Reseña
del artículo por Daniel Ripesi :
René
Roussillon escribe el presente trabajo en ocasión
de un coloquio convocado para pensar al tema de la
transferencia en los " casos límite ".
Los organizadores habían sugerido a los participantes
trabajar a partir de un artículo en el que
Margaret Little comenta las alternativas de su propio
tratamiento psicoanalítico con D.W.Winnicott
. Roussillon destaca entonces, en dicho trabajo, dos
aspectos que hacen a una cuestión metodológica
y epistemológica: El primero, concierne al
manejo técnico de Winnicott en la dirección
de esa cura, según puede deducirse de los comentarios
referidos por M. Little en su artículo. Ella
misma refiere que los momentos centrales de la transferencia
en dicho tratamiento fue de carácter "
delirante " (en el marco, según se nos
aclara, de una seria dificultad para diferenciar la
representación de la cosa misma). En tal sentido,
este texto se propone, para Roussillon, como un resto
transferencial no elaborado en el curso del tratamiento
de M. Little (abarcando aspectos delirantes, como
no-delirantes de la transferencia, vinculados a la
homosexualidad primaria
(1) de
M. Little y a sus identificaciones maternas encubiertas).
Desde otro punto de vista, nuestro autor destaca que
esta cura, que se desarrolla entre los años
'49 al '55-'56, precede a los más importantes
desarrollos conceptuales de Winnicott (Objeto transicional,
la capacidad de estar a solas en presencia de alguien,
la tendencia antisocial, etc.). De modo que puede
pensarse que la transferencia delirante a la que Winnicott
se encuentra enfrentado en este tratamiento le impone
la posterior elaboración de dichos desarrollos.
En ausencia de ellos, asistimos -según leemos
en este artículo- a un manejo del setting en
el que ciertos aspectos específicos del comportamiento
de Winnicott toman el lugar de eventuales interpretaciones
(que hubieran podido hacerse con tales herramientas
teóricas aún no elaboradas). Lo cierto
es que en el marco de una transferencia delirante,
Roussillon observa que no hay subjetivación
de los conflictos en términos de representación,
y -como lo decía Winnicott, en tales casos-
<< el diván del analista no simboliza
a la madre, si no que es la madre misma >>.
Realidad y representación, adentro-afuera,
yo-no yo, sujeto-objeto ya no son discriminados pues
hay un serio trastorno de los juicios de atribución
y existencia, en una desorganización tópica
que se traduce en la transferencia delirante. Tal
estado de cosas genera una situación paradojal
debido a la posición en la que queda el analista
en estos casos. El problema que se plantea es terminar
interpretando lo que se juega en la transferencia
en términos de deseo inconsciente del sujeto
cuando, en rigor, lo que reina es una confusión
psíquica que testimonia la incapacidad de subjetivizar
un deseo, ya sea libidinal o destructivo.
Las problemáticas planteadas en la transferencia
delirante fueron repensadas -en un raconto formulado
por Roussillon en este artículo-, a partir
de Bion (quien pone el acento en los trastornos del
<<pensar>> en estos sujetos), y, más
tarde, por André Green y J.L.Donnet (1973)
quienes, más allá del mecanismo de represión
de las representaciones, observan una severa falla
en los procesos de la <<apropiación representativa>>
en sí misma, y en el carácter no representado
de la experiencia subjetiva y de la identidad. Es
a partir de estas observaciones que se inscribe la
elaboración personal de R. Roussillon. Él
nos propone desdoblar el problema de la representación
siguiendo los dos sistemas representativos descriptos
por Freud : representación de palabra y la
representación cosa de la representación
(haciendo de esta última un mediador entre
la identidad de percepción y de pensamiento,
llamándola <<medium-maleable>>
). En tanto la función auto-representativa,
en los casos límite, está dañada
los procesos internos del analizante son difíciles
de descubrir y, en consecuencia, analizar. Estarán
permanentemente acechando en lo actual -sin perspectiva
histórica que permita resignificaciones posibles-,
por una confusión entre realidad material y
realidad psíquica. Las dificultades en el análisis
de estos pacientes están incrementadas por
la tendencia narcisista de ellos a asimilar la causa
de todo lo que se produce a sí mismos. Además
tienden a actuar -por externalización de los
conflictos- contra la culpabilidad que dicha asimilación
provoca.
