Post-Scriptum: Antes de todo desarrollo
La clínica con "niños
extranjeros" a la lengua soporta y merece -una y otra
vez- toda una serie de interrogaciones y reflexiones. ¿Por
qué esto de niños extranjeros? Porque entiendo
que la lengua es algo en común, una forma de la relación
de parentesco. Y en este sentido, lo familiar, es el ámbito
donde se transmitió la enseñanza de una lengua.
Lo familiar entra, impacta, hace marca, por este
aprendizaje de lo simbólico (1).
Pero
¿Es pasible un tratamiento psicoanalítico
con un chico autista, extranjero al habla en su lengua materna?
Mis vacilaciones respecto de tomar en entrevistas o no a
este pequeño (rápidamente despejadas: y esto
también merece otro desarrollo) apuntan a preguntas
que suelo formularme respecto a la posibilidad material
de sostener un espacio de tratamiento con chicos, en mi
consultorio particular (sobre todo con aquellos que presentan
patologías graves de la subjetivación); o
la necesidad o no de que sea acompañado por otras
intervenciones: y entonces quiénes y qué modalidad
de diálogo entre colegas; qué tipo de tratamiento:
con un soporte institucional o no; cómo del trabajo
paralelo con la pareja parental; de qué "cura"
se trata.
Interrogantes que retornan en cada caso particular.
Claramente no obstante, una y otra vez la práctica
clínica con chicos me interroga sobre los tiempos
en la Constitución Subjetiva y sus "detenciones",
qué de los avatares en la Función materna
y de los Nombres del Padre, cuáles las posibilidad
de intervenir allí
El trabajo con pequeños autistas no escapa a estos
interrogantes.
"Se requiere cierto tiempo en
un "ambiente
previsible normal" para que el niño pueda recibir
ayuda de alguien capaz de adaptarse de un modo
extremadamente sensible, mientras él va
adquiriendo la capacidad de utilizar la fantasía,
de
valerse de la realidad interior y los sueños y de
manipular juguetes".
D. Winnicott
Entrevistas con la pareja parental
Consultan 2 padres por el menor de sus hijos:
H.
Realizaron una evaluación diagnóstica con
una fonoaudióloga derivados por la pediatra, para
una evaluación del lenguaje. Dados los resultados
obtenidos considera la misma que deben realizar una interconsulta
con psiquiatría infantil y neurología. Consultan
al neurólogo y este pide una evaluación psiquiátrica.
Piden su derivación en la Prepaga y esta los envía
para que evalúe la pertinencia de ser derivado a
psiquiatría infantil.
Manifestarán en la entrevista parental
que este: no habla: tiene su idioma extraído de
películas, que entiende lo que se le dice -la consigna,
acota la madre-, aunque dirán luego que no
respeta las consignas, no hace caso, hace una macana y lo
metemos en el baño tres minutos. Dice ma,
no dice pa, ocu al gato (Ocupa), popa al perro,
no, bol a la pelota de un juego de bowling. (Tampoco
el del medio hablaba bien, señalan). Grita cuando
algo no le gusta, no llora, no tiene miedo, no siempre mira
cuando se lo llama: persiste en la actividad que realice.
No se queda solo, no juega solo (¿necesita la presencia
del Otro cerca?), presentando lo que parece un juego reiterativo,
estereotipado y limitado, donde -fundamentalmente- no
se puede alterar el orden de los elementos que use en su
juego. Bloques de madera que apila, es muy meticuloso.
Lleva en este momento una bolsa con piecitas de ajedrez,
ubica las fichas en el tablero, dirán. Sus juguetes
están todos rotos: tira el muñeco para
arriba hasta romperse. La mamá acota: Los
otros también rompieron cosas, pero este destruye
(idea que insiste), dirá en otro momento: sabemos
que es un nene que hace mucho lío; y mirando
el entorno del consultorio: no sé si acá
no tiraría todo.
Un juguete ocupa su atención actualmente.
Encuentra en el consultorio fonológico donde se le
realizó la evaluación un juego plástico
de bolos. Dirán los padres que ya manifestaba interés
por la forma que tienen los palos del juego, en este
momento se extiende el interés a aquello que se asemeje
en la figura. La encuentra en distintos lugares, aún
fuera del hogar. Logra de los padres que se percaten de
su interés. Reiterará el juego durante la
evaluación fonoaudiológica, aficionándose
al punto de que le comprarán uno los padres para
la casa. Pide jugar una y otra vez a esto, bol, lo
llamará. Los hermanos juegan con él
(2) (hasta aburrirse).
