En la película Un Buda, que relata la historia de
dos hermanos hijos de un desaparecido, uno de ellos, profesor
de filosofía, en el contexto de un primer encuentro
amoroso, debe responder a la probablemente no primera vez
de la pregunta "por qué filosofía?"
"Por qué filosofía", responde en
medio de un suspiro, "mi madre un poco venía
preconfigurando mi cerebro y después, bueno, la búsqueda
de la verdad, del ser, de lo que es, de lo que no es...todo
lo que con los años te va dejando de importar."
Esa
pregunta me la he, me la han, formulado muchas veces: por
qué una chica de La Paternal, hija de un obrero gráfico
y de un ama de casa -para señalar sólo algunas
marcas-, a los 12 años decide estudiar filosofía?
La chica es ambiciosa: quiere saberlo TODO, pero en su debido
ORDEN. Por eso es que piensa hacer todas las carreras elegidas
por su compañeras (excepto Odontología, esa
técnica despreciable) pero a su debido tiempo, después
de haber establecido los sólidos fundamentos de todas
ellas con el saber fundamental.
El de los últimos fines, de las primeras causas,
de los valores más altos, de los cimientos más
profundos.
Cómo hacer medicina sin saber qué es la vida,
ejercer la abogacía sin saber qué es el derecho,
Ambas sin saber qué es el hombre, y el mundo y Dios.
Y cómo saber si lo que sabemos es verdad...qué
es la verdad...Y el ser...qué coosa es el ser?
Estas no son preocupaciones teóricas sino que tienen
una profunda incidencia en la práctica. Cómo
reformar al hombre, cambiar el mundo, construir el Reino
de Dios en este mundo?
(la chica también es militante católica).
Con el tiempo puedo mirar con cierta piadosa indulgencia
a esa chica que ya no soy pero que soy, en la forma del
haber sido (otra vez el ser!).
Qué hubo entre aquél y este tiempo? Psicoanálisis,
el del diván y el de los libros. También filosofía.
Ya que la filosofía, al menos parcialmente, ha podido
curarse de sí misma.
Dejando
un poco de lado la autorreferencia, voy a puntear algunos
aspectos de la complicada relación entre Psicoanálisis
y Filosofía.
O entre el Psicoanálisis y las filosofías,
porque tampoco hay La Filosofía.
. La filosofía que tomó nota del psicoanálisis
Cualquier
lectura de lo que se ha dado en llamar pensamiento posmoderno,
conlleva, explícitamente o no, el registro del psicoanálisis.
Un par de ejemplos, no todos.
Franco Crespi en Modernidad: la ética de una edad
sin certezas, señala estas características
de lo que él llama modernidad tardía:
El reconocimiento de los límites del saber (junto
con una apertura a un horizonte ilimitado de exploración,
estamos más advertidos del carácter necesariamente
limitado de cada forma de conocimiento, y de la inevitable
autorreferencialidad de cada una de sus formas).
La ausencia de fundamento (imposibilidad de remitir el saber
al campo de los fundamentos absolutos).
La desaparición del telos (la imposibilidad
de asignar a la existencia
Individual, la evolución natural o la historia, un
fin último absoluto).
La crisis de la subjetividad trascendental.
Esta
cuestión la voy a ampliar un poco con otra referencia
de la posmodernidad que es la del filósofo Gianni
Vattimo. El propone un pensamiento débil (ontología
del declinar, momento disolutivo, de debilitamiento del
sentido).
Este pensamiento débil se opone al pensamiento fuerte,
que otorga
caracteres fuertes al ser (los caracteres preferidos por
la metafísica): unidad, totalidad, estabilidad, presencia
desplegada, evidencia, finalidad.
En la concepción débil del ser y de la verdad
el ser es lo que deviene, que nace y muere, y que precisamente
así tiene una historia, una permanencia a través
de la multiplicidad concatenada de los significados y las
interpretaciones. En el pensamiento débil el ser
es viviente, declinante, mortal. No hay una verdad sino
juegos de apariencias, las entidades son sin la sustancialidad
de la metafísica tradicional...del ser no se puede
tener "prensión" plena sino huella, recuerdo.
A estas características débiles del ser y
la verdad les corresponde la puesta en cuestión del
sujeto que aparece ya no como originario sino como producido,
no como condición de posibilidad sino como efecto,
no como uno sino como múltiple y escindido.