En el marco de estas dificultades, Roussillon nos
hace observar cómo Winnicott opera un particular
manejo del encuadre analítico (preocupación
efectiva por las necesidades planteadas por su paciente,
prolongación de las sesiones, contacto físico,
intervención en cuestiones de la vida cotidiana
de la analizante, etc.). Estas intervenciones deberán
pensarse en el difícil equilibrio que imponen
estos pacientes, y que oscila entre, un manejo que
puede amenazar la interrupción del proceso
analítico -en los términos que suponemos
más aceptables para un psicoanálisis
-libre asociación, escucha libremente flotante-
o, en su defecto, si dichos manejos no se operaran,
la posible interrupción de la cura o el riesgo
concreto del propio paciente en su vida. Roussillon
leerá de qué modo este riesgo puede
ser considerado -en este caso- tomando en cuenta su
concepto de homosexualidad primaria.
Para Roussillon, con el <<Temor al derrumbe>>,
Winnicott ampliará la penetración teórica
de ciertas manifestaciones psicóticas que ya
empiezan a desarrollarse con Freud en " Construcciones
en el análisis ", en donde intenta una
aproximación a los procesos delirantes y, por
lo tanto a la transferencia. Se comprenderá,
entonces, que lo apostado en la alucinación
y el delirio no hacen al deseo de un sujeto, sino
la repetición de una situación traumática
primaria, sometida a la compulsión de repetir.
La alucinación delirante concierne al retorno
perceptivo-alucinatorio de experiencias subjetivas
que no han podido ser simbolizadas, representadas,
y que amenazan la integración del sujeto. El
analista deberá estar en estos casos en <<persona>>,
es decir no interpretando pues -por lo apuntado en
el sentido de la no simbolización existente
en el sujeto-, al interpretar descalificaría
y rechazaría la realidad psíquica comprometida
en la transferencia. El analista buscará despejar,
con estos pacientes, el sentido histórico de
ese compromiso transferencial compulsivo, es decir,
deberá reconstruir qué tipo de experiencias
vividas por él -y no simbolizadas- están
siendo actualizadas o están en curso de actuarse
en transferencia. Es decir, no interpreta sino que
reconstruye la experiencia subjetiva no-subjetivizada
que se infiltra en el presente perceptivo del sujeto
en cuestión. Ayuda a pensar al paciente cómo
y porqué él ha interiorizado los primeros
cuidados recibidos en su etapa de dependencia absoluta
(siendo infans), cuando su estructura psíquica
era incapaz de metabolizar fallas severas ocurridas
en ese período, analizando las primeras identificaciones
narcisistas y las primeras incorporaciones.
Para concluir, Roussillon introduce el tema del <<autoengendramiento>>,
trabajado por algunos analistas, en tanto fantasía
central de la transferencia delirante, y de un modo
más general, en las problemáticas llamadas
narcisístiscas-identificatorias. El autoengendramiento
es pensado en relación a la negación
de la sexualidad parental, como el rechazo -por parte
del sujeto- de haber sido concebido por la relación
sexual de los progenitores.
A
continuación ofrecemos la versión original
del artículo que acabamos de comentar :
COLLOQUE
TRANSFERT ÉTATS-LIMITES
R
ROUSSILLON.
Introduction.
Avant d'en venir au vif du sujet qui nous réunit,
la question du transfert dans les états-limites,
la question, comme M Little la nomme, du <<transfert
délirant>>, différents points
méthodologiques me paraissent nécessaires
à préciser. Les organisateurs du colloque
nous ont proposé de travailler à partir
de l'article de M Little consacré à
sa cure avec Winnicott, article-cible tout à
fait passionnant, mais qui appelle deux remarques
méthodologiques et épistémologiques.
