"Clásicamente se sugiere que el analista con
su labor interpretativa, acota a lo que se denomina goce
pulsional. El analista desde esta perspectiva, por momentos
lucha contra el paciente, como está reconocido explícitamente
en cierta literatura.
Yo intenté esa forma de trabajo durante varios años
y la he visto en muchísimos colegas. No dudo que
algo positivo se logre a veces con esa lucha. Pero la médula
de mi experiencia me sugiere que es menos lo que se logra
y más lo que se arruina en esa lucha, dentro y fuera
del análisis.
La experiencia me dice, que nadie madura por la fuerza sino
cuando quiere, de la manera que quiere y dentro de lo que
puede.
Lo que se puede hacer y bastante, es facilitar las condiciones
que la persona en particular requiere para su maduración."
Lo
que aquí se plantea es una forma de acompañamiento,
o de cuidado.
Tomaré la idea de cuidar ya que etimológicamente
cura proviene de cuidado, es el vocablo "sorge"
utilizado por Heidegger en "Ser y Tiempo", y también
es traducido como preocupación.
En el siglo 18 cura designaba al tratamiento médico,
en el 19 implicaba además un resultado favorable,
la recuperación de la salud, la aniquilación
de la enfermedad, la victoria sobre el espíritu del
mal.
Actualmente el sentido de remedio, de erradicación
de la enfermedad y de su causa prevalece hoy sobre el cuidado.
Me parece en este sentido interesante considerar que el
cuidado sea un aspecto central de la experiencia psicoanalítica.
Para desarrollar estas ideas recurriré a ciertos
autores que me permitieron pensar los alcances de esta cuestión.
El
primero de ellos es Winnicott que piensa que la práctica
del psicoanálisis no es solo la interpretación
del inconciente, sino también el proporcionar un
marco profesional a la confianza en el cual esa interpretación
pueda llevarse a cabo.
Habla de marco, diferenciándolo del concepto de encuadre,
mas ligado a un estándar.
El marco así delimita en tanto posibilita el despliegue
de una escena, es condición de la escena misma.
A partir de allí plantea distintas perspectivas.
La primera alude a la posición imaginaria que sostenemos
en nuestra práctica, Analista-Analizante, Terapeuta-Paciente
etc. Ante todo y aunque parezca ingenuo y evidente, cuando
estamos frente a otro semejante, somos dos seres humanos
de idéntico status. La relación interpersonal
es el fundamento mismo de la situación analítica.
Sin ir mas lejos y aunque luego cambie su punto de vista,
Lacan en "Intervención sobre la transferencia"
dice: "Por lo que hace a la experiencia psicoanalítica,
debe comprenderse que se desarrolla entera en esa relación
de sujeto a sujeto. En psicoanálisis el sujeto se
constituye, donde la presencia del analista, aporta antes
de toda intervención, la dimensión del dialogo."
La
segunda perspectiva es reconocer que necesitamos a nuestros
pacientes, tanto como ellos nos necesitan a nosotros. San
Vicente de Paul decía a sus seguidores: "Rogar
por que los pobres y los enfermos nos perdonen por ayudarlos."
En cierto sentido el adoptar la posición de curar
es también una enfermedad, la contraparte de la que
padece el paciente. El hecho de reconocer implícita
o explícitamente la enfermedad del otro y ya Freud
hablaba de una promesa de cura que aunque no fuera verbalizada
ya proporciona un alivio, porque legitima la dependencia
y nos enfrenta al problema de responder a una necesidad,
de preocuparnos y de ser confiables, es decir de curar en
el sentido de cuidar.
Adoptamos con naturalidad una actitud profesional, sin que
ello implique superioridad alguna.
Winnicott habla de asumir el rol de cuidador-curador. Habla
de la cura-cuidado y examina los efectos de esta posición
sobre el analista.
Sus características son:
A) El analista no es moralista, su misión no es juzgar
al analizante.
B) El analista es honesto, cuando no sabe es deseable que
lo reconozca. No es tarea del analizante soportar el miedo
a la verdad del analista.
