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De la Cura Psicoanalítica al Cuidado del
Analista

por Eduardo Smalinsky (1)

Cuando el cuidado se constituye en un aspecto central de la experiencia psicoanalítica. El autor de este artículo toma la idea de cuidar, ya que etimológicamente "cura" proviene de cuidado: se trata del vocablo "sorge" utilizado por Heidegger en "Ser y Tiempo", y también es traducido como preocupación.
Comenzaré este trabajo con una cita del libro "El jugar del analista" de José Valeros, que me llamó la atención, por sentirme identificado con lo que allí decía:


"Clásicamente se sugiere que el analista con su labor interpretativa, acota a lo que se denomina goce pulsional. El analista desde esta perspectiva, por momentos lucha contra el paciente, como está reconocido explícitamente en cierta literatura.
Yo intenté esa forma de trabajo durante varios años y la he visto en muchísimos colegas. No dudo que algo positivo se logre a veces con esa lucha. Pero la médula de mi experiencia me sugiere que es menos lo que se logra y más lo que se arruina en esa lucha, dentro y fuera del análisis.
La experiencia me dice, que nadie madura por la fuerza sino cuando quiere, de la manera que quiere y dentro de lo que puede.
Lo que se puede hacer y bastante, es facilitar las condiciones que la persona en particular requiere para su maduración."

Lo que aquí se plantea es una forma de acompañamiento, o de cuidado.
Tomaré la idea de cuidar ya que etimológicamente cura proviene de cuidado, es el vocablo "sorge" utilizado por Heidegger en "Ser y Tiempo", y también es traducido como preocupación.
En el siglo 18 cura designaba al tratamiento médico, en el 19 implicaba además un resultado favorable, la recuperación de la salud, la aniquilación de la enfermedad, la victoria sobre el espíritu del mal.
Actualmente el sentido de remedio, de erradicación de la enfermedad y de su causa prevalece hoy sobre el cuidado.
Me parece en este sentido interesante considerar que el cuidado sea un aspecto central de la experiencia psicoanalítica.
Para desarrollar estas ideas recurriré a ciertos autores que me permitieron pensar los alcances de esta cuestión.

El primero de ellos es Winnicott que piensa que la práctica del psicoanálisis no es solo la interpretación del inconciente, sino también el proporcionar un marco profesional a la confianza en el cual esa interpretación pueda llevarse a cabo.
Habla de marco, diferenciándolo del concepto de encuadre, mas ligado a un estándar.
El marco así delimita en tanto posibilita el despliegue de una escena, es condición de la escena misma.
A partir de allí plantea distintas perspectivas.
La primera alude a la posición imaginaria que sostenemos en nuestra práctica, Analista-Analizante, Terapeuta-Paciente etc. Ante todo y aunque parezca ingenuo y evidente, cuando estamos frente a otro semejante, somos dos seres humanos de idéntico status. La relación interpersonal es el fundamento mismo de la situación analítica.
Sin ir mas lejos y aunque luego cambie su punto de vista, Lacan en "Intervención sobre la transferencia" dice: "Por lo que hace a la experiencia psicoanalítica, debe comprenderse que se desarrolla entera en esa relación de sujeto a sujeto. En psicoanálisis el sujeto se constituye, donde la presencia del analista, aporta antes de toda intervención, la dimensión del dialogo."

