No
es extraño escuchar a los pacientes contar sueños
en los que, aún siendo bebés recién
nacidos, muy pequeñitos o que todavía usan
pañales, pueden hablar o escribir a la perfección,
proferir palabras profundas o sostener conversaciones eruditas,
dar discursos o explicaciones científicas, y cosas
por el estilo. Me parece que el contenido de estos sueños
trata de disimular una situación típica.
En una primera -y superficial- aproximación, se puede
interpretar que el sueño pone de relieve con ironía
una concepción del psicoanálisis, que otorga
-como se sabe- una importancia mucho mayor que lo que en
general se atribuye, a los efectos de las experiencias vividas
durante los primeros años de existencia sobre lo
psíquico. Esta caricatura llena de ironía
respecto de la inteligencia de los pequeños bebés
expresaría, entonces, dudas respecto de estas ideas
ofrecidas por el psicoanálisis.
Pero, tomando en cuenta que fenómenos similares son
frecuentemente referidos por narraciones, mitos y la tradición
religiosa, y también representadas concretamente
en pinturas (por ejemplo en el debate entre la Virgen María
y los Doctores de la Ley), pienso que la ironía sirve
en estos casos principalmente de vehículo para recuerdos
más profundos y gravitanes de la propia infancia
del sujeto.
El deseo de llegar a ser sabio y superar a los "grandes"
en sagacidad y sabiduría no respondería más
que a una inversión de la situación en la
que se encuentra el niño. Una parte de los sueños
que muestran este contenido manifiesto que pude advertir
y estudiar son ilustrados por la célebre expresión
del espíritu libertino: "Si tan sólo
hubiera sabido hacer un mejor uso de la situación
de lactancia!". En fin, no olvidemos que un buen número
de conocimientos son efectivamente familiares al niño,
conocimientos que más tarde serán sepultados
por las fuerzas de la represión.