C) El analista se torna confiable del único modo
en que puede hacerlo, protege al analizante de lo impredecible.
Es deseable que el analista sostenga un cierto nivel de
predicibilidad en su desempeño.
D) El analista acepta el amor y el odio del analizante y
se siente afectado por ello. No lo provoca, ni espera obtener
de la relación profesional satisfacciones emocionales.
E) La crueldad se introduce inevitablemente en el análisis,
pero debemos tener cuidado de complacernos en la crueldad,
es decir no ser crueles por que sí.
F) Es deseable que el analista desarrolle la capacidad de
captar con imaginación y con exactitud, los pensamientos,
sentimientos, esperanzas y temores del paciente, así
como permitir que el analizante haga lo mismo con uno.
Lo fundamental en relación a estos aspectos, de la
práctica analítica así entendida, es
el hecho de que cuidar-curar constituye una extensión
del concepto de sostén.
Cuando Winnicott habla de desarrollo, o de maduración,
no lo hace en un sentido biológico o fisiológico,
sino en un sentido filosófico, está hablando
de cómo el cuidado genera las condiciones del desarrollo
del ser, es una posición post metapsicológica,
semejante a la posición de Heidegger que es postmetafísica.
El paralelismo entre Winnicott y Heidegger aparece en el
tratamiento de los modos del ser del hombre, en la forma
en que esos sentidos se constituyen.
En Winnicott adquiere la forma de la maduración.
En Heidegger adquiere la forma del devenir.
Los dos comparten la idea de que la comprensión del
sentido del ser del hombre y de las cosas se da en un "entre",
es decir en una "transición" de tiempo
y de espacio, y para ambos el existir contempla, una relación
íntima con el no ser y con la finitud.
Para ambos el humano tiene como problema central, la pregunta
por el sentido del ser.
El ser en ambos es anterior a cualquier cosa que el otro
pueda hacer. Esto significa, que antes que hacer algo por
o para el niño o el analizante, el otro, el analista
tiene que dejar que este sea, que continúe siendo,
es decir que advenga.
Se trata así de un otro adveniencial.
Para
Winnicott y para Heidegger, el ser tiene el carácter
de devenir, de historicidad y no de sustancia como afirma
la metafísica occidental.
El humano para Heidegger existe como un ser ahí,
en el mundo, es el dasein, que tiene que cuidar de ese su
ser ahí.
En un artículo de Heidegger titulado "Pensar,
habitar y construir" dice que la palabra alemana Bauen
significa habitar, es decir la manera como los hombres somos
en la tierra. También significa cuidar, cuidar como
cobijar el crecimiento que hace madurar los frutos. No es
un producir. Es un construir en el sentido de abrigar y
cuidar. Afirma que hay dos modos de construir. Construir
como cuidar, collere del latín, que significa cultura,
y construir como edificar.
El sentido del construir, el habitar, ha caído en
el olvido, y así el habitar como ser y como estar
ya no es experienciado como el ser del hombre.
¿Cuál es la esencia del habitar?
Bauen en alemán antiguo, Wuon en Sajón y Wunian
en Gótico, significan permanecer, residir como estar
en paz, satisfecho, preservado de daño y amenaza,
es decir cuidado.
El curar es algo positivo y acontece cuando dejamos a algo
en su esencia, cuando reabrigamos a algo en su esencia,
cuando lo rodeamos de una protección, cuando lo ponemos
a buen recaudo.
Quisiera
ejemplificar clínicamente algo de lo antedicho. En
la institución que convoca a estas jornadas, es en
la que trabajo, suelo recibir derivaciones que tiene algo
en común entre sí. Son por lo general pacientes
que presentan alguna dificultad con relación a la
transferencia, casi siempre ha habido alguna ruptura con
un terapeuta anterior que ha tenido características
conflictivas.