La première concerne ce que l'on peut inférer
de ce récit de la <<technique>>
de Winnicott. M Little raconte la cure de son point
de vue, avec sa mémoire propre des événements
de la cure, c'est-à-dire compte tenu de son
transfert sur celle-ci, et des séquelles de
ce transfert qui ne peuvent manquer de continuer d'exister
quand elle rédige, beaucoup plus tard, ce récit
de cure. L'existence même de la nécessité
de ce récit témoigne déjà
que quelque chose de ce transfert n'est pas <<liquidé>>,
-le transfert est-il jamais complètement <<liquidable>>?-
ou du moins pas suffisamment élaboré
pour en rendre le récit caduque. M Little dit
elle-même qu'une caractéristique des
moments de transfert central dans cette cure est précisément
son aspect <<délirant>>, c'est-à-dire
la difficulté et la nécessité
de différencier la représentation, de
la chose elle-même. Le caractère militant
qui transparaît dans le texte n'est-il pas le
témoin de ce que quelque chose de ce transfert
continue d'être au travail dans la rédaction
de l'article. Je propose de considérer que
ce texte continue d'être pris dans le transfert,
qu'il constitue un effort pour tenter de faire entendre
quelque chose en reste dans l'élaboration de
cette cure, peut-être d'ailleurs quelque chose
qui concerne cette fois aussi les aspects non-délirants
du transfert sur Winnicott versus Ella Sharpe, peut
être aussi quelque chose qui concerne la question
du <<sexuel>>dans ces cures et son lien
avec l'homosexualité primaire de M Little et
la question de ses identifications maternelles masquées
.
Dans la mesure où précisément
le texte de M Little n'est pas <<délirant>>
nous pouvons néanmoins considérer qu'il
témoigne quand même d'une une certaine
<<réalité>>de la manière
dont Winnicott s'est comporté dans cette cure.
Ce qui permet à nos réflexions et à
nos échanges sur ce texte et ce qu'il engage
du type de travail psychanalytique effectué
par Winnicott, de trouver quand même une certaine
consistance. À cet égard une autre remarque
méthodologique s'impose néanmoins.
La cure de M Little se déroule des années
1949 à 1955-56, c'est-à-dire avant les
principales propositions théorico-cliniques
de Winnicott qui apparaissent à partir de 1958
-l'objet transitionnel, la tendance anti-sociale,
la capacité d'être seul en présence
de l'autre, la place du clivage, la culpabilité,
l'utilisation de l'objet, la crainte de l'effondrement
et les paradoxes du narcissisme que ces différents
concepts impliquent. On peut assez légitimement
penser que ces concepts sont précisément
issus de la réflexion de Winnicott concernant
le type de transfert auquel fait référence
M Little, qu'ils ont été précisément
forgés pour rendre possible les aménagements
théorico-cliniques indispensables pour pouvoir
se passer des aménagements du setting analytique
auxquels Winnicott se trouve contraint dans cette
cure
(2)
C'est quand on ne dispose pas des concepts et processus
ad-hoc pour jouer dans l'analyse du transfert
que l'on est amené à jouer avec le dispositif
? C'était vrai de Freud à ses débuts,
de Ferenczi pendant les années de recherche
techniques, c'est aussi vrai pour Winnicott dans les
années cinquante. Je pense personnellement,
et Winnicott le laisse entendre à différentes
reprises dans ses écrits, quand il évoque
des périodes de sa pratique où il ne
possédait pas encore les techniques ou les
aptitudes internes adéquates pour faire face
au type de situation transférentielle qu'il
décrit, qu'au fur et à mesure que la
compréhension progresse et que la recherche
clinique se développe, les aménagements
du setting sont de moins en moins nécessaires,
du moins dans une certaine limite. Quand on sait quoi
faire ou dire <<psychanalytiquement>>,
quand se réduit le désarroi voire la
détresse de l'analyste face au transfert auquel
il est confronté, les aménagements de
la situation psychanalytique, les réponses
par le comportement de l'analyste, se réduisent
d'autant, ou prennent un tout autre sens. Mais dans
la période qui précède la <<découverte>>
conceptuelle ou théorico-clinique, ceux-ci
sont sans doute inévitables pour permettre
au processus de se prolonger. Nous reviendrons plus
loin sur certains aspects spécifiques des <<comportements>>
de Winnicott décrits par M Little pour montrer
comment ils viennent à la place d'une interprétation
de certaines particularités de l'histoire de
M Little. Mais avant il est sans doute nécessaire
de reprendre la question clinique du transfert délirant.
