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TERRITORIO DE PASAJE

por Rubén Flores

La clínica con "niños extranjeros" a la lengua soporta y merece -una y otra vez- toda una serie de interrogaciones y reflexiones. ¿Por qué niños extranjeros? ¿Es posible un tratamiento psicoanalítico con un chico autista, extranjero al habla en su lengua materna?

Post-Scriptum: Antes de todo desarrollo

La clínica con "niños extranjeros" a la lengua soporta y merece -una y otra vez- toda una serie de interrogaciones y reflexiones. ¿Por qué esto de niños extranjeros? Porque entiendo que la lengua es algo en común, una forma de la relación de parentesco. Y en este sentido, lo familiar, es el ámbito donde se transmitió la enseñanza de una lengua. Lo familiar entra, impacta, hace marca, por este aprendizaje de lo simbólico (1).
Pero… ¿Es pasible un tratamiento psicoanalítico con un chico autista, extranjero al habla en su lengua materna?
Mis vacilaciones respecto de tomar en entrevistas o no a este pequeño (rápidamente despejadas: y esto también merece otro desarrollo) apuntan a preguntas que suelo formularme respecto a la posibilidad material de sostener un espacio de tratamiento con chicos, en mi consultorio particular (sobre todo con aquellos que presentan patologías graves de la subjetivación); o la necesidad o no de que sea acompañado por otras intervenciones: y entonces quiénes y qué modalidad de diálogo entre colegas; qué tipo de tratamiento: con un soporte institucional o no; cómo del trabajo paralelo con la pareja parental; de qué "cura" se trata.
Interrogantes que retornan en cada caso particular.
Claramente no obstante, una y otra vez la práctica clínica con chicos me interroga sobre los tiempos en la Constitución Subjetiva y sus "detenciones", qué de los avatares en la Función materna y de los Nombres del Padre, cuáles las posibilidad de intervenir allí…
El trabajo con pequeños autistas no escapa a estos interrogantes.

"Se requiere cierto tiempo en un "ambiente
previsible normal" para que el niño pueda recibir
ayuda de alguien capaz de adaptarse de un modo
extremadamente sensible, mientras él va
adquiriendo la capacidad de utilizar la fantasía, de
valerse de la realidad interior y los sueños y de
manipular juguetes".
D. Winnicott

Entrevistas con la pareja parental

Consultan 2 padres por el menor de sus hijos: H.
Realizaron una evaluación diagnóstica con una fonoaudióloga derivados por la pediatra, para una evaluación del lenguaje. Dados los resultados obtenidos considera la misma que deben realizar una interconsulta con psiquiatría infantil y neurología. Consultan al neurólogo y este pide una evaluación psiquiátrica. Piden su derivación en la Prepaga y esta los envía para que evalúe la pertinencia de ser derivado a psiquiatría infantil.