La segunda perspectiva es reconocer que necesitamos a nuestros pacientes, tanto como ellos nos necesitan a nosotros. San Vicente de Paul decía a sus seguidores: "Rogar por que los pobres y los enfermos nos perdonen por ayudarlos."
En cierto sentido el adoptar la posición de curar es también una enfermedad, la contraparte de la que padece el paciente. El hecho de reconocer implícita o explícitamente la enfermedad del otro y ya Freud hablaba de una promesa de cura que aunque no fuera verbalizada ya proporciona un alivio, porque legitima la dependencia y nos enfrenta al problema de responder a una necesidad, de preocuparnos y de ser confiables, es decir de curar en el sentido de cuidar.
Adoptamos con naturalidad una actitud profesional, sin que ello implique superioridad alguna.
Winnicott habla de asumir el rol de cuidador-curador. Habla de la cura-cuidado y examina los efectos de esta posición sobre el analista.
Sus características son:
A) El analista no es moralista, su misión no es juzgar al analizante.
B) El analista es honesto, cuando no sabe es deseable que lo reconozca. No es tarea del analizante soportar el miedo a la verdad del analista.
C) El analista se torna confiable del único modo en que puede hacerlo, protege al analizante de lo impredecible. Es deseable que el analista sostenga un cierto nivel de predicibilidad en su desempeño.
D) El analista acepta el amor y el odio del analizante y se siente afectado por ello. No lo provoca, ni espera obtener de la relación profesional satisfacciones emocionales.
E) La crueldad se introduce inevitablemente en el análisis, pero debemos tener cuidado de complacernos en la crueldad, es decir no ser crueles por que sí.
F) Es deseable que el analista desarrolle la capacidad de captar con imaginación y con exactitud, los pensamientos, sentimientos, esperanzas y temores del paciente, así como permitir que el analizante haga lo mismo con uno.
Lo fundamental en relación a estos aspectos, de la práctica analítica así entendida, es el hecho de que cuidar-curar constituye una extensión del concepto de sostén.
Cuando Winnicott habla de desarrollo, o de maduración, no lo hace en un sentido biológico o fisiológico, sino en un sentido filosófico, está hablando de cómo el cuidado genera las condiciones del desarrollo del ser, es una posición post metapsicológica, semejante a la posición de Heidegger que es postmetafísica.
El paralelismo entre Winnicott y Heidegger aparece en el tratamiento de los modos del ser del hombre, en la forma en que esos sentidos se constituyen.
En Winnicott adquiere la forma de la maduración. En Heidegger adquiere la forma del devenir.
Los dos comparten la idea de que la comprensión del sentido del ser del hombre y de las cosas se da en un "entre", es decir en una "transición" de tiempo y de espacio, y para ambos el existir contempla, una relación íntima con el no ser y con la finitud.
Para ambos el humano tiene como problema central, la pregunta por el sentido del ser.
El ser en ambos es anterior a cualquier cosa que el otro pueda hacer. Esto significa, que antes que hacer algo por o para el niño o el analizante, el otro, el analista tiene que dejar que este sea, que continúe siendo, es decir que advenga.
Se trata así de un otro adveniencial.

Para Winnicott y para Heidegger, el ser tiene el carácter de devenir, de historicidad y no de sustancia como afirma la metafísica occidental.
El humano para Heidegger existe como un ser ahí, en el mundo, es el dasein, que tiene que cuidar de ese su ser ahí.
En un artículo de Heidegger titulado "Pensar, habitar y construir" dice que la palabra alemana Bauen significa habitar, es decir la manera como los hombres somos en la tierra. También significa cuidar, cuidar como cobijar el crecimiento que hace madurar los frutos. No es un producir. Es un construir en el sentido de abrigar y cuidar. Afirma que hay dos modos de construir. Construir como cuidar, collere del latín, que significa cultura, y construir como edificar.
El sentido del construir, el habitar, ha caído en el olvido, y así el habitar como ser y como estar ya no es experienciado como el ser del hombre.
¿Cuál es la esencia del habitar?
Bauen en alemán antiguo, Wuon en Sajón y Wunian en Gótico, significan permanecer, residir como estar en paz, satisfecho, preservado de daño y amenaza, es decir cuidado.
El curar es algo positivo y acontece cuando dejamos a algo en su esencia, cuando reabrigamos a algo en su esencia, cuando lo rodeamos de una protección, cuando lo ponemos a buen recaudo.