Los preocupó a los padres el que sacó en la
cocina un cuchillo haciendo como que se cortaba el brazo,
despacio, gesticulando en voz baja.
Hace como que se ahoga para que le golpeen la espalda. No
canta, pide que le cantemos, algunas propagandas
le llaman la atención: corre y se queda parado delante
del TV. No tiene miedo a perderse, se escapa, hay que
perseguirlo, no mira para atrás. Camina como un bebé;
para otras cosas es más grande. Marca las paredes:
raya todo con lápiz, hay que esconderlos. (3)
Jugando se tiraba al suelo y se quedaba mirando el cielo.
Cuando están los hermanos no los tolera, grita; el
hermano del medio se entromete, lo molesta, le quita cosas,
lo hace gritar reconocerán (esta referencia al hermano
insiste, dirán en otros momentos que se mete en el
medio).
Desde los 6 meses no durmió normalmente. No duerme
casi nunca: se despierta y pasa de cama, se mete en
el medio. ¿Y Ud. qué hace?, preguntaré
al padre. Intenta llevarlo, grita, despierta a todos, se
cansan de esta escena que se reitera. H logra a veces que
la madre quede con él durmiendo en su cama. Antes
aceptaba solo a la madre, rechazaba al padre. Hasta el año
pasado el papá estaba poco en casa, haciendo un Master
en sistema, no lo veía mucho, llegaba a las 23hs.
Aunque H estaba despierto y volvía a cenar
con el padre.
Recién ahora controla esfínteres (¿supuesto
de que un chico de 3 años debe controlarlos?). A
los 2 años y medio le quitaron los pañales:
no registraba que debía pedir, hacía en
cualquier parte, jugaba con las heces, enchastraba
las paredes, los hermanos se burlaban, la madre superada
volvió a ponerle pañales. Ahora pide para
ir al baño. Busca al padre para que le limpie la
cola, la madre no quiere. Yo soy más dura, dirá.
Y también: No se si tendrá algo que ver,
pero los últimos meses de embarazo estuvo viviendo
con nosotros mi mamá (la abuela materna). Ella
se separó y tuvo una depresión. Internada
en un psiquiátrico por 21 días. Hizo 2
intentos de suicidio, "de chicas". Estuvo
los 3 meses en casa llorando, tirada en la cama. Reitera:
no sé si me explico.
Una supuesta explicación entonces, se introduce -por
la vía renegatoria- en el relato de la novela familiar.
Un decir -de parte de la madre- sobre los tiempos iniciales
de este hijo en particular (4) ,
que en lo que a ella atañe, la reenvía a su
propia madre y su posición como hija allí.
Manifestando reserva respecto de la posibilidad
de mantener entrevistas de evaluación dado lo manifestado
por ellos propongo que concurran con el pequeño y
los juguetes que refieren como de su uso.
Un chico llega al consultorio
Comienzo a mantener entrevistas acompañado
por uno de sus padres. Inicialmente la madre, luego el padre.
Llega un pequeño caminando solo, de ojos vivaces
y mirada atenta por momentos a su entorno y ausente por
otros. Prácticamente no habla, no se dirige a mí
(5) , direccionado (6) en
la entrada al consultorio por la madre, para rápidamente
apropiarse (7) del lugar (espacio
potencial) e inaugurar el campo de juego.
Traen un juego que se instalará y permitirá
mi existencia: bol. El juego nos inventa.
Los pinos se deben alinear no pudiéndose modificar
ni alterar el orden en que los coloca. Le digo que yo no
entiendo cómo se juega y necesito que él me
enseñe lo que debo hacer (8).
"Yo no sé, enseñame
", le
reitero en diferentes momentos buscando concitar su atención.
En este sentido, le atribuyo un saber hacer (al que le daré
el carácter de juego) y me postulo deseante de que
lo muestre. Lo convoco.