En este caso la colega que me pregunta si puedo hacerme
cargo de la paciente es una profesional en la que confío
especialmente. Me dice que es una paciente difícil,
que ella le controla la medicación, y que ha estado
durante muchos años con una analista con la que la
paciente no quiere continuar, no porque no la valore, sino
porque se empeña en analizarla y la paciente no quiere
eso.
En principio me pareció interesante y paradojal una
paciente que demande explícitamente "no ser
analizada".
Le respondo a mi colega, que teniendo en cuanta las dificultades
que menciona, y la aprehensión que encuentra la paciente
con relación a un nuevo terapeuta, le planteé
la posibilidad de acordar una entrevista, para que tanto
la paciente como yo, podamos considerar, si podíamos
y si queríamos continuar con las entrevistas siguientes.
La paciente a la que llamaré María, concurre
a la entrevista y manifiesta que le hablaron muy bien de
mí, y me cuenta que ella continua viendo a su terapeuta
anterior, que fue una persona sumamente importante en su
vida, que la atendió durante diez años con
un compromiso enorme, pero que han comenzado a existir diferencias
entre ambas, y que no soporta que la analista las intente
interpretar y no lo reconozca. Me informa que ella es muy
formal y cumplidora y espera que yo también lo sea.
Le digo que haré todo lo posible, para estar a la
altura de sus expectativas. Durante ese lapso ocurren en
el hospital, algunos mínimos desencuentros, fruto
en gran parte de las obras de remodelación. María
muestra hasta qué punto es formal y rigurosa con
los horarios.
Al poco tiempo falta a una entrevista. No avisa y a la siguiente
me dice que está sorprendida de su ausencia, que
es algo absolutamente infrecuente en ella.
Le digo que a mí también me sorprendió.
Me dice riéndose que quizás es una venganza
por alguno de los desencuentros que mencioné antes.
Le digo que puede ser una venganza, pero que me parecía
que había algo mas, que no era malo ni que se vengara,
ni que se ausente, pero que era sorprendente en ella.
Le pregunto si su ausencia también, no podía
ser una forma de desagravio a su anterior terapeuta.
Me
dice que no me quiere ofender, que yo soy un buen profesional,
pero que su anterior analista fue como una madre para ella,
se emociona y se pone a llorar.
Le digo que su ausencia podía ser no solo una venganza
de ella hacia mi impuntualidad sino además una forma
de vengar y de compensar a esa madre que tanto había
hecho por ella y que ahora ella abandonaba. Mas fuertemente
emocionada dice que esa analista es la persona que más
hizo por ella en su vida, pero que en el último tiempo
comenzaron a haber diferencias que su terapeuta no le reconocía,
sino que se las interpretaba y eso es lo que a ella le tornó
insoportable ese espacio. Le digo que tuvo que tomarse el
trabajo de buscar otro terapeuta para que ese vínculo
tan maternal no se estropeara del todo. -Usted la quiere
mucho, pero necesita separarse de ella como una hija se
separa de su madre. Es difícil que otra persona ocupe
un lugar semejante en su vida, Usted ha crecido pero quizás
ella la continúa viendo un poco como era antes, Usted
ya no es la misma
María dice entre sollozos, ella tiene que entender
que yo la quiero, que ha ayudado infinitamente, pero que
tengo que seguir sin ella.
No
sé si este ejemplo plasma, algo de lo que considero
que es el crear las condiciones de posibilidad para que
algo devenga.
En este caso en una paciente con una historia infantil de
fuerte abandono y con un análisis sumamente significativo.
Me pareció conveniente crear, facilitar las condiciones
para el desarrollo de un duelo, de una separación
que tiene algo de doloroso y al mismo tiempo de habilitante.
Para
finalizar citaré a Winnicott que en relación
a esto dice: "Lo que hacemos cuando analizamos, no
es administrar un remedio sino facilitar las condiciones
de desarrollo."
Al analista la posición de cuidado-cura le aporta
algo mucho más satisfactorio que la sensación
de haber sido inteligente. Gracias.
(1)
Este trabajo fue presentado en las Jornadas Anuales del
Centro de Salud Mental N* 3 "Dr. Arturo Ameghino".