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Viernes Transferencial -continuación-

por Eduardo Smalinsky

 


En la Primavera de 2006, el autor nos relataba un caso clínico -basándose en los dos tipos transferenciales que describe Winnicott- de una paciente que evidenciaba serias fragilidades en la estructuración subjetiva (haga clic aquí para leerlo). En esta entrega destaca cómo, luego de una fatigosa adaptación del analista a la lógica insensata que exigía aquella situación transferencial, llegó el tiempo de entregar algo de propia falta

 


Después de algunos meses de este episodio, advierto que las posibilidades de que Luciana pueda simbolizar-elaborar, el fracaso del vínculo con su madre es extremadamente limitado. Así como su madre insiste en que Luciana sea quien no es "correcta, trabajadora y obediente". Luciana en forma especular y sin importarle que nunca haya sucedido, insiste en que su madre la quiera y se ocupe de ella como lo necesita. Además intenta someter al analista a esa lógica insensata.
El analista, supervisión mediante, advierte lo que de sin salida tiene ese estado de cosas y decide después de un recorrido de adaptación a los fracasos constitutivos, entregar algo de su propia falta. En la siguiente entrevista, cuando Luciana insiste con la imposición de que el analista haga algo para que su madre la quiera como debiera, el analista le dice: "Mirá Luciana, tu mamá y vos me tienen recontrapodrido. Tu mamá diciéndote que seas quien no sos y vos ordenándole que te quiera, como si eso se pudiera ordenar. Al final son muy parecidas y si quieren seguir pegándose y arruinándose la vida pueden hacerlo. Yo no me ocupo mas de la locura que hay entre ustedes. De lo que nos podemos ocupar es de qué vas a hacer con tu vida. Luciana queda un poco sorprendida, pero no cuestiona lo que escuchó. Al final de la sesión le hace una pregunta al analista ¿Por qué no me llama cuando falto? El analista le dice que no lo sabe, pero que lo pensará.
A la siguiente sesión, el analista le dice que cree entender porqué no la llamaba cuando faltaba y era por que todo el capricho que Luciana desplegaba le resultaba insufrible, entonces cuando se ausentaba le resultaba un enorme alivio. Después de la pregunta que Luciana había hecho la última sesión, le dio la oportunidad de que el interés que tenía por trabajar con ella no se viera obstaculizado por su insoportabilidad.
En el seminario XI, Lacan plantea la función afánisis como la pregunta que el sujeto formula al otro ¿Puedes perderme?, que es constitutiva de la neurosis de transferencia.
No se trata solo de desaparecer, sino que hay una pregunta que intenta averiguar, si la ausencia del sujeto será inscripta por el otro como una falta. Cuando las condiciones no permiten que el otro se identifique con esa falta (quizás porque fracasa esta función) se produce un encarnizamiento.
La posibilidad de transferencia depende de que el otro en tiempos instituyentes haya ofrecido un lugar que acogiera al sujeto. Son recursos para hacer con lo real, si estos modos transferenciales fracasan, el sujeto deberá inventar otros.
Freud en el malestar en la cultura dice que la vida es demasiado pesada y a veces no se puede prescindir de paliativos, entre ellos incluye las sustancias embriagadoras.. Es decir el embriagarse como forma de "perderse", sería un modo de padecer la falla del intervalo o un intento de denunciarlo o de remediarlo.
Philippe Julien dice: identificarse al falo, da al niño una razón para vivir. Ubicarse en el lugar del significante del deseo del otro, ofrece un lugar deseable donde es posible la puesta en juego y sin esto no vale la pena vivir.
Ser lo que le falta al otro, eso es el amor, sino mejor suicidarse.
El sujeto espera que el otro lo autorice a ubicarse allí. Si el otro no lo convalida fracasa la identificación del sujeto al falo. En este punto tanto Lacan como Winnicott dicen casi literalmente lo mismo: si no están dadas estas condiciones la vida no merece la pena de ser vivida. Si no se le ofrece al sujeto un velo narcisísticamente aceptable, el corte es una herida absurda que no cicatriza y no un pasaporte al goce fálico.
Así se podría pensar el desasosiego, la melancolía como un encarnizamiento del sujeto, que aún siendo neurótico debe desesperadamente buscar una razón para vivir.



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