Vattimo se apoya aquí en Nietzsche, pero podríamos
extender esto a Freud, mostrándonos que lo interesante
no es sólo abandonar la antigua concepción
del sujeto sino exponer las condiciones de su producción
como fábula, como ficción, hasta como fetiche.
El desenmascaramiento no es del ser en el fondo de las apariencia,
sino de la actividad interpretativa misma.
El pensamiento débil renuncia también al ideal
de conciliación: coincidencia del evento y el sentido,
autotransparencia del espíritu, sujeto desalienado,
emancipado de la división del trabajo, de las cadenas
de la ideología.
La condición normal del hombre, aún la del
Superhombre, es la escisión, el carácter constitutivamente
escindido del yo.
Aquel ideal del sujeto como autoconciencia conciliada, como
un yo reapropiado, nos dice Vattimo, "tanto la teoría
de la ideología como el psicoanálisis nos
han advertido del irremediable carácter de "máscara"
que pertenece a este ideal."
He
aquí el psicoanálisis como piedra de toque
de la experiencia (para usar la expresión kantiana).
La división subjetiva sería un concepto vacío
si no se verificara en tantos y tantos análisis.
Acá me refiero a eso que sucede entre un psicoanalista
y analizante.
.
Filósofos para quienes el psicoanálisis no
ha tenido lugar:
Habermas,
Apel, son filósofos que intentan rescatar la función
fundamentadora de la razón.
Sostienen la teoría de la racionalidad comunicativa,
la defensa de un diálogo entre voluntades inteligentes
y libres con el propósito de construir un ethos de
la universalidad y el consenso, basado en los apriori de
la comunicación constituidos en reglas del diálogo.
Vemos reaparecer aquí la idea de un sujeto indiviso,
centrado, estable, que sabe lo que piensa, coincidente consigo
mismo y que está dispuesto a coincidir con los demás.
Lejos de ser un enfoque trascendental la ética de
la racionalidad comunicativa se apoya en la Teoría
de la Comunicación, mereciendo las mismas críticas
y, según sostiene Scot Lash en "Posmodernidad
y deseo", se sustenta en la psicología del desarrollo
moral de Kohlberg.
De modo que no evita el psicologismo que critica en los
demás.
Hay que decir que son Foucault, Lyotard, filósofos
marcados por la impronta del psicoanálisis, el cual
por otro lado no les impidió seguir pensando, los
que señalan en estas filosofías el olvido
del cuerpo, del deseo, del goce, de la escisión subjetiva,
de la problemática del poder.
Ahora
bien, no se trata de negar sus valores a la racionalidad.
Veamos
. Qué queda de la razón
Me
gustaría decir aquí que la casa de la razón
tiene muchas mansiones.
El psicoanálisis ha ayudado a poner en cuestión
algunos usos o modos de la razón. Sin embargo, lejos
de incitar al "irracionalismo" convoca a explorar
otras racionalidades.
Por ejemplo, el pensamiento paradójico. Leyendo estos
días a Jacques Le Brun "El amor puro" de
Platón a Lacan, a Zizek, "El títere y
el enano", encuentro ejemplos de esta exploración,
de los que tomaré algunos, no todos.
Pero antes, la obligada consulta al Ferrater Mora.
Paradoja: Etimológicamente "paradoja",
paradoxa, significa contrario a la opinión, "contrario
a la opinión recibida y común".
La paradoja propone algo que parece asombroso que pueda
ser tal como se dice que es.
Tres nociones de paradoja: lógica y semántica,
existencial y psicológica.
Quine: paradojas verídicas (lo que se propone establecer
es verdadero) y falsídicas (lo que se propone establecer
es falso).
lógicas, semánticas y de la confirmación:
a) Lógica: ej. La paradoja del mayor número
cardinal (Cantor) "hay un número cardinal que
es y no es a la vez el mayor de los números cardinales".
b) semántica: la paradoja del mentiroso, Epiménides
o el Cretense. Miento: es verdadera si es falsa y es falsa
si es verdadera.
c) paradojas de confirmación, o de los futuros contingentes.