Manifestarán en la entrevista parental que este: no habla: tiene su idioma extraído de películas, que entiende lo que se le dice -la consigna, acota la madre-, aunque dirán luego que no respeta las consignas, no hace caso, hace una macana y lo metemos en el baño tres minutos. Dice ma, no dice pa, ocu al gato (Ocupa), popa al perro, no, bol a la pelota de un juego de bowling. (Tampoco el del medio hablaba bien, señalan). Grita cuando algo no le gusta, no llora, no tiene miedo, no siempre mira cuando se lo llama: persiste en la actividad que realice. No se queda solo, no juega solo (¿necesita la presencia del Otro cerca?), presentando lo que parece un juego reiterativo, estereotipado y limitado, donde -fundamentalmente- no se puede alterar el orden de los elementos que use en su juego. Bloques de madera que apila, es muy meticuloso. Lleva en este momento una bolsa con piecitas de ajedrez, ubica las fichas en el tablero, dirán. Sus juguetes están todos rotos: tira el muñeco para arriba hasta romperse. La mamá acota: Los otros también rompieron cosas, pero este destruye (idea que insiste), dirá en otro momento: sabemos que es un nene que hace mucho lío; y mirando el entorno del consultorio: no sé si acá no tiraría todo.
Un juguete ocupa su atención actualmente.
Encuentra en el consultorio fonológico donde se le realizó la evaluación un juego plástico de bolos. Dirán los padres que ya manifestaba interés por la forma que tienen los palos del juego, en este momento se extiende el interés a aquello que se asemeje en la figura. La encuentra en distintos lugares, aún fuera del hogar. Logra de los padres que se percaten de su interés. Reiterará el juego durante la evaluación fonoaudiológica, aficionándose al punto de que le comprarán uno los padres para la casa. Pide jugar una y otra vez a esto, bol, lo llamará. Los hermanos juegan con él (2) (hasta aburrirse).
Los preocupó a los padres el que sacó en la cocina un cuchillo haciendo como que se cortaba el brazo, despacio, gesticulando en voz baja.
Hace como que se ahoga para que le golpeen la espalda. No canta, pide que le cantemos, algunas propagandas le llaman la atención: corre y se queda parado delante del TV. No tiene miedo a perderse, se escapa, hay que perseguirlo, no mira para atrás. Camina como un bebé; para otras cosas es más grande. Marca las paredes: raya todo con lápiz, hay que esconderlos. (3) Jugando se tiraba al suelo y se quedaba mirando el cielo. Cuando están los hermanos no los tolera, grita; el hermano del medio se entromete, lo molesta, le quita cosas, lo hace gritar reconocerán (esta referencia al hermano insiste, dirán en otros momentos que se mete en el medio).
Desde los 6 meses no durmió normalmente. No duerme casi nunca: se despierta y pasa de cama, se mete en el medio. ¿Y Ud. qué hace?, preguntaré al padre. Intenta llevarlo, grita, despierta a todos, se cansan de esta escena que se reitera. H logra a veces que la madre quede con él durmiendo en su cama. Antes aceptaba solo a la madre, rechazaba al padre. Hasta el año pasado el papá estaba poco en casa, haciendo un Master en sistema, no lo veía mucho, llegaba a las 23hs. Aunque H estaba despierto y volvía a cenar con el padre.
Recién ahora controla esfínteres (¿supuesto de que un chico de 3 años debe controlarlos?). A los 2 años y medio le quitaron los pañales: no registraba que debía pedir, hacía en cualquier parte, jugaba con las heces, enchastraba las paredes, los hermanos se burlaban, la madre superada volvió a ponerle pañales. Ahora pide para ir al baño. Busca al padre para que le limpie la cola, la madre no quiere. Yo soy más dura, dirá.
Y también: No se si tendrá algo que ver, pero los últimos meses de embarazo estuvo viviendo con nosotros mi mamá (la abuela materna). Ella se separó y tuvo una depresión. Internada en un psiquiátrico por 21 días. Hizo 2 intentos de suicidio, "de chicas". Estuvo los 3 meses en casa llorando, tirada en la cama. Reitera: no sé si me explico.
Una supuesta explicación entonces, se introduce -por la vía renegatoria- en el relato de la novela familiar. Un decir -de parte de la madre- sobre los tiempos iniciales de este hijo en particular (4) , que en lo que a ella atañe, la reenvía a su propia madre y su posición como hija allí.

Manifestando reserva respecto de la posibilidad de mantener entrevistas de evaluación dado lo manifestado por ellos propongo que concurran con el pequeño y los juguetes que refieren como de su uso.

Un chico llega al consultorio

Comienzo a mantener entrevistas acompañado por uno de sus padres. Inicialmente la madre, luego el padre.
Llega un pequeño caminando solo, de ojos vivaces y mirada atenta por momentos a su entorno y ausente por otros. Prácticamente no habla, no se dirige a mí (5) , direccionado (6) en la entrada al consultorio por la madre, para rápidamente apropiarse (7) del lugar (espacio potencial) e inaugurar el campo de juego.
Traen un juego que se instalará y permitirá mi existencia: bol. El juego nos inventa.
Los pinos se deben alinear no pudiéndose modificar ni alterar el orden en que los coloca. Le digo que yo no entiendo cómo se juega y necesito que él me enseñe lo que debo hacer (8). "Yo no sé, enseñame…", le reitero en diferentes momentos buscando concitar su atención. En este sentido, le atribuyo un saber hacer (al que le daré el carácter de juego) y me postulo deseante de que lo muestre. Lo convoco.
Si entendemos el juego en transferencia, como la inauguración de un espacio-tiempo de trabajo elaborativo, se desprende que pienso al pequeño como un hablante-ser en relación al inconsciente. (9)

