estadio del espejo como formador de la función
del yo tal comose nos revela en la experiencia psicoanalítica,
en Escritos 1, Siglo XXI, España,2000
(12)
Julien,P.: Mi querido semejante, mi espejo en El retorno
a Freud de Jacques Lacan, Sitesa Eds.
(13) Winnicott D.W: Papel del espejo de la madre y la familia
en el desarrollo del niño en Realidad y Juego, Granica
Eds., Bs.As. 1g972.
(14) Psic. López de Caiafa,Cristina: El cuerpo, habitación,
construcción, creación, en El cuerpo en Psicoanálisis,
Montevideo,2002.
(15) Psic. López de Caiafa, Cristina: comunicación
personal.
(16) Davis y Wallbridge: Personalización en Límite
y Espacio,, Amorrortu, Bs.As.