Ej.: el hombre condenado a ser fusilado.
existencial: un "choque " que engendra, o refleja
lo absurdo (San Agustín, Pascal, Kierkegaard, Unamuno).
La paradoja no es antiracional sino pre o transracional.
Unamuno: "la paradoja es una proposición tan
evidente cuanto menos como el silogismo, pero menos aburrida".
3) psicológica: cualquier proposición contraria
a las "verdades del sentido común", que
son cambiantes. Pero "toda proposición filosófica
o científica que no haya pasado al acervo común
ofrece un perfil paradójico.
Hegel decía
que la filosofía es el mundo al revés, es
paradójica en un modo constante y no sólo,
como la ciencia, en ciertos momentos de su historia".
Jaques
Le Brun: El amor puro, de Platón a Lacan hace el
análisis , en las diversas figuras que ha ido tomando
la idea del "amor puro", de lo que llaman "suposición
imposible" (he ahí lo paradójico) de
los místicos: "si por una suposición
imposible Dios no recompensara, e incluso si condenara a
penas como las del infierno al hombre que lo amaba perfectamente
y hacía su voluntad, ese hombre amaría a Dios
igual que si lo recompensara y le ofreciera todos los goces
del paraíso".
Lo paradójico: La intención de elaborar una
teoría sobre la noción del amor puro lleva
a plantear dos proposiciones aparentemente contradictorias:
La insistente exigencia de elaborar un sistema, dar una
justificación teórica, fundar el amor puro
en una teología o una filosofía, y, por otra
parte, la imposibilidad de lograrlo sin cuestionar y hasta
derrumbar los fundamentos de esa teología o esa filosofía,
como si la inevitable teorización revelara una contradicción
en el centro mismo del amor puro, su carácter paradójico,
y condujera finalmente a la destrucción de ese amor.
Las figuras que se despliegan para ilustrar esta paradoja,
son ficciones que permiten pensar lo impensable, un amor
que pudiera ser goce en la ruina de todo goce.
La experiencia de místicos, poetas, los que se han
perdido voluntariamente, muestran esta doble imposibilidad:
de la experiencia y de su justificación (teodicea).
Estas cuestiones "imposibles", sin embargo, debido
a su misma imposibilidad, debido a que imponen la negación
de las verdades que suscitan, hacen posible el pensamiento
y lo ponen en movimiento.
En su búsqueda de textos, Le Brun encuentra el uso
reiterado del oxímoron,
esa figurar retórica que se define como "relación
sintáctica de dos antónimos", como "oscura
claridad", "música callada", "sana
locura", "saber no sabido"
Dice Le Brun: El oxímoron no es sólo una figura
retórica; al disponer dentro de sí la negación,
el oxímoron convierte lo imposible en pensamiento.
Hace también una reflexión sobre la contradicción.
La suposición imposible conduce a un punto en que,
como dice Lacan, no se puede decir nada sin contradecirse.
Si Freud al descubrir el inconsciente pudo decir que "el
inconsciente desconoce el principio de contradicción"
no estaba fundando el desinterés por la lógica
sino planteando los fundamentos de una lógica diferente.
En Lacan mismo se pueden rastrear muchas paradojas: amar
es dar lo que no se tiene. Si no hubiera Dios nada estaría
permitido. Lo ajeno a mí estando en el núcleo
de mi yo, lo más íntimo y lo más ajeno,
exterior íntimo.
En
el libro El títere y el enano, Zizek recupera el
pensamiento paradójico de Chesterton y nos ofrece
algunas de su propia autoría.
Chesterton, en su defensa de la fe, denuncia un resultado
paradójico de la Ilustración: a medida que
desapareció la religión, desapareció
también la razón. El pretende salvar la razón
adhiriéndose a su excepción fundadora.
"Todo el secreto del misticismo consiste en que el
hombre puede comprenderlo todo con ayuda de lo que no comprende.
El lógico pesimista procura hacer que todo sea claro
y lo consigue haciendo que todo se vuelva misterioso. El
místico permite que algo sea misterioso y que todo
lo demás se vuelva claro
.La única cosa
creada que no podemos mirar es la única cosa a cuya
luz miramos todo lo demás. Como el sol del mediodía,
el misticismo explica todo lo demás mediante el resplandor
de su propia victoriosa invisibilidad".