Freud nos señala que el objeto es contingente, Winnicott dirá que no importa tanto el objeto utilizado sino su utilización; de manera que buscaré valerme de un objeto señalado, privilegiado ya.
Busco que me mire, que vea que lo miro y lo espero para jugar (10). Me ofrezco como soporte, manifiesto expresivamente mis ganas. Busco crear (winnicottianamente) el espacio de juego. Le ofrezco mi deseo para que disponga de su espacio de juego (11).

Cae rápidamente la afirmación paterna de que no puede cambiarse el orden del armado de la línea de pinos. Desde los inicios, instalado ya el juego de alinear y tirar los mismos, busco ordenarlos yo y alterar el orden sucesorio que me enseñó: cambiaré la sucesión de los colores propuesto, estiraré o achicaré la línea de los mismos, para terminar armando figuras diversas con los mismos siempre y cuando se mantengan en fila. Varía la forma, se mantiene la fila. No pueden armarse dos o más filas. No puede haber uno suelto, fuera de lugar: en fila.
Introduje desde el primer juego el SI para cada tirada y el NO para cuando yerra el tiro y no cae ninguno. Rápidamente tomado él también dice si o no ante los avatares de la tirada, buscando reproducir el tono y entonación de mi voz. Juego de diferencia: si - no, caído - parado, mi gesticulación es tomada por Thiago. Se tapará los ojos al decir no, moverá el dedo como lo hago, mirará al padre y a mí ante la caída o no de los palos buscando aprobación a la concordancia de los hechos y los dichos, conjeturo, a la vez que construyendo la escena que nos incluye: algo en relación a la función paterna se jugará allí, en transferencia. Cierto goce se cede a favor de una ganancia de placer. Reímos los tres.
¿Cómo no otorgarle el valor de palabra común a esto que se juega entre los tres? Un lazo familiar se inscribe entonces: terreno para buscar conmover lo congelado del habla (12).
Otros juguetes entrará en escena entonces.
Sacado de mi escritorio, "encuentra" un auto de fricción marcando su uso un espacio-tiempo de recorrido. Va, viene; ahora yo, ahora vos. Hay que mantener la distancia. Tiene que aprender a friccionar. To, to, será la manera de designarlo.
Una casa que abre su techo, será lugar donde poner y sacar pequeñas maderitas. Adentro-afuera.
Descubre hojas y lápices. Le suministro uno para él y otro para mí. Le propongo dibujar: no se puede salir de la hoja; acá dentro dibujamos. Límite que se acata y acota. Espacio que se recorta. La raya cede y aparece el esbozo de círculo siguiendo mi trazo en el papel. Dibujo a su lado.

Jugamos mientras el padre asiste a la escena que se desarrolla. Jugamos y juego mi juego, a la vista de este padre. Por alguna razón inicial que desconozco, se que debe ser a la vista, mostrando conmover cierta cierteza (13) paterna. Conmover(lo). Mientras juego en el suelo, respondo y dirijo también yo preguntas, pido alguna aclaración a afirmaciones o relatos de lo sucedido entre el tiempo de las entrevistas, buscando no ausentarme del juego. Un equilibrio difícil.
¿Qué cree que pasaría si usted se ausenta? Pregunto al padre. No se quedaría. - ¿No se qué daría?, repregunto. Superada la perplejidad, sonríe.

