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La vía freudiana 1 Condiciones.
Por Juan Pawlow

 


¿Por qué la vía freudiana? Vía repudiada, descalificada, criticada desde su mismo comienzo; repudio que hoy renace con furiosa virulencia y que sin embargo no alcanza a conmover sus cimientos. Volver a recorrerla, desde esos mismos cimientos, es lo que intentaremos en una serie de artículos de los cuales este es el primero.


Hay que señalar también que el camino abierto por Freud ha sido recorrido por los propios psicoanalistas en direcciones diversas, incluso en nombre de alguna ilusión de progreso se transitó en sentido inverso o directamente se lo abandonó1. Se dice entonces que algunos “post-freudianos” volvieron a una concepción “pre-freudiana”, esta denominación no implica, en consecuencia, sólo una dimensión temporal, indica también un rechazo de la vía freudiana.

Hubo otros analistas, Klein, Winnicott, Lacan, por nombrar algunos, que reformularon, redefinieron y complejizaron la propuesta freudiana, hasta el punto que a veces es necesario volver a situar eso que llamábamos los cimientos, lo que podemos denominar también lo nuclear del descubrimiento freudiano. Partamos entonces de allí, situándolo en algo que encontramos casi al pasar:

“...para entender el chiste son más significativas las operaciones que él consuma en la vida anímica de quien lo hace o, para decirlo de la única manera correcta, de aquel a quien se le ocurre.”2

Con simpleza está cifrada toda la potencia del descubrimiento: alguien no hace un witz3 , se le ocurre; no hay allí agente voluntario de una producción, es la producción de un ocurrente4.

En esa pequeña oscilación y en la decisión que Freud toma entre  hacer voluntario  y ocurrencia, hallamos la dimensión del hecho nuevo del que Freud va a dar razones inéditas.5

La vía abierta por Freud constata que cuando alguien habla dice más de lo que quiere decir, y eso que dice y hace sin querer, eso que ocurre, esa ocurrencia, implica al sujeto de manera muy ajustada. Pasa que no siempre se está a disposición de realizar esa experiencia de determinación en “otra escena”, más allá del dominio de la conciencia, más allá de las ilusiones de autonomía del yo.

Si volvemos al texto “El chiste y su relación con el inconciente”, encontraremos que Freud define precisamente cuales son las “condiciones”, “la disposición” del “ocurrente”:

 “...en las cabezas graciosas hemos de presuponer particulares disposiciones o condiciones psíquicas que permitan o favorezcan el trabajo del chiste.”

Además agrega:

“Me temo que en el sondeo de este tema no habremos de llegar muy lejos. Sólo aquí y allí conseguimos avanzar desde el entendimiento de un chiste hasta la noticia sobre sus condiciones subjetivas en el alma de quien lo hizo”.

Allí, nuevamente al pasar leemos cómo procede la ética freudiana: avanzamos en el entendimiento de un chiste hasta las condiciones subjetivas en el alma de quien lo hizo. Nuestro subrayado apunta a resaltar el carácter singular de este procedimiento. Toma allí Freud un conocido chiste de H. Heine 6 y concluye:  ”...el chiste ‘famillonarmente’ ha crecido en el suelo de esa profunda emoción subjetiva”.

A partir de allí Freud hace algunos señalamientos que cito y luego veremos adonde nos conducen:

“...tal vez uno reciba la impresión de que las condiciones subjetivas del trabajo del chiste no suelen distar mucho de las que presiden la contracción de una neurosis...”

“...ese talento chistoso es una personalidad escindida y predispuesta a contraer neurosis.”

La posición del chistoso, del ocurrente, se emparenta entonces con la del neurótico. ¿De qué manera podemos entender esto?

Si tomamos la decisión de tomar el término “neurótico” como “analizante” podremos dar un paso. Leemos “neurótico” en ese contexto como un modo en el que Freud enfatiza un peculiar lazo con la palabra en el que impera la “ocurrencia involuntaria”. ¿Y no es precisamente eso lo que solicita la regla fundamental del psicoanálisis al analizante? En uno de los lugares7 que Freud describe el procedimiento analítico afirma:

“Cuando uno tiene que aplicarlo a otro, por ejemplo a un enfermo que padece de una representación angustiosa, se lo exhorta a que dirija su atención a la idea respectiva, mas no, como él tantas veces ya lo ha hecho, para reflexionar sobre ella, sino para poner en claro todo cuanto se le ocurre sobre ella, sin excepción, y comunicarlo al médico.”

El agente productor del chiste, el ocurrente, debe dejarse tomar por la palabra que irrumpe más allá de los titubeos y las consideraciones de la conciencia, he ahí la experiencia de escisión subjetiva que emparenta al chistoso con el analizante. De allí Lacan extrae la escritura del discurso de la histérica8 en que el s tachado se ubica en el lugar del agente de ese discurso, se entenderá por qué para Lacan es condición para el analizante el paso por ese discurso, la histerización, aún para el obsesivo, en tanto implica la división, o sea: el sujeto no es unívoco.

Volveremos en la  continuidad de esta serie a las peculiaridades de este sujeto, este ocurrente, esta “cabeza chistosa”, e iremos acercándonos a quién sanciona esa producción, el oyente.

 

1 Creemos que afirmaciones como la que sigue, van en esa dirección: “El análisis dejó de ser un “estudio” apasionante de lo inconciente, para convertirse en una labor de reorganización de un Yo...”  Sacha Nacht,  La Psychanalyse aujourd’hui

2 S.Freud: “El chiste y su relación con el inconciente”. AE VIII p. 134. En la p. 160 Freud lo afirma de manera aún más contundente: “Y es que se dice: uno “hace” el chiste, pero siente que su comportamiento es allí diverso de cuando formula un juicio o hace una objeción. El chiste posee, de manera sobresaliente, el carácter de una ocurrencia involuntaria”.”

3 Siguiendo la indicación de José L. Etcheverry  AE VIII p. 11, witz generalmente se puede traducir por chiste, pero también: gracia, gracejo, gracioso ingenio, “sobre todo  cuando se denota una suerte de facultad (la de hacer gracia o decir agudezas chistosas) y no tanto el producto de ellas...”.

4 En el segundo artículo de esta serie precisaremos la peculiaridad y localización de esa “fábrica de pensamientos”

5 “Un hecho científico no nace más que si pone a prueba una ca­tegoría existente. Si no hay sistema preexistente, no hay desmentida. Un hecho nuevo implica una estructura nueva. El inconsciente es un hecho nuevo, y aporta una desmentida a la antigua estructura sujeto-ob­jeto.” Lacan en una entrevista  del 26-11-66 con Pierre Daix . Traducción: Ricardo Rodríguez Ponte.

6 Quien se remita al texto, observará que las iniciales H. H. no son un dato menor en  la lectura que realiza Freud.

7 “Sobre el sueño” AE V p. 619

8 “...el discurso de la histérica. Tiene el mérito de mantener en la institución discursiva la pregunta por lo que constituye la relación sexual...  ...lo que constituye el saber sexual se da como algo enteramente extraño al sujeto. Esto es lo que originalmente se llama, en el discurso freudiano, lo reprimido.” Jacques Lacan  “El reverso del psicoanálisis p. 98. Ediciones Paidos.



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