Quisiera ejemplificar clínicamente algo de lo antedicho. En la institución que convoca a estas jornadas, es en la que trabajo, suelo recibir derivaciones que tiene algo en común entre sí. Son por lo general pacientes que presentan alguna dificultad con relación a la transferencia, casi siempre ha habido alguna ruptura con un terapeuta anterior que ha tenido características conflictivas.
En este caso la colega que me pregunta si puedo hacerme cargo de la paciente es una profesional en la que confío especialmente. Me dice que es una paciente difícil, que ella le controla la medicación, y que ha estado durante muchos años con una analista con la que la paciente no quiere continuar, no porque no la valore, sino porque se empeña en analizarla y la paciente no quiere eso.
En principio me pareció interesante y paradojal una paciente que demande explícitamente "no ser analizada".
Le respondo a mi colega, que teniendo en cuanta las dificultades que menciona, y la aprehensión que encuentra la paciente con relación a un nuevo terapeuta, le planteé la posibilidad de acordar una entrevista, para que tanto la paciente como yo, podamos considerar, si podíamos y si queríamos continuar con las entrevistas siguientes.
La paciente a la que llamaré María, concurre a la entrevista y manifiesta que le hablaron muy bien de mí, y me cuenta que ella continua viendo a su terapeuta anterior, que fue una persona sumamente importante en su vida, que la atendió durante diez años con un compromiso enorme, pero que han comenzado a existir diferencias entre ambas, y que no soporta que la analista las intente interpretar y no lo reconozca. Me informa que ella es muy formal y cumplidora y espera que yo también lo sea. Le digo que haré todo lo posible, para estar a la altura de sus expectativas. Durante ese lapso ocurren en el hospital, algunos mínimos desencuentros, fruto en gran parte de las obras de remodelación. María muestra hasta qué punto es formal y rigurosa con los horarios.
Al poco tiempo falta a una entrevista. No avisa y a la siguiente me dice que está sorprendida de su ausencia, que es algo absolutamente infrecuente en ella.
Le digo que a mí también me sorprendió. Me dice riéndose que quizás es una venganza por alguno de los desencuentros que mencioné antes.
Le digo que puede ser una venganza, pero que me parecía que había algo mas, que no era malo ni que se vengara, ni que se ausente, pero que era sorprendente en ella.
Le pregunto si su ausencia también, no podía ser una forma de desagravio a su anterior terapeuta.

Me dice que no me quiere ofender, que yo soy un buen profesional, pero que su anterior analista fue como una madre para ella, se emociona y se pone a llorar.
Le digo que su ausencia podía ser no solo una venganza de ella hacia mi impuntualidad sino además una forma de vengar y de compensar a esa madre que tanto había hecho por ella y que ahora ella abandonaba. Mas fuertemente emocionada dice que esa analista es la persona que más hizo por ella en su vida, pero que en el último tiempo comenzaron a haber diferencias que su terapeuta no le reconocía, sino que se las interpretaba y eso es lo que a ella le tornó insoportable ese espacio. Le digo que tuvo que tomarse el trabajo de buscar otro terapeuta para que ese vínculo tan maternal no se estropeara del todo. -Usted la quiere mucho, pero necesita separarse de ella como una hija se separa de su madre. Es difícil que otra persona ocupe un lugar semejante en su vida, Usted ha crecido pero quizás ella la continúa viendo un poco como era antes, Usted ya no es la misma
María dice entre sollozos, ella tiene que entender que yo la quiero, que ha ayudado infinitamente, pero que tengo que seguir sin ella.

No sé si este ejemplo plasma, algo de lo que considero que es el crear las condiciones de posibilidad para que algo devenga.
En este caso en una paciente con una historia infantil de fuerte abandono y con un análisis sumamente significativo. Me pareció conveniente crear, facilitar las condiciones para el desarrollo de un duelo, de una separación que tiene algo de doloroso y al mismo tiempo de habilitante.

Para finalizar citaré a Winnicott que en relación a esto dice: "Lo que hacemos cuando analizamos, no es administrar un remedio sino facilitar las condiciones de desarrollo."
Al analista la posición de cuidado-cura le aporta algo mucho más satisfactorio que la sensación de haber sido inteligente. Gracias.

(1) Este trabajo fue presentado en las Jornadas Anuales del Centro de Salud Mental N* 3 "Dr. Arturo Ameghino".

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