Comienza su adaptación en jardín. Concurre al colegio donde lo hacen sus hermanos. Conoce el terreno. No pueden sacarlo del arenero y la trepadora. Sólo eso. No logro hacer que se siente en la sillita cuando lo pide la maestra, dirá la madre. Los demás chicos se sientan y él no. ¿Usted no lo logra o la maestra? (14)

Lo que se cifra en el nombre
Llegamos ahora con este inicio que hemos hecho de la función del rasgo Unario, a algo que nos va a permitir ir más lejos: planteo que no puede haber definición del nombre propio sino en la medida en que percibimos la relación de la emisión nominante con algo que en su naturaleza radicales del orden de la letra (Lacan, 1961-1962)


Durante el transcurso de una de las entrevistas simultáneas, el padre refiere que el nombre H respeta una proporción numerológica. Y que en función de "ciertas letras" (y no otras) la madre eligió el nombre (15). Manifiesta también la preocupación que le causa la adaptación de su hijo al jardín, o tal vez mejor, la preocupación por su mujer: ella no puede más, y esto está en relación a lo que ocurre con su hijo. No queda claro si no es esto una lectura que él hace, pero insisto: señala su preocupación por esta mujer complicada en su función materna. Manifiesto entonces mi interés en que concurra la mamá. Le propongo para su mujer, un día diferente al de las entrevistas con su hijo, acordando con él en que me llamarían si existe alguna dificultad por parte de ella.
Me sorprendo el día fijado escuchando de boca de la madre: ya llega mi marido… Se quedó estacionando. Ingresa este con su hijo en brazos dormido. Lo da a los brazos de su madre. Nada se dice respecto al cambio de la propuesta de entrevista (16). Los besos despiertan al pequeño. Este reconoce el lugar donde se halla.
En este marco se realiza parte de la entrevista hasta que H impone su juego y mi presencia.

La fecha estimada de nacimiento, las letras de los apellidos paternos, darían cierta variedad de letras posibles para el nombre de los hijos. Entre el rango de 1 a 9, este último de los hijos tiene 8, casi el máximo de posibilidad en la variación de las letras en uso. El padre indica qué letras se pueden usar para el nombre de los hijos, conforme la interpretación numerológica, la madre elige (compone) el nombre. Si es aceptado al inscribirlo, queda.
Hay aquí una sucesión que impone una lógica para el orden del nombre. Un orden ajeno a los padres impone las posibilidades de nombrar al hijo: Numerología (17) lo llama el padre. El es el brujo, dirá la madre, refiriéndose a su esposo. Cierta reticencia dificulta comprender claramente la lógica de la selección de los nombres. El brujo no revela sus secretos con claridad. No muestra su juego interpretativo. El Otro numerológico impone la cifra que nombra el hijo. Se establece una progresión numérica (un rango) que determina una cantidad de letras posibles para su combinación. Nos hallamos en presencia de una escritura y como tal se plantea un efecto de la presencia paterna. Una función paterna. ¿Cómo juega allí el Nombre del Padre su regulación? (18)

Jorge Fukelman plantea en su seminario del 12-08-99 que: Las mamás, como bien uds. saben, les hablan a los bebés y se supone, hay expectativas de que en algún momento el bebé responda.
Responda, es una tontería decirlo, en la lengua que habla la madre. En la lengua que se desprende del laleo universal.
Esto significa que el bebé es nombrado, uds. saben los desórdenes eventualmente mortíferos que se presentan cuando un bebé no es planteado como "este bebé". Y este bebé tiene una nominación, aunque sea inconsciente para quienes están ubicando a este bebé como quien en el futuro podría responder.

Algo parece conmoverse

Afirmarán no obstante que algo nuevo está sucediendo. Comenzó a decir Yo, chó, así se refiere a él. Está ganando nuevas palabras, dirán. Se están formando. Todavía no puede reconocerse (no pueden reconocer los padres) qué nombra, pero dice algo que no entendemos.
Los sorprendió también al bajarse del auto y saludarlos quedándose en la casa de los abuelos. Llevaban a sus otros hijos a dormir allí, no esperaban que este quisiera quedarse, nunca lo hizo, no se queda solo.
Se queda con los hermanos y los abuelos.
No lo esperaban.
Le costaba usar la remera (uniforme) del colegio al que concurre. Se la saca como si le quemara la piel, dirá la mamá. Ahora empezó a dejársela.

Avanza el pequeño a la profusión de objetos de mi escritorio. La madre se anticipa: H no toques eso. H toca eso.
La escena se reitera con diferentes objetos.
-Usted le adelanta lo que no quiere que haga -diré, para que haga…
-Ah… ¿Si?...

