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Territorio
por Daniel Ripesi

Sumamos un nuevo término al glosario de conceptos íntimos de la teoría winnicottiana. Ideas asociadas: brazos, sostén.
Contra-conceptos: laberinto, espacio vacío, lo deshabitado.
Anteriormente se trabajó la noción de oportunidad, en:
Breve Glosario de Conceptos íntimos

 

Fotografía: Riad Bourayou

 

 

En el principio, la vastedad, sin relieve, sin referencias, casi sin horizonte. Luego el gesto mínimo que explora y construye lugares. Lo que Winnicott llama “gesto espontáneo”, es un primer movimiento inmeditado que se aventura hacia lo ajeno para inaugurar allí mundos hospitalarios. Para empezar, mundo escueto y seguro de brazos que sostienen. Más tarde, el mundo -dice Winnicott- solo tiene sentido si se da como la prolongación del “patio de atrás”. Los brazos de la madre son la carne de esa metáfora, lugar donde uno puede jugar ensimismado y atisbar –al mismo tiempo- lo que pasa más allá. Primer lugar, el campo de fenómenos transicionales, territorio sin límites, solo confines. Caídos de ese espacio de juego, nada y todo, demasiado y demasiado poco: el sinsentido. En ese espacio (campo de fenómenos transicionales) el absurdo no lleva al desencanto, la ilusión no lleva a la manía. Es un lugar construido para agasajar, un reparo donde esconderse –si fuera necesario-, donde mostrar sin mostrarse excesivamente. Lugar de tránsito, de llegadas y partidas. Pero a veces, laberinto, hábitat sin techo, campo minado. Siempre refugio. Tiene sus sectores blandos, cenagosos, públicos y privados, lugar de estar, de descanso, con alero, con galería en el frente, de mosaicos frescos para recostarse un ratito en verano, y observar atento la marcha ordenada de las hormigas (por lo menos en mi espacio íntimo, cuando era niño). Discépolo definió bien su principal cualidad cuando rindió homenaje al cafetín de Buenos Aires, diciendo: en sus mesas “que nunca preguntan…” (zona no objeto de desafío, dice Winnicott). Y Pontalis agrega: “El instante necesita de un lugar para no desvanecerse del todo”, me gusta esta idea porque, quizás, cada uno de nosotros no sea otra cosa que un inesperado instante o diversos instantes aislados (que se hilvanan ilusoriamente como historia), fogonazos (solo si encontramos un lugar seguro para ser). Los seres que amo son lugares para estar, rara vez preguntan.


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