Le
transfert délirant.
Il correspond à ce que A Green a décrit
sous la forme de la <<folie privée>>,
c'est-à-dire une forme de folie localisée,
circonscrite, qui n'empêche pas une certaine
réussite sociale -M Little est médecin,
elle fait partie des analystes reconnus de la société
Britannique de psychanalyse etc.-. La folie de transfert
correspond à la mise en analyse un noyau d'expériences
psychiques non-représentées, non-symbolisées
et plus particulièrement encore, non-subjectivée.
Transférée dans la situation analytique,
amenée à l'analyse dans le transfert,
cette folie privée, clivée pour majeure
partie des processus intégrateurs centraux
de la personnalité, va produire ce que j'ai
proposé d'appeler une <<situation-limite>>
de la psychanalyse et de la situation analysante.
Elle met en crise les paramètres habituels
de l'analyse du transfert, menace l'organisation du
champ de l'illusion nécessaire à l'utilisation
psychanalytique de la configuration transférentielle.
À la place de l'illusion nécessaire
au déploiement et à l'analyse de la
constellation transférentielle, en termes de
réalisation de désirs infantiles et
de sa reprise adolescente, le site analytique se voit
envahi par des formes de confusion (3)
psychique ou de défenses contre la confusion
psychique.
L'interprétation dynamique du transfert, la
psychanalyse du transfert, suppose en effet que ce
qui est vécu en séance dans la relation
à l'analyste ou à propos des séances,
puisse être traité comme une représentation,
une re-présentation, une reprise de ce qui
a été vécu ailleurs et autrefois,
en présence des objets significatifs de l'histoire
de l'analysant. Ceci suppose que se mette en place
une illusion transférentielle spécifique,
organisée par un paradoxe dans lequel la chose
est vécue dans le présent, actualisée
-c'est l' <<agieren>>- et reste interprétable
comme représentation, comme réédition
ou recomposition d'un fragment du passé. C'est
ce paradoxe qui manque à pouvoir s'organiser
véritablement dans le transfert délirant,
dans lequel la chose psychique se donne pour elle-même
et seulement pour elle-même, sans être
subjectivable comme une représentation psychique.
C'est ce que la formulation de Winnicott, reprise
par M Little, énonce clairement <<Le
divan de l'analyste ne symbolise pas la mère
de l'analysant, il est la mère de celui-ci>>.
Réalité et représentation, dedans
et dehors, moi et non-moi, sujet et objet, ne sont
plus dès lors différentiables, le sujet
est en proie à un trouble aussi bien du jugement
d'attribution que du jugement d'existence, à
une désorganisation topique qui se traduit
par le transfert délirant. Cette configuration
transférentielle place l'analyste dans un double-bind,
dans une double contrainte, à l'origine d'une
situation paradoxale : interpréter la <<réalité>>,
subjectivement vécue comme telle par l'analysant,
comme s'il s'agissait d'une représentation
psychique, revient à disqualifier soit la perception
et le vécu de réalité objective,
soit la réalité psychique elle-même.