La siguiente entrevista llegará hasta el escritorio y tocará algo que la madre señaló no tocar: el teclado de la PC. Lo pulsa reiteradamente y arranca un sonido. Insiste. Enciende y apaga el monitor (la PC estaba en uso, había apagado la pantalla antes de la entrevista) Me guardo de decirle que no se toca. Espero. El padre asiste a la escena en silencio. Deja de tocar, no rompe.
El auto de fricción es llevado hasta el diván, allí es tirado al aire. ¡No! dirá el padre. Persiste arrojando el auto que cae sobre el diván: no se rompe.

Los juguetes y los juegos caen: otros se levantan

Los palos pueden colocarse ya de forma diversa. Este juego comienza a declinar. Hay tiempo para otros intereses: el espacio del consultorio es recorrido. Todo se presta para ser tocado, inspeccionado.
El cuerpo es puesto en juego, juego con almohadones que nos tapan y nos muestran, cosquillas, corridas y escondidas, el cuerpo del padre es lugar donde esconderse en el juego, jugamos por sobre él, lo sentamos acá o allá, lo corremos de lugar…
"Parlotea" algo más, gesticula, "juega" con las expresiones si-no. El padre dice que aprendió a usar el no (Literalmente se trata de eso: verbalizar el no para poner distancia)
Sostiene una cierta rutina de trabajo en el consultorio. El marca el tiempo de trabajo. Por momentos no quiere irse. Pretende llevarse algún juguete: por momentos acepto, otras no. Comienza a soportar los finales, puede irse y dejar el juego hasta la próxima.
Continúa el padre como espectador. H le lleva alguna cosa, se acurruca a su lado, lo mira: formas de hacerlo partícipe.
Propongo que el padre se retire: dígale que va a tomar un café y después vuelve a buscarlo. Ambos se saludan. El padre ríe.

Otro nombre para este hijo

El padre relata que en su familia los varones hablaron tarde. Él mismo habló entre los 5 y los 6 años. Su propio padre habló tarde. Su madre le recuerda esto y comenta que algo semejante ocurrió con sus hermanos. Por esta vía vemos desplegarse una filiación simbólica de este hijo: "digno hijo de su padre".
Esta versión de hijo colisiona contra otras que acechan de boca de especialistas: "rasgos autistas", "es un TGD", "no habla", etc.
Sobre este rasgo, si se habilita que el tiempo juegue la lógica que señala el mito paterno, es que H -fiel a su marca- se apropiará y hará uso de la palabra: ingresará plenamente en el discurso familiar.

Tal vez un orden inmutable pueda conmoverse y de cifra pueda hacerse cadena.

