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La vía freudiana 6: La transferencia

Por Juan C. Pawlow

 

En el tercer artículo de esta serie decíamos que el analista como oyente, en el acto de escucha, causa el proceso analítico en tanto las producciones del analizante se dirigen a él. Es esto lo que Freud llamó transferencia.
La vía freudiana 3. El oyente.

 

Fotografía: Riad Bourayou

 

La transferencia como fenómeno excede el ámbito del análisis, hace al modo de lazo que se establece con el semejante. Pero en el psicoanálisis su manejo se especifica de un modo preciso lo que permite diferenciarlo de cualquier otra acción que utilice la transferencia, permite distinguir el psicoanálisis de la sugestión.

En la historia del psicoanálisis la transferencia aparece al principio como un obstáculo que hay que remover para la prosecución del trabajo. Cuando Freud introduce el concepto definiéndolo como un falso enlace, se ve llevado a dar un ejemplo y luego concluye:

“Las cosas habían ocurrido, pues, del siguiente modo: Primero había aflorado en la conciencia de la enferma el contenido del deseo, pero sin los recuerdos de las circunstancias colaterales que podrían haberlo resituado en el pasado: y en virtud de la compulsión a asociar, dominante en la conciencia, el deseo ahora presente fue enlazado con mi persona, de quien era lícito que la enferma se ocupara; a raíz de esta mésalliance -yo la llamo enlace falso- despierta el mismo afecto que en su momento esforzó a la enferma a proscribir ese deseo prohibido. Desde que tengo averiguado esto, puedo presuponer, frente a cualquier parecido requerimiento a mi persona, que se han vuelto a producir una trasferencia y un enlace falso,”1

Si bien en ese momento está enfatizado el carácter de obstáculo, el pasaje nos interesa porque ya aparecen algunos asuntos claves, medulares en cuanto a las características y al uso de la transferencia que permitirán considerarla no ya un fenómeno contingente, sino un lazo estructurante necesario para la posibilidad misma del análisis. No puede haber tratamiento analítico sin transferencia.

Freud afirma: “...el deseo ahora presente fue enlazado con mi persona...”

Se trata de deseo que sin embargo se padece, enferma, aunque no se sepa que se padece por eso.-es este el descubrimiento freudiano siempre actual-. Se trata, también en ese punto, que un análisis de ocasión al tratamiento de esas mociones de deseo que se hacen presentes, porque si no, no pasamos del embarazo de Breuer que huye ante lo que convoca2

En el artículo anterior destacábamos la importancia que Freud otorga a la actualidad de la cura, al “cada vez” de la enunciación, y en un contexto un poco mayor, recordemos que Freud siempre considera la enfermedad como algo actual: “no debemos tratar la enfermedad como un episodio histórico, sino como un poder actual.”3

(La vía freudiana 5: ¿Qué escucha el analista?)

El asunto que debemos seguir planteándonos es el carácter de esa actualización. Hasta ahora hemos mencionado indistintamente el síntoma, las mociones de deseo, el amor, el afecto; habrá que distinguirlos con mayor precisión en cuanto a las características de esa actualización en el marco de un análisis. Cuando hablamos de síntoma en transferencia no tenemos dudas, es la mejor situación que el análisis presenta, pero no es la misma situación favorable cuando esa actualización se realiza por la vía de la repetición.

En este artículo comenzaremos por el síntoma.

Decíamos antes que la vigencia del psicoanálisis se constata en que el padecimiento se presenta de manera paradójica, no se sabe de qué se padece, y, aun, se sufre de nada. Lacan encuentra allí lo que justifica nuestra intervención, en esa forma de satisfacción enrevesada, aparentemente paradójica que él llama “penar de más” (Trop de mal: demasiado esfuerzo, mal de sobra, demasiado sufrimiento), en ese “penar de más”, en ese exceso, la paradoja es que hay satisfacción. Eso justifica nuestra intervención que apunta a “rectificar a nivel de la pulsión”4 ese estado de satisfacción. Uno de los modos en que aparece ese “penar de más” en el análisis es el síntoma. El síntoma en su naturaleza es satisfacción, es goce. ¿Cómo trabajar con él en el análisis? ¿Cómo interpretarlo?

Una condición sine qua non para Freud es la transferencia. En tanto alguien comienza un psicoanálisis toda la producción de la enfermedad se concentra en la relación con el analista:

“Todos los síntomas del enfermo han abandonado su significado originario y se han incorporado a un sentido nuevo, que consiste en un vínculo con la trasferencia.”5

En ese texto temprano de Freud del que partimos en este artículo, ya relevamos el mismo asunto, ese “deseo ahora presente” se enlaza al analista, lo que permite una lectura -podemos decir: una interpretación- que interviene sobre el síntoma; subrayemos: hay posibilidad de lectura en tanto la transferencia actualiza eso que estaba reprimido.

Para terminar vamos a mencionar otro sesgo de eso que la transferencia pone en acto, ya no el síntoma, ya no la vertiente de las formaciones del inconciente. En uno de sus “textos técnicos” Freud, considerando a la transferencia como obstáculo y a su vez como motor del tratamiento, apunta:

“Es innegable que domeñar los fenómenos de la trasferencia depara al psicoanalista las mayores dificultades, pero no se debe olvidar que justamente ellos nos brindan el inapreciable servicio de volver actuales y manifiestas las mociones de amor escondidas y olvidadas de los pacientes; pues, en definitiva, nadie puede ser ajusticiado in absentia o in effigie.”6

Freud vuelve a señalar aquí, en otra de sus facetas, el carácter necesario e inevitable de la transferencia.

1Sigmund Freud, Estudios sobre la histeria, (1893-1895), cap. IV Sobre la psicoterapia de la histeria. p.306 Amorrortu editores.

2 “Invitar a la paciente a yugular sus instintos, a la renuncia y a la sublimación, en cuanto nos ha confesado su transferencia amorosa, sería un solemne desatino. Equivaldría a conjurar a un espíritu del Averno, haciéndole surgir ante nosotros, y despedirle luego sin interrogarle. Supondría no haber atraído lo reprimido a la conciencia más que para reprimirlo de nuevo, atemorizados” Sigmund Freud, Observaciones sobre el “amor de transferencia” (1915) Biblioteca Nueva

3Sigmund Freud, Recordar, repetir, reelaborar (1914) AE

4Jacques Lacan, El Seminario nro 11 (1964) p. 174. Paidós

5Sigmund Freud, Conferencias de introducción al psicoanálisis. Nro 27 La transferencia. AE XVI p.404

6Sigmund Freud, Dinámica de la transferencia (1912) AE XII


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