Si entendemos el juego en transferencia, como la inauguración
de un espacio-tiempo de trabajo elaborativo, se desprende
que pienso al pequeño como un hablante-ser en relación
al inconsciente. (9)
Freud nos señala que el objeto es
contingente, Winnicott dirá que no importa tanto
el objeto utilizado sino su utilización; de manera
que buscaré valerme de un objeto señalado,
privilegiado ya.
Busco que me mire, que vea que lo miro y lo espero para
jugar (10). Me ofrezco como soporte,
manifiesto expresivamente mis ganas. Busco crear
(winnicottianamente) el espacio de juego. Le ofrezco mi
deseo para que disponga de su espacio de juego (11).
Cae rápidamente la afirmación
paterna de que no puede cambiarse el orden del armado
de la línea de pinos. Desde los inicios, instalado
ya el juego de alinear y tirar los mismos, busco ordenarlos
yo y alterar el orden sucesorio que me enseñó:
cambiaré la sucesión de los colores propuesto,
estiraré o achicaré la línea de los
mismos, para terminar armando figuras diversas con los mismos
siempre y cuando se mantengan en fila. Varía la forma,
se mantiene la fila. No pueden armarse dos o más
filas. No puede haber uno suelto, fuera de lugar: en fila.
Introduje desde el primer juego el SI para cada tirada y
el NO para cuando yerra el tiro y no cae ninguno. Rápidamente
tomado él también dice si o no ante los avatares
de la tirada, buscando reproducir el tono y entonación
de mi voz. Juego de diferencia: si - no, caído -
parado, mi gesticulación es tomada por Thiago. Se
tapará los ojos al decir no, moverá el dedo
como lo hago, mirará al padre y a mí ante
la caída o no de los palos buscando aprobación
a la concordancia de los hechos y los dichos, conjeturo,
a la vez que construyendo la escena que nos incluye: algo
en relación a la función paterna se
jugará allí, en transferencia. Cierto goce
se cede a favor de una ganancia de placer. Reímos
los tres.
¿Cómo no otorgarle el valor de palabra común
a esto que se juega entre los tres? Un lazo familiar se
inscribe entonces: terreno para buscar conmover lo congelado
del habla (12).
Otros juguetes entrará en escena entonces.
Sacado de mi escritorio, "encuentra" un auto de
fricción marcando su uso un espacio-tiempo de recorrido.
Va, viene; ahora yo, ahora vos. Hay que mantener la distancia.
Tiene que aprender a friccionar. To, to, será
la manera de designarlo.
Una casa que abre su techo, será lugar donde poner
y sacar pequeñas maderitas. Adentro-afuera.
Descubre hojas y lápices. Le suministro uno para
él y otro para mí. Le propongo dibujar: no
se puede salir de la hoja; acá dentro dibujamos.
Límite que se acata y acota. Espacio que se recorta.
La raya cede y aparece el esbozo de círculo siguiendo
mi trazo en el papel. Dibujo a su lado.
Jugamos mientras el padre asiste a la escena
que se desarrolla. Jugamos y juego mi juego, a la vista
de este padre. Por alguna razón inicial que desconozco,
se que debe ser a la vista, mostrando conmover cierta
cierteza (13) paterna. Conmover(lo).
Mientras juego en el suelo, respondo y dirijo también
yo preguntas, pido alguna aclaración a afirmaciones
o relatos de lo sucedido entre el tiempo de las entrevistas,
buscando no ausentarme del juego. Un equilibrio difícil.
¿Qué cree que pasaría si usted se ausenta?
Pregunto al padre. No se quedaría. - ¿No
se qué daría?, repregunto. Superada la
perplejidad, sonríe.
Comienza su adaptación en jardín.
Concurre al colegio donde lo hacen sus hermanos. Conoce
el terreno. No pueden sacarlo del arenero y la trepadora.