Rubén Flores

(1) Cabe una cita de S. Freud en "El chiste y su relación con lo inconsciente" (1905) "En la época que en que el niño aprende a manejar el léxico de su lengua materna, le depara un manifiesto contento "experimentar jugando" con ese material, y entramar las palabras sin atenerse a la condición del sentido, a fin de alcanzar con ellas el efecto placentero del ritmo o de la rima. Ese contento le es prohibido poco a poco, hasta que l fin sólo le restan como permitidas las conexiones provistas de sentido entre las palabras. Pero todavía, años después, los afanes de sobreponerse a las limitaciones aprendidas en el uso de las palabras se desquitan deformándolas por medio de determinados apéndices, alterándolas a través de ciertos arreglos (reduplicaciones, jerigonzas) o aun creando un lenguaje propio para uso de los compañeros de juego, empeños estos que vuelven a aflorar en ciertas categorías de enfermos mentales".
(2) Encuentra (re-encuentra) una forma significante que se hace "chiche de uso", en el consultorio fonológico: Un objeto subjetivo creado por él (Winnicott)
Forma -y en tanto tal registro imaginario- que pareciera dotada de fijeza, pregnancia. ¿Podremos conjeturar la captura en la "estatua" imaginaria del cuerpo unificado? Tomado por la forma sin el sostén simbólico del Otro en el espejo que envuelva y "despegue" de este la imagen con arrullos y palabras humanizantes. Fijado a esta Imagen-forma congelada. Reduplicada la encuentra en la realidad.
La forma no se pierde, se recorta, se re-conoce, una y otra vez. ¿Cómo ponerla a jugar? Que pierda algo para que se desplace y habilite por semejanza-diferencia el uso de un chiche con el consiguiente placer de jugar (plus de ganancia)
Se tratará de poner (se) a trabajar lo Imaginario. Anudar lo Simbólico con lo Imaginario. Introducir privaciones que acoten el goce. Jugar el corte.
(3) Raya informe e indiscriminada que denota lo pulsional en juego. Una vez más: se tratará de re-cortar un espacio, marcar límite, donde inscribir marcas propias, donde hacer garabato, dibujo.
(4) La escena que transmite el relato (me) impresiona como fuertemente siniestra. Pregnante. Diría, construyendo conjetura, que esta escena desvía los ojos maternos de su vientre a su madre postrada. ¿Dónde quedó su hijo en este tiempo? ¿Dónde quedó esta madre, reenviada como hija a su propia madre?
(5) (…) pero Ud. no puede decir que no habla; que Ud. tenga dificultad para escucharlo, para dar su alcance a lo que dicen no impide que se trate finalmente de personajes que son mas bien verbosos". J. Lacan, La conferencia en Ginebra sobre el síntoma.
(6) Quiero señalar cierto "manejo" de la madre, no obstante que se refieran a él como autónomo. Se me ocurre la frase: la madre maneja los piolines. Me asalta la idea de un robot.
(7) Atribuyo aquí un movimiento del pequeño.
(8) Literalmente le pido que me muestre su juego.
(9) Si partimos de esta proposición, "que los seres hablantes son tales por estar en relación al inconsciente", y que "porque existe el inconsciente podemos plantearnos que el ser hablante habita un espacio de tres dimensiones, Real, Simbólica e Imaginaria", podemos decir que los autistas son seres hablantes. Rodolfo Iuorno, La animación de lo viviente. 6 conferencias sobre autismo, 1993, Catálogos.
(10) "Esta función de la voz o la mirada ¿acaso está aquí la referencia esencial a propósito de la transferencia?" (J. Lacan). Mi deseo analista se ofrece a que me constituya Otro.
(11) Algo tiene que inscribirse. Inscripción representacional. Sólo sabemos de la pulsión por su representación (Vorstellungrepresentantz) Algo tiene que estructurarse gracias al juego. Una escena tiene que inscribirse. La experiencia de juego, esperada, habilitada, tiene que anudar: objeto-juguete (soporte), lo sensorio-perceptivo y la experiencia afectiva puesta en escena, la palabra que se enuncia y se usa, se aplica. Inscribir el juego: representarlo. Jugar el juego. Buscar estructurar el Yo.
(12) Se trata de saber por qué hay algo en el autista o en el llamado esquizofrénico que se congela. J. Lacan, La conferencia en Ginebra sobre el síntoma.
(13) Lapsus de escritura con el que me encuentro, y dejo.
(14) La docente le propondrá más adelante, que concurra un poco antes del horario de clase para poder trabajar a solas con su hijo. A solas con él logra que trabaje, respete las consignas. Establece lazo con ella.
(15) Ya se desplegará mejor esta cuestión relativa al nombre.
(16) Un orden que no se explicita cambia las reglas, o si se quiere: impone las suyas. Lo amable de este padre, que entrega su hijo dormido, me incomoda.
(17) "Cada número encierra un significado en la naturaleza que es aplicable al ser humano, revelándonos misteriosa, pero certeramente, una esencia temperamental y caracterológica. No podemos negar la influencia de los números en nuestras casas, fechas de nacimiento y tampoco lo que son capaces de revelarnos, aplicándolos a nuestros nombres, que "casualmente" nos representarán inexorablemente." (Extraído de uno de los múltiples sitios dedicados a la Numerología en Internet)
(18) Numerología ¿Uno de los nombres del Padre? ¿Y el brujo su soporte (un padre real en su calidad de intérprete de los designios escritos)? Impresiona este brujo como otro del Otro paterno.
Numerología: Padre del Goce, padre oscuro, por contraposición al Padre del deseo, al padre del pacto, propiciador de la Ley. Merece discriminarse y trabajar este aspecto en la Constitución Subjetiva de T.


 




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