Là où l'interprétation devrait
accroître le processus de subjectivation, elle
risque d'aboutir à une disqualification de
la subjectivité, à une révolte
qui menace d'une rupture du lien, ou à une
soumission passive à celui qui se présente
alors comme un type d'agresseur. C'est par exemple
ce qui semble se passer dans la cure avec Ella Sharpe.
Le problème n'est pas alors, comme le croît
M Little dans son article, d'interpréter l'Oedipe
ou le sexuel -ou la destructivité comme le
recommanderont plus tard les auteurs Klienniens- ou
d'interpréter autre chose, le problème
est de négliger la confusion psychique dans
laquelle le sujet se trouve. Le problème est
d'interpréter ce qui se joue dans le transfert
comme le fruit du désir inconscient du sujet,
là ou la confusion psychique dans laquelle
celui-ci se trouve témoigne de son incapacité
à faire émerger un désir subjectivable
(4),
quel qu'il soit, libidinal ou destructif ou autre,
là où c'est la question d'une différenciation
moi-non moi qui se trouve au centre du processus.
Ce qui nous conduit à développer quelques
considérations sur la théorie des états
délirants ou des états aliénés
de la subjectivité.
La
représentation de la représentation.
L'évolution de la clinique et de la théorie
des états aliénés de la subjectivité,
ceux qui sont sous-jacents aux mouvements de transferts
délirants, tend en effet à situer maintenant
le problème central de ceux-ci moins dans des
contenus fantasmatiques particuliers que dans le processus
de traitement psychique de ceux-ci. Cela revient à
déplacer l'accent du travail psychanalytique
d'interprétation du problème des contenus
psychiques au problème des contenants de pensée,
du problème du fantasme au problème
des processus psychiques et de la confusion qui s'établit
au sein de ceux-ci.
Il revient sans doute à W Bion d'avoir mis
l'accent sur le trouble du <<pensoir>>qui
s'observe dans les processus délirants et dans
les états psychotiques. Le concept <<d'attaque
des liens>> qu'il propose déplace l'accent
de la relation à l'objet en direction des processus
psychiques eux-mêmes et de l'activité
représentative, en direction de l'activité
de liaison. À sa suite, A Green et JL Donnet
(1973) soulignent que la difficulté principale
est alors à rechercher moins du côté
du refoulement de représentations particulières
que du côté de l'échec du processus
d'appropriation représentative lui-même,
du caractère non représenté de
l'expérience subjective et de l'identité
.
(5)
À côté de l'analyse <<du
fragment du ça>> (Freud 1937) qui souligne
l'importance de la destructivité dans les états
aliénés de la subjectivité, il
est donc nécessaire de mener l'analyse conjointe
des <<fragments du Moi>> (Freud 1937)
et de fragments de la relation du Moi-sujet à
lui-même. C'est dans cette direction que depuis
1978 et à la suite des travaux de W Bion et
de A Green, je poursuis mon élaboration personnelle.
Celle-ci m'a conduit à situer le problème
essentiel dans la difficulté, aux frontières
du ça et du moi-sujet, c'est-à-dire
aux frontières du processus de subjectivation,
à organiser une représentation de la
représentation, une représentation de
l'activité représentative elle-même.
J'ai (6)
aussi proposé de compléter les propositions
de A Green et de dédoubler le problème
de la représentation de la représentation
suivant les deux systèmes représentatifs
décrits par Freud, la représentation-mot
de la représentation et la représentation-chose
de la représentation (objet médium-malléable,)
qui apparaît comme un complément à
la théorie de la transitionnalité (7)
de Winnicott. J'ai proposé de faire de la représentation
de chose de la représentation, le médium-malléable,
l'opérateur de la différence entre la
recherche de l'identité de perception et celle
de l'identité de pensée, donc aussi
le problème pivot de la différence dedans-dehors,
moi-non moi, ou encore sujet-objet.