Sólo eso. No logro hacer que se siente en la sillita
cuando lo pide la maestra, dirá la madre. Los
demás chicos se sientan y él no. ¿Usted
no lo logra o la maestra? (14)
Lo que se cifra en
el nombre
Llegamos ahora con este inicio que hemos
hecho de la función del rasgo Unario, a algo que
nos va a permitir ir más lejos: planteo que no puede
haber definición del nombre propio sino en la medida
en que percibimos la relación de la emisión
nominante con algo que en su naturaleza radicales del orden
de la letra (Lacan, 1961-1962)
Durante el transcurso de una de las entrevistas simultáneas,
el padre refiere que el nombre H respeta una proporción
numerológica. Y que en función de "ciertas
letras" (y no otras) la madre eligió el nombre
(15). Manifiesta también
la preocupación que le causa la adaptación
de su hijo al jardín, o tal vez mejor, la preocupación
por su mujer: ella no puede más, y esto está
en relación a lo que ocurre con su hijo. No queda
claro si no es esto una lectura que él hace, pero
insisto: señala su preocupación por esta mujer
complicada en su función materna. Manifiesto entonces
mi interés en que concurra la mamá. Le propongo
para su mujer, un día diferente al de las entrevistas
con su hijo, acordando con él en que me llamarían
si existe alguna dificultad por parte de ella.
Me sorprendo el día fijado escuchando de boca de
la madre: ya llega mi marido
Se quedó estacionando.
Ingresa este con su hijo en brazos dormido. Lo da a
los brazos de su madre. Nada se dice respecto al cambio
de la propuesta de entrevista (16).
Los besos despiertan al pequeño. Este reconoce el
lugar donde se halla.
En este marco se realiza parte de la entrevista hasta que
H impone su juego y mi presencia.
La fecha estimada de nacimiento, las letras
de los apellidos paternos, darían cierta variedad
de letras posibles para el nombre de los hijos. Entre el
rango de 1 a 9, este último de los hijos tiene 8,
casi el máximo de posibilidad en la variación
de las letras en uso. El padre indica qué letras
se pueden usar para el nombre de los hijos, conforme la
interpretación numerológica, la madre elige
(compone) el nombre. Si es aceptado al inscribirlo, queda.
Hay aquí una sucesión que impone una lógica
para el orden del nombre. Un orden ajeno a los padres impone
las posibilidades de nombrar al hijo: Numerología
(17) lo llama el padre. El es el brujo, dirá
la madre, refiriéndose a su esposo. Cierta reticencia
dificulta comprender claramente la lógica de la selección
de los nombres. El brujo no revela sus secretos con claridad.
No muestra su juego interpretativo. El Otro numerológico
impone la cifra que nombra el hijo. Se establece una progresión
numérica (un rango) que determina una cantidad de
letras posibles para su combinación. Nos hallamos
en presencia de una escritura y como tal se plantea un efecto
de la presencia paterna. Una función paterna. ¿Cómo
juega allí el Nombre del Padre su regulación?
(18)
Jorge Fukelman plantea en su seminario del
12-08-99 que: Las mamás, como bien uds. saben,
les hablan a los bebés y se supone, hay expectativas
de que en algún momento el bebé responda.
Responda, es una tontería decirlo, en la lengua que
habla la madre. En la lengua que se desprende del laleo
universal.
Esto significa que el bebé es nombrado, uds. saben
los desórdenes eventualmente mortíferos que
se presentan cuando un bebé no es planteado como
"este bebé". Y este bebé tiene una
nominación, aunque sea inconsciente para quienes
están ubicando a este bebé como quien en el
futuro podría responder.
Algo parece conmoverse
Afirmarán no obstante que algo nuevo
está sucediendo. Comenzó a decir Yo, chó,
así se refiere a él. Está ganando
nuevas palabras, dirán. Se están formando.
Todavía no puede reconocerse (no pueden reconocer
los padres) qué nombra, pero dice algo que no
entendemos.
Los sorprendió también al bajarse del auto
y saludarlos quedándose en la casa de los abuelos.
Llevaban a sus otros hijos a dormir allí, no esperaban
que este quisiera quedarse, nunca lo hizo, no se queda
solo.
Se queda con los hermanos y los abuelos.
No lo esperaban.
Le costaba usar la remera (uniforme) del colegio al que
concurre. Se la saca como si le quemara la piel, dirá
la mamá. Ahora empezó a dejársela.
Avanza el pequeño a la profusión
de objetos de mi escritorio. La madre se anticipa: H
no toques eso. H toca eso.
La escena se reitera con diferentes objetos.
-Usted le adelanta lo que no quiere que haga -diré,
para que haga
-Ah
¿Si?...
