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Entre las palabras
y la muerte
por Masud Khan
Notas







Imágenes: Clara Biedma  


Texto inédito, traducido al español por Ana Clara Benveniste

Lee en nombre de tu Maestro, el Creador,
Que creó al hombre de un coágulo de sangre.
Lee, ya que la mansedumbre de tu Maestro es infinita.
Es él quien le enseñó al hombre a servirse de la pluma,
Quien le enseñó lo que ignoraba.
El Corán, Sourate 96.

¿Para que sirven las palabras? ¿Intentan vencer a la muerte? ¿Evidencian nuestra agonía o nos mantienen con vida? El psicoanálisis inventó un "modo de decir" que permitió descubrir cómo trabaja la muerte en cada ser humano. M. Khan (discípulo reconocido de Winnicott) escribe sobre ese trabajo de la muerte, y promete hacerlo sólo desde sí mismo, sin parapetarse como -según su criterio- suelen hacer los analistas en los tratamientos que dirigen: en un silencio omnipotente, o bien impartiendo su dogma que les garantiza seguridad y estima de sí.

 


Es sólo una necesidad interior la que me lleva a escribir. Esta necesidad es producida por todo lo que mi encuentro con el paciente, tanto con su salud como con su enfermedad, ha acumulado progresivamente en mí.

No escribo ni para instruir ni para predicar. Lo hago simplemente para compartir lo que desde mi punto de vista, es capaz de vivir en la palabra escrita. Porque la palabra escrita trasciende tanto a las palabras como a la muerte. No hablaré aquí sino desde mí mismo.

Una persona llega. Siempre me es derivada por un médico. Si está enferma o no, no es algo que decida yo. A menudo, invocar la enfermedad es sólo una manera peyorativa de decir: este individuo es indeseable, por sus costumbres -que llamaremos síntomas- o en razón de su negativa a participar de las necesarias maquinaciones que ligan entre sí a los seres humanos -eso que llamaremos cultura y civilización-.

Durante milenios, los hombres han construido con las palabras tanto como matado con ellas. Le corresponde a Freud inventar una nueva manera de utilizar las palabras: la asociación libre. El Diccionario de psicoanálisis la define así:
"Método que consiste en expresar sin discriminación todos los pensamientos que vienen a la mente, ya sea a partir de un elemento dado (palabra, número, imagen de un sueño, representación cualquiera), o de manera espontánea.

La definición propuesta por Charles Rycroft es diferente:
"La técnica de asociación libre comprende tres presupuestos: a) que todas las corrientes de pensamiento tiendan a llegar a lo que es significativo; b) que las necesidades terapéuticas del paciente y la conciencia que tiene de estar en tratamiento conduzcan sus asociaciones hacia lo que es significativo, salvo en la medida en que opere la resistencia; c) que la resistencia se reduzca por la realización y crezca por la concentración."

Con la elección de la palabra "método", Laplanche y Pontalis izquierdizan la invención de Freud. Efectivamente, para servirse de un método, hay que aprehenderlo, como lo hace, por ejemplo, un artesano que se propone producir una forma tangible. Rycroft, capta la asociación libre en su proceso y tiene razón en invocar los tres "presupuestos" en cuestión. Pero ¿Cómo alguien que no supiera nada del método podría tener alguna idea de estos tres "presupuestos"? Así ambos parten del desconocimiento.

Los analistas están obsesionados por ellos mismos. Sólo obtendremos algún beneficio escuchando a aquellos que han dado su vida para escribir lo verdadero del ser humano.
Con el diario de Virginia Wolf, en el día 29 de junio de 1932, encontramos la siguiente nota: "Whenever I suck my pen, my lip is covered with ink 1[Nota de la traductora: Cada vez que chupo mi lapicera, mi labio queda cubierto de tinta]. Por otro lado, Milton, reconocía en las "palabras audaces" la marca de los dioses 2.

