Hay que señalar también
que el camino abierto por Freud ha sido recorrido por los
propios psicoanalistas en direcciones diversas, incluso
en nombre de alguna ilusión de progreso se transitó
en sentido inverso o directamente se lo abandonó1.
Se dice entonces que algunos “post-freudianos”
volvieron a una concepción “pre-freudiana”,
esta denominación no implica, en consecuencia, sólo
una dimensión temporal, indica también un
rechazo de la vía freudiana.
Hubo otros analistas, Klein, Winnicott,
Lacan, por nombrar algunos, que reformularon, redefinieron
y complejizaron la propuesta freudiana, hasta el punto que
a veces es necesario volver a situar eso que llamábamos
los cimientos, lo que podemos denominar también lo
nuclear del descubrimiento freudiano. Partamos entonces
de allí, situándolo en algo que encontramos
casi al pasar:
“...para entender el chiste son más
significativas las operaciones que él consuma en
la vida anímica de quien lo hace o, para decirlo
de la única manera correcta, de aquel a quien se
le ocurre.”2
Con simpleza está cifrada toda la
potencia del descubrimiento: alguien no hace un witz3
, se le ocurre; no hay allí agente voluntario
de una producción, es la producción de un
ocurrente4.
En esa pequeña oscilación
y en la decisión que Freud toma entre hacer
voluntario y ocurrencia, hallamos la dimensión
del hecho nuevo del que Freud va a dar razones inéditas.5
La vía abierta por Freud constata
que cuando alguien habla dice más de lo que quiere
decir, y eso que dice y hace sin querer, eso que ocurre,
esa ocurrencia, implica al sujeto de manera muy ajustada.
Pasa que no siempre se está a disposición
de realizar esa experiencia de determinación en “otra
escena”, más allá del dominio de la
conciencia, más allá de las ilusiones de autonomía
del yo.
Si volvemos al texto “El chiste y
su relación con el inconciente”, encontraremos
que Freud define precisamente cuales son las “condiciones”,
“la disposición” del “ocurrente”:
“...en las cabezas graciosas
hemos de presuponer particulares disposiciones o condiciones
psíquicas que permitan o favorezcan el trabajo del
chiste.”
Además agrega:
“Me temo que en el sondeo de este
tema no habremos de llegar muy lejos. Sólo aquí
y allí conseguimos avanzar desde el entendimiento
de un chiste hasta la noticia sobre sus condiciones subjetivas
en el alma de quien lo hizo”.
Allí, nuevamente al pasar leemos
cómo procede la ética freudiana: avanzamos
en el entendimiento de un chiste hasta las condiciones
subjetivas en el alma de quien lo hizo. Nuestro subrayado
apunta a resaltar el carácter singular de este procedimiento.
Toma allí Freud un conocido chiste de H. Heine 6
y concluye: ”...el chiste ‘famillonarmente’
ha crecido en el suelo de esa profunda emoción subjetiva”.
A partir de allí Freud hace algunos
señalamientos que cito y luego veremos adonde nos
conducen:
“...tal vez uno reciba la impresión
de que las condiciones subjetivas del trabajo del chiste
no suelen distar mucho de las que presiden la contracción
de una neurosis...”
“...ese talento chistoso es una personalidad
escindida y predispuesta a contraer neurosis.”
La posición del chistoso, del ocurrente,
se emparenta entonces con la del neurótico. ¿De
qué manera podemos entender esto?
Si tomamos la decisión de tomar el
término “neurótico” como “analizante”
podremos dar un paso. Leemos “neurótico”
en ese contexto como un modo en el que Freud enfatiza un
peculiar lazo con la palabra en el que impera la “ocurrencia
involuntaria”. ¿Y no es precisamente eso lo
que solicita la regla fundamental del psicoanálisis
al analizante? En uno de los lugares7
que Freud describe el procedimiento analítico afirma:
“Cuando uno tiene que aplicarlo a
otro, por ejemplo a un enfermo que padece de una representación
angustiosa, se lo exhorta a que dirija su atención
a la idea respectiva, mas no, como él tantas veces
ya lo ha hecho, para reflexionar sobre ella, sino para poner
en claro todo cuanto se le ocurre sobre ella, sin excepción,
y comunicarlo al médico.”
El agente productor del chiste, el ocurrente,
debe dejarse tomar por la palabra que irrumpe más
allá de los titubeos y las consideraciones de la
conciencia, he ahí la experiencia de escisión
subjetiva que emparenta al chistoso con el analizante. De
allí Lacan extrae la escritura del discurso de la
histérica8
en que el s tachado se ubica en el lugar del agente de ese
discurso, se entenderá por qué para Lacan
es condición para el analizante el paso por ese discurso,
la histerización, aún para el obsesivo, en
tanto implica la división, o sea: el sujeto no es
unívoco.
Volveremos en la continuidad
de esta serie a las peculiaridades de este sujeto, este
ocurrente, esta “cabeza chistosa”, e iremos
acercándonos a quién sanciona esa producción,
el oyente.
1
Creemos
que afirmaciones como la que sigue, van en esa dirección:
“El análisis dejó de ser un “estudio”
apasionante de lo inconciente, para convertirse en una
labor de reorganización de un Yo...”
Sacha Nacht, La Psychanalyse aujourd’hui”
2
S.Freud: “El chiste y su relación con el
inconciente”. AE VIII p. 134. En la p. 160 Freud
lo afirma de manera aún más contundente:
“Y es que se dice: uno “hace” el chiste,
pero siente que su comportamiento es allí diverso
de cuando formula un juicio o hace una objeción.
El chiste posee, de manera sobresaliente, el carácter
de una ocurrencia involuntaria”.”
3
Siguiendo la indicación de José L. Etcheverry
AE VIII p. 11, witz generalmente se puede traducir
por chiste, pero también: gracia, gracejo, gracioso
ingenio, “sobre todo cuando se denota una
suerte de facultad (la de hacer gracia o decir agudezas
chistosas) y no tanto el producto de ellas...”.
4
En el segundo artículo de esta serie precisaremos
la peculiaridad y localización de esa “fábrica
de pensamientos”
5
“Un hecho científico no nace más
que si pone a prueba una categoría existente.
Si no hay sistema preexistente, no hay desmentida. Un
hecho nuevo implica una estructura nueva. El inconsciente
es un hecho nuevo, y aporta una desmentida
a la antigua estructura sujeto-objeto.” Lacan
en una entrevista del 26-11-66 con Pierre Daix
. Traducción: Ricardo Rodríguez Ponte.
6
Quien se remita al texto, observará que las iniciales
H. H. no son un dato menor en la lectura que realiza
Freud.
7
“Sobre el sueño” AE V p. 619
8
“...el discurso de la histérica. Tiene
el mérito de mantener en la institución
discursiva la pregunta por lo que constituye la relación
sexual... ...lo que constituye el saber sexual
se da como algo enteramente extraño al sujeto.
Esto es lo que originalmente se llama, en el discurso
freudiano, lo reprimido.” Jacques Lacan
“El reverso del psicoanálisis p. 98. Ediciones
Paidos.