La siguiente entrevista llegará hasta
el escritorio y tocará algo que la madre señaló
no tocar: el teclado de la PC. Lo pulsa reiteradamente y
arranca un sonido. Insiste. Enciende y apaga el monitor
(la PC estaba en uso, había apagado la pantalla antes
de la entrevista) Me guardo de decirle que no se toca. Espero.
El padre asiste a la escena en silencio. Deja de tocar,
no rompe.
El auto de fricción es llevado hasta el diván,
allí es tirado al aire. ¡No! dirá
el padre. Persiste arrojando el auto que cae sobre el diván:
no se rompe.
Los juguetes y los juegos caen: otros se
levantan
Los palos pueden colocarse ya de forma diversa.
Este juego comienza a declinar. Hay tiempo para otros intereses:
el espacio del consultorio es recorrido. Todo se presta
para ser tocado, inspeccionado.
El cuerpo es puesto en juego, juego con almohadones que
nos tapan y nos muestran, cosquillas, corridas y escondidas,
el cuerpo del padre es lugar donde esconderse en el juego,
jugamos por sobre él, lo sentamos acá o allá,
lo corremos de lugar
"Parlotea" algo más, gesticula, "juega"
con las expresiones si-no. El padre dice que aprendió
a usar el no (Literalmente se trata de eso: verbalizar el
no para poner distancia)
Sostiene una cierta rutina de trabajo en el consultorio.
El marca el tiempo de trabajo. Por momentos no quiere irse.
Pretende llevarse algún juguete: por momentos acepto,
otras no. Comienza a soportar los finales, puede irse y
dejar el juego hasta la próxima.
Continúa el padre como espectador. H le lleva alguna
cosa, se acurruca a su lado, lo mira: formas de hacerlo
partícipe.
Propongo que el padre se retire: dígale que va
a tomar un café y después vuelve a buscarlo.
Ambos se saludan. El padre ríe.
Otro nombre para este hijo
El padre relata que en su familia los
varones hablaron tarde. Él mismo habló
entre los 5 y los 6 años. Su propio padre habló
tarde. Su madre le recuerda esto y comenta que algo semejante
ocurrió con sus hermanos. Por esta vía vemos
desplegarse una filiación simbólica de este
hijo: "digno hijo de su padre".
Esta versión de hijo colisiona contra otras que acechan
de boca de especialistas: "rasgos autistas", "es
un TGD", "no habla", etc.
Sobre este rasgo, si se habilita que el tiempo juegue la
lógica que señala el mito paterno, es que
H -fiel a su marca- se apropiará y hará uso
de la palabra: ingresará plenamente en el discurso
familiar.
Tal vez un orden inmutable pueda conmoverse y de cifra pueda
hacerse cadena.
Rubén Flores
(1) Cabe una cita de S. Freud
en "El chiste y su relación con lo inconsciente"
(1905) "En la época que en que el niño
aprende a manejar el léxico de su lengua materna,
le depara un manifiesto contento "experimentar jugando"
con ese material, y entramar las palabras sin atenerse a
la condición del sentido, a fin de alcanzar con ellas
el efecto placentero del ritmo o de la rima. Ese contento
le es prohibido poco a poco, hasta que l fin sólo
le restan como permitidas las conexiones provistas de sentido
entre las palabras. Pero todavía, años después,
los afanes de sobreponerse a las limitaciones aprendidas
en el uso de las palabras se desquitan deformándolas
por medio de determinados apéndices, alterándolas
a través de ciertos arreglos (reduplicaciones, jerigonzas)
o aun creando un lenguaje propio para uso de los compañeros
de juego, empeños estos que vuelven a aflorar en
ciertas categorías de enfermos mentales".
(2) Encuentra
(re-encuentra) una forma significante que se hace "chiche
de uso", en el consultorio fonológico: Un objeto
subjetivo creado por él (Winnicott)
Forma -y en tanto tal registro imaginario- que pareciera
dotada de fijeza, pregnancia. ¿Podremos conjeturar
la captura en la "estatua" imaginaria del cuerpo
unificado? Tomado por la forma sin el sostén simbólico
del Otro en el espejo que envuelva y "despegue"
de este la imagen con arrullos y palabras humanizantes.
Fijado a esta Imagen-forma congelada. Reduplicada la encuentra
en la realidad.