Zizek nombra a este planteo como "doctrina del goce
condicional" y pregunta:"Esta "doctrina del
goce condicional" (o para decirlo en lenguaje lacaniano,
la lógica de la castración simbólica)
es efectivamente el horizonte último de nuestra experiencia?
Realmente debemos sostener una limitación trascendental
de nuestra libertad para poder gozar de una medida limitada
de libertad real? ¿El único modo de salvaguardar
nuestra razón es admitir que en el centro mismo de
esa razón hay una isla de irracionalidad?".
Se ve aquí un aire de familia con "la paradoja
básica de la castración simbólica como
constitutiva del deseo, en la cual uno debe perder el objeto
para poder recobrarlo en la escala inversa del deseo regulada
por la Ley? Habitualmente se define la castración
como la pérdida de algo que uno nunca poseyó,
es decir, el objeto causa del deseo es un objeto que emerge
a través del gesto mismo de su pérdida/renuncia".
En
el plano ético Zizek plantea la paradoja de la "suerte
moral", es decir, de la suerte que tenemos de poder
ser morales, cuando la ética desde Kant intenta descartar
todo elemento patológico, como es en más medida
que todo lo demás, la suerte.
Así "nuestro orgullo y nuestra dignidad ética
se basan en que obramos protegidos por la FICCION de que
seríamos igualmente fieles a nuestra postura ética
incluso en condiciones severas; aquí la cuestión
fundamental no es que debamos desconfiar de nosotros mismos
ni dudar de nuestra postura ética, sino, más
bien, que deberíamos adoptar la actitud del filósofo
Alonso de Cosí fan tutte de Mozart, quien
aconseja a los dos amantes engañados: "Confiad
en las mujeres, pero no las expongáis a demasiadas
tentaciones!""
El campo de la ética incluye muchas paradojas. Como
la conclusión que hay que sacar de la lectura de
la Responsabilidad moral por el contenido de los sueños:
Debemos hacernos cargo aún de lo que no sabemos.
Otra paradoja de Chesterton que tiene un aire de familia
con la paradoja del goce: "con frecuencia he sentido
deseos de escribir una novela sobre un "yatchman"
inglés que erró levemente su ruta y descubrió
Inglaterra convencido de haber descubierto una nueva isla
en los mares del Sur
qué podría ser más
agradable que sentir, simultáneamente y en pocos
minutos, todas las fascinadoras angustias del partir, combinadas
con toda la seguridad humana de volver a casa? Qué
podría ser más agradable que felicitarse por
descubrir Nueva Gales del Sur y comprender luego, con lágrimas
de alegría que en realidad no era más que
la vieja Gales del Sur?
Este, al menos a mi parecer, es el problema principal de
los filósofos
¿Cómo es posible que el mundo nos asombre
y al mismo tiempo nos hallemos en él como en nuestra
casa? ¿Cómo puede este pueblo cósmico,
con sus monstruos y lámparas antiguas, cómo
este mundo puede hacernos sentir simultáneamente,
la fascinación de un pueblo exótico y el confort
y el honor de ser nuestro propio pueblo?"
Goce:
satisfacción paradojal que bordeándolo, encuentra
al volver al lugar del que partió. (Motta)
En fin, el pensamiento paradójico es otro que el
de la lógica aristotélica de la no contradicción.
No por eso es ilógico sino que se esfuerza por pensar
lo que de otro modo es impensable.
. Los filósofos que pretenden reemplazar al psicoanálisis
Badiou,
en una conferencia dirigida a psicoanalistas habla en términos
de "ustedes los psicoanalistas", "nosotros
los filósofos", para distinguir entre el acto
analítico y el acto filosófico.
En un momento dado dice "nosotros no abrimos consultorios
privados". Sin embargo hay profesores de filosofía
que sí los abren. Son los que se ofrecen como "consultores
filosóficos". Lo hacen con cuidado, para no
ofender cuestiones relativas a las incumbencias profesionales,
pero lo hacen. Es un borde delicado. No es psicoterapia
pero
Es cierto que de algún modo en la filosofía
hay una acumulación de sabiduría que enseña
a vivir. Pero eso alcanza sólo un poco más
que la lectura de un manual de autoayuda.
