Es sólo una necesidad
interior la que me lleva a escribir. Esta necesidad es producida
por todo lo que mi encuentro con el paciente, tanto con
su salud como con su enfermedad, ha acumulado progresivamente
en mí.
No escribo ni para instruir ni para predicar.
Lo hago simplemente para compartir lo que desde mi punto
de vista, es capaz de vivir en la palabra escrita. Porque
la palabra escrita trasciende tanto a las palabras como
a la muerte. No hablaré aquí sino desde mí
mismo.
Una persona llega. Siempre me es derivada
por un médico. Si está enferma o no, no es
algo que decida yo. A menudo, invocar la enfermedad es sólo
una manera peyorativa de decir: este individuo es indeseable,
por sus costumbres -que llamaremos síntomas- o en
razón de su negativa a participar de las necesarias
maquinaciones que ligan entre sí a los seres humanos
-eso que llamaremos cultura y civilización-.
Durante milenios, los hombres han construido
con las palabras tanto como matado con ellas. Le corresponde
a Freud inventar una nueva manera de utilizar las palabras:
la asociación libre. El Diccionario de psicoanálisis
la define así:
"Método que consiste en expresar sin discriminación
todos los pensamientos que vienen a la mente, ya sea a partir
de un elemento dado (palabra, número, imagen de un
sueño, representación cualquiera), o de manera
espontánea.
La definición propuesta por Charles
Rycroft es diferente:
"La técnica de asociación libre comprende
tres presupuestos: a) que todas las corrientes de pensamiento
tiendan a llegar a lo que es significativo; b) que las necesidades
terapéuticas del paciente y la conciencia que tiene
de estar en tratamiento conduzcan sus asociaciones hacia
lo que es significativo, salvo en la medida en que opere
la resistencia; c) que la resistencia se reduzca por la
realización y crezca por la concentración."
Con la elección de la palabra "método",
Laplanche y Pontalis izquierdizan la invención de
Freud. Efectivamente, para servirse de un método,
hay que aprehenderlo, como lo hace, por ejemplo, un artesano
que se propone producir una forma tangible. Rycroft, capta
la asociación libre en su proceso y tiene razón
en invocar los tres "presupuestos" en cuestión.
Pero ¿Cómo alguien que no supiera nada del
método podría tener alguna idea de estos tres
"presupuestos"? Así ambos parten del desconocimiento.
Los analistas están obsesionados
por ellos mismos. Sólo obtendremos algún beneficio
escuchando a aquellos que han dado su vida para escribir
lo verdadero del ser humano.
Con el diario de Virginia Wolf, en el día 29 de junio
de 1932, encontramos la siguiente nota: "Whenever I
suck my pen, my lip is covered with ink 1[Nota
de la traductora: Cada vez que chupo mi lapicera, mi labio
queda cubierto de tinta]. Por otro lado, Milton, reconocía
en las "palabras audaces" la marca de los dioses
2.
Entre el lenguaje épico de Milton
y el expediente, muy privado, que hace Virginia Wolf, reside
la verdad de la escritura. Allí ella se sostiene,
entre el hombre que ha creado a Dios y la mujer que sufre
por ser humana. Allí está también,
nuestra tarea de analistas, en la imagen que nos queda apres-coup
de un tratamiento -se haya fracasado o triunfado en él-.
El hombre es el único animal que
decide matarse. De ahí la necesidad para él
de escribir, de trascender la muerte por medio de las palabras.
Un tal Du May, autor francés del siglo XVII que nadie
parece poder identificar pero que Théophile Gautier
cita -pudo escribir: "El hombre no es nada más
que un muerto que arrastra su esqueleto".
Tres siglos más tarde, J.-B. Pontalis habla del "trabajo
de la muerte", de "muerte activa en nosotros",
del "entrelazamiento de lo muerto y de lo vivo";
de la "muerte de la realidad psíquica"
a lo que algunos análisis nos enfrentan 3.
Y otro psicoanalista francés, Michel de M´Uzan,
describe también el "trabajo de la muerte":
"La proximidad del término fatal
provoca una especie de clivaje del Yo, que tiene por consecuencia
el que se encaminen dos líneas de pensamientos contradictorios.
Según una de ellas, en virtud de una verdadera renegación,
la muerte simplemente no existe, según la otra, igualmente
muy claramente afirmada, no queda más que resignarse
o aún desear terminar lo más rápido
con ella 4."
"Y creí convencerme de eso por
palabras" (Albert Camus, en uno de sus Escritos de
Juventud titulado: "La voluntad de mentir").
¿Por qué todas estas citas?
¿A qué me lleva este collage? Hacia una pregunta
muy simple, quizás demasiado evidente: ¿Por
qué el hombre está tan obsesionado por la
muerte, que es absolutamente la única experiencia
de la que no tiene ningún conocimiento? Morir (dying),
es otra cosa. Pero la muerte (death) es el concepto de un
temor que la conciencia humana no puede aprehender. Creo
que es este temor el que ha llevado al hombre a inventar
el lenguaje, a dejar huellas de lo que ha vivido y de lo
que no ha vivido.
En nuestro trabajo clínico, hablamos
muy fácilmente del miedo a morir de un paciente (cuando
no lo llamamos angustia de castración) pero sin intentar
precisar en qué lenguaje él expresa el miedo
a la muerte. Porque es de manera singular que cada uno experimenta
la muerte, ocultándola de un modo que deja solo.
La gran sabiduría de las religiones fue el dotarnos
de la metáfora de un Dios testigo de la muerte. Los
sacerdotes no han hecho más que ritualizar el pasaje
hacia la muerte, del mismo modo que nosotros, a veces, asistimos
a aquellos que van a morir -sin poder ayudarlos-, con un
lenguaje que nos deja sin recursos. Es esta brecha entre
la muerte como acontecimiento inasible, y la persona viviente
donde las palabras tratan de tender un puente.
Una cita más para terminar. En este
caso se la pido prestada a un niño. Conservémosla
en nuestra mente cuando acompañamos a nuestros pacientes,
en su necesidad y su capacidad de vivir. Y no olvidemos
que esta capacidad a menudo es en ellos más fuerte
que en los que se encuentran sentados detrás suyo,
parapetados en su silencio omnipotente o bien impartiendo
su dogma que les garantiza seguridad y estima de sí.
He aquí este breve poema del niño:
"Ask no questions
And you ´llbe told no lies;
Shut your mouth
And you will catch no flies 5
[N. de la T.: "No
hagas preguntas
Y no te contarán mentiras
Cierra tu boca
Y no te entrarán moscas"
Traducido del inglés por J.
-B. Pontalis
Nouvelle Revue de Psychanalyse, "Ecrire la psychanalyse",
Nro. 16, 1977
1
A Writer´s Diary p. 182.
2 Paradise Lost V, p.
678.
3 Entre el sueño
y el dolor, Gallimard, 1977.
4 De l´art a la
mort, Gallimard, 1977, p. 195.
5 The Lore and Language
of Schoolchildren, Iona et Meter Opie, p. 183.