La forma no se pierde, se recorta, se re-conoce, una y otra
vez. ¿Cómo ponerla a jugar? Que pierda algo
para que se desplace y habilite por semejanza-diferencia
el uso de un chiche con el consiguiente placer de jugar
(plus de ganancia)
Se tratará de poner (se) a trabajar lo Imaginario.
Anudar lo Simbólico con lo Imaginario. Introducir
privaciones que acoten el goce. Jugar el corte.
(3) Raya informe e indiscriminada que denota lo pulsional
en juego. Una vez más: se tratará de re-cortar
un espacio, marcar límite, donde inscribir marcas
propias, donde hacer garabato, dibujo.
(4) La escena que transmite el relato (me) impresiona como
fuertemente siniestra. Pregnante. Diría, construyendo
conjetura, que esta escena desvía los ojos maternos
de su vientre a su madre postrada. ¿Dónde
quedó su hijo en este tiempo? ¿Dónde
quedó esta madre, reenviada como hija a su propia
madre?
(5) (
) pero Ud. no puede decir que no habla; que Ud.
tenga dificultad para escucharlo, para dar su alcance a
lo que dicen no impide que se trate finalmente de personajes
que son mas bien verbosos". J. Lacan, La conferencia
en Ginebra sobre el síntoma.
(6) Quiero señalar cierto "manejo" de la
madre, no obstante que se refieran a él como autónomo.
Se me ocurre la frase: la madre maneja los piolines. Me
asalta la idea de un robot.
(7) Atribuyo aquí un movimiento del pequeño.
(8) Literalmente le pido que me muestre su juego.
(9) Si partimos de esta proposición, "que los
seres hablantes son tales por estar en relación al
inconsciente", y que "porque existe el inconsciente
podemos plantearnos que el ser hablante habita un espacio
de tres dimensiones, Real, Simbólica e Imaginaria",
podemos decir que los autistas son seres hablantes. Rodolfo
Iuorno, La animación de lo viviente. 6 conferencias
sobre autismo, 1993, Catálogos.
(10) "Esta función de la voz o la mirada ¿acaso
está aquí la referencia esencial a propósito
de la transferencia?" (J. Lacan). Mi deseo analista
se ofrece a que me constituya Otro.
(11) Algo tiene que inscribirse. Inscripción representacional.
Sólo sabemos de la pulsión por su representación
(Vorstellungrepresentantz) Algo tiene que estructurarse
gracias al juego. Una escena tiene que inscribirse. La experiencia
de juego, esperada, habilitada, tiene que anudar: objeto-juguete
(soporte), lo sensorio-perceptivo y la experiencia afectiva
puesta en escena, la palabra que se enuncia y se usa, se
aplica. Inscribir el juego: representarlo. Jugar el juego.
Buscar estructurar el Yo.
(12) Se trata de saber por qué hay algo en el autista
o en el llamado esquizofrénico que se congela. J.
Lacan, La conferencia en Ginebra sobre el síntoma.
(13) Lapsus de escritura con el que me encuentro, y dejo.
(14) La docente le propondrá más adelante,
que concurra un poco antes del horario de clase para poder
trabajar a solas con su hijo. A solas con él logra
que trabaje, respete las consignas. Establece lazo con ella.
(15) Ya se desplegará mejor esta cuestión
relativa al nombre.
(16) Un orden que no se explicita cambia las reglas, o si
se quiere: impone las suyas. Lo amable de este padre, que
entrega su hijo dormido, me incomoda.
(17) "Cada número encierra un significado en
la naturaleza que es aplicable al ser humano, revelándonos
misteriosa, pero certeramente, una esencia temperamental
y caracterológica. No podemos negar la influencia
de los números en nuestras casas, fechas de nacimiento
y tampoco lo que son capaces de revelarnos, aplicándolos
a nuestros nombres, que "casualmente" nos representarán
inexorablemente." (Extraído de uno de los múltiples
sitios dedicados a la Numerología en Internet)
(18) Numerología ¿Uno de los nombres del Padre?
¿Y el brujo su soporte (un padre real en su calidad
de intérprete de los designios escritos)? Impresiona
este brujo como otro del Otro paterno.
Numerología: Padre del Goce, padre oscuro, por contraposición
al Padre del deseo, al padre del pacto, propiciador de la
Ley. Merece discriminarse y trabajar este aspecto en la
Constitución Subjetiva de T.