Podemos aprender por ejemplo con los estoicos que lo que
nos afectan no son las cosas sino las opiniones que tenemos
acerca de las cosas, pero eso no nos impide tenerlas y en
cantidad, o con Wittgenstain que nada del mundo puede hacerme
feliz o infeliz y a pesar de eso llorar amargamente porque
el amado no nos miró como queríamos, o con
Heidegger que "tan pronto un viviente nace, está
listo para morir" y sin embargo parecernos más
absurda la muerte del niño que la del anciano.
Justamente lo que podría hacer una diferencia no
sería sólo un cambio de opinión, sino
una redistribución de goce. Y los filósofos
-algunos- "no quieren saber nada del goce", como
cita Badiou. Escuché decir a un consultor que los
psicoanalistas le cuestionan que no tiene en cuenta la singularidad
pero que él piensa que justamente "personas
hay muchas, pero formas de pensamiento hay pocas".
Se trataría de cambiar unas formas por otras, más
correctas.
Dejando de lado la dudosa ética de este cometido,
parece ignorar la naturaleza de las neurosis, que no se
fundan en generalizadas argumentaciones conscientes equivocadas.
La singularidad del caso en psicoanálisis no es sólo
un postura ética, se funda en cuestiones teóricas,
metodológicas, técnicas, a las que convendría
que el consultor se acercara, pero en ese caso se haría
psicoanalista, lo que nada le impide hacer, salvo la triple
exigencia de analizarse, formarse teóricamente y
supervisar, como todos.
. Un párrafo para el tercer término de
esta mesa: La Religión.
Parafraseando
al poeta Horacio quien decía "expulsad la naturaleza
y retornará galopando", André Breton
dijo "expulsad lo sobrenatural y retornará galopando".
Algo de eso parece estar ocurriendo a pesar del anuncio
nietzscheano de la muerte de Dios, de la denuncia marxiana
de la religión como el opio de los pueblos, de la
pregunta freudiana sobre el porvenir de esta ilusión.
Galopa como los cuatro jinetes del Apocalipsis en los terrorismos,
el del estado y los otros, todos arrogándose obrar
en nombre de Dios.
Trota cínica y mercantilmente en la televisión
de la medianoche y en los ex cines de barrio donde prometen,
bajo la orden general "pare de sufrir!" salud,
dinero y amor, en dosis proporcionales a las cantidades
que se esté dispuesto a oblar.
Pero retorna también en las indagaciones de filósofos
y psicoanalistas.
Con la distancia de quien ya no cree pero no cree tampoco
en que se pueda no creer en nada, retornan viejos temas
como el de naturaleza y gracia, fe y razón, amor
interesado y amor puro, eros y ágape, el amor a la
ley y la ley del amor...
Se tasan los valores de las distintas religiones: si es
mejor el paganismo politeísta, en sus versiones alegre
o melancólica, el judaísmo y la Alteridad
radical de su Dios, el cristianismo y su radical humanidad
de Dios...
Se relee a San Agustín (últimamente desde
distintos lados me pidieron "De Trinitate", zás,
hay que leer De Trinitate).
Se lee a San Pablo. Qué se busca en San Pablo. No
sólo al inventor del Cristianismo como religión
institucionalizada que nos pinta La última tentación
de Jesucristo de Scorsese, sino también el que hizo
de Jesús el Cristo, el resucitado, en quien es la
humanidad la que excede lo biológico, el que elevó
el cristianismo de una secta judía a una religión
universal o religión de universalidad.
Se vuelve sobre la figura de Cristo, especialmente sobre
la escena del "Padre, por qué me has abandonado",
a partir de la cual Zizek encuentra otra paradoja:
"Sólo cuando experimento el infinito dolor de
la separación de Dios, comparto una experiencia con
Dios mismo (Cristo en la Cruz).
Para un final no tan infeliz se puede auspiciar un cruce
sin fusión pero con encuentro entre una filosofía
que no ignore el descubrimiento del inconsciente y que quiera
saber algo del goce, un psicoanálisis que no pretenda
la clausura del pensamiento con el de Lacan, ni constituirse
en el discurso de los discursos y si es posible una religiosidad
o una experiencia de lo sagrado o de lo santo que no se
ampare en las seguridades del dios de la ontoteología
ni en la lógica del mostrador.
El lugar para ese encuentro posible es, me parece, el de
la ética.