Entre el lenguaje épico de Milton y el expediente, muy privado, que hace Virginia Wolf, reside la verdad de la escritura. Allí ella se sostiene, entre el hombre que ha creado a Dios y la mujer que sufre por ser humana. Allí está también, nuestra tarea de analistas, en la imagen que nos queda apres-coup de un tratamiento -se haya fracasado o triunfado en él-.

El hombre es el único animal que decide matarse. De ahí la necesidad para él de escribir, de trascender la muerte por medio de las palabras.
Un tal Du May, autor francés del siglo XVII que nadie parece poder identificar pero que Théophile Gautier cita -pudo escribir: "El hombre no es nada más que un muerto que arrastra su esqueleto".
Tres siglos más tarde, J.-B. Pontalis habla del "trabajo de la muerte", de "muerte activa en nosotros", del "entrelazamiento de lo muerto y de lo vivo"; de la "muerte de la realidad psíquica" a lo que algunos análisis nos enfrentan 3. Y otro psicoanalista francés, Michel de M´Uzan, describe también el "trabajo de la muerte":

"La proximidad del término fatal provoca una especie de clivaje del Yo, que tiene por consecuencia el que se encaminen dos líneas de pensamientos contradictorios. Según una de ellas, en virtud de una verdadera renegación, la muerte simplemente no existe, según la otra, igualmente muy claramente afirmada, no queda más que resignarse o aún desear terminar lo más rápido con ella 4."

"Y creí convencerme de eso por palabras" (Albert Camus, en uno de sus Escritos de Juventud titulado: "La voluntad de mentir").

¿Por qué todas estas citas? ¿A qué me lleva este collage? Hacia una pregunta muy simple, quizás demasiado evidente: ¿Por qué el hombre está tan obsesionado por la muerte, que es absolutamente la única experiencia de la que no tiene ningún conocimiento? Morir (dying), es otra cosa. Pero la muerte (death) es el concepto de un temor que la conciencia humana no puede aprehender. Creo que es este temor el que ha llevado al hombre a inventar el lenguaje, a dejar huellas de lo que ha vivido y de lo que no ha vivido.

En nuestro trabajo clínico, hablamos muy fácilmente del miedo a morir de un paciente (cuando no lo llamamos angustia de castración) pero sin intentar precisar en qué lenguaje él expresa el miedo a la muerte. Porque es de manera singular que cada uno experimenta la muerte, ocultándola de un modo que deja solo. La gran sabiduría de las religiones fue el dotarnos de la metáfora de un Dios testigo de la muerte. Los sacerdotes no han hecho más que ritualizar el pasaje hacia la muerte, del mismo modo que nosotros, a veces, asistimos a aquellos que van a morir -sin poder ayudarlos-, con un lenguaje que nos deja sin recursos. Es esta brecha entre la muerte como acontecimiento inasible, y la persona viviente donde las palabras tratan de tender un puente.

Una cita más para terminar. En este caso se la pido prestada a un niño. Conservémosla en nuestra mente cuando acompañamos a nuestros pacientes, en su necesidad y su capacidad de vivir. Y no olvidemos que esta capacidad a menudo es en ellos más fuerte que en los que se encuentran sentados detrás suyo, parapetados en su silencio omnipotente o bien impartiendo su dogma que les garantiza seguridad y estima de sí.
He aquí este breve poema del niño:

"Ask no questions
And you ´llbe told no lies;
Shut your mouth
And you will catch no flies
5

[N. de la T.: "No hagas preguntas
Y no te contarán mentiras
Cierra tu boca
Y no te entrarán moscas"

Traducido del inglés por J. -B. Pontalis
Nouvelle Revue de Psychanalyse, "Ecrire la psychanalyse", Nro. 16, 1977

1 A Writer´s Diary p. 182.
2 Paradise Lost V, p. 678.
3 Entre el sueño y el dolor, Gallimard, 1977.
4 De l´art a la mort, Gallimard, 1977, p. 195.
5 The Lore and Language of Schoolchildren, Iona et Meter Opie, p. 183.


 



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