Les travaux des neuro-biologistes actuels (en particulier
M Jeannerod et coll, Frich et Sisley) qui proposent
de voir dans un trouble de la métareprésentation
(8) et de l'attribution (9)
qui en résulte, le point nodal des états
psychotiques de la subjectivité, vont, il faut
le souligner, dans le même sens.
Ainsi compris le problème posé à
l'analyste par le transfert délirant présente
deux difficultés majeures.
Si la fonction auto-représentative est défaillante
le processus interne de l'analysant sera difficile
à repérer et à analyser, il sera
toujours guetté, dans l'actuel, par une confusion
entre réalité matérielle actuelle
et réalité psychique.
La difficulté sera accrue par la tendance,
historique et actuelle, du sujet à s'assimiler,
narcissiquement
(10), la cause de tout
ce qui se produit, ou de ce qui s'est historiquement
passé, et à réagir, le plus souvent
par externalisation secondaire, contre la culpabilité
et le harcellement interne que cette assimilation
provoque. L'ombre de l'objet tend ainsi à être
attirée dans le moi et à lui être
assimilée en se confondant avec le processus
d'intériorisation.
En 1954, G Bateson, a formulé l'une des questions
essentielles du paradoxe de l'analyse du transfert.
Celle-ci suppose que l'analysant puisse à la
fois vivre pleinement, dans l'actuel de la cure, les
affects transférentiels qui viennent à
s'y déployer, et en même temps accepter
que ceux-ci soient entendus et interprétés
dans leur valeur historique de re-présentations
issues de la relation antérieure aux objets
significatifs de son histoire -l'affect, S Freud 1926,
porte la mémoire d'ébranlements traumatiques
de la préhistoire du sujet -. Une telle conjoncture
suppose une transitionnalisation du processus psychanalytique
liée, selon G Bateson, à la fonction
du cadre qui délimite l'espace-temps au sein
duquel les affects et convictions, présents
pendant l'analyse, peuvent être compris et traités
comme valant aussi pour autre chose que ce qu'ils
veulent dire en première intention. Comme les
formulations plus modernes le proposent, le cadre
<<symbolise la symbolisation>>, il symbolise
que ce qui se développe dans la situation analysante
puisse advenir au statut de représentation
et non plus rester comme un état <<en
soi>>.
Dans le développement des transferts délirants,
le cadre psychanalytique <<classique>>
n'assure plus cette fonction, ou ne l'assure plus
que très partiellement. Soit l'analysant se
" soumet " aux interprétations qui
lui sont proposées, mais celles-ci perdent
toute générativité symbolisante
vraie, soit il se révolte contre ce qui lui
paraît être un abus, une violence, et
met alors en danger le maintient d'une situation analysante.
C'est là que la question des aménagements
se pose. Elle se pose soit dans l'aménagement
du dispositif, dans l'introduction d'un <<supplément
de cadre>> censé pallier les défaillances
ou l'insuffisance de celui de la situation "
classique ", ou dans l'aménagement de
la technique interprétative.
Dans les deux cas, la fonction des aménagements
est de tenter de maintenir la situation analysante,
et pour cela de tenter d'offrir un démenti
de fait aux éléments <<délirants>>
du transfert. Démentir les aspects délirants
du transfert ne signifie pas, bien sûr, refuser
ceux-ci, les dénoncer ou les repousser d'une
manière ou d'une autre, et l'on sait que nombre
d'interprétations à ce niveau, quelle
que soit leur pertinence, fonctionnent de fait comme
telles, ce qui complique la tâche de l'analyste.
Démentir désigne plutôt ici ce
que doit faire ou dire l'analyste pour être
en position de rendre interprétable, effectivement
interprétable, ce qui se répète
ainsi sur la scène analytique. Il y a en quelque
sorte, un préalable à l'interprétation,
préalable destiné à rendre celle-ci
acceptable et mutative.
Ici le recours habituel est celui qui cherche à
d'utiliser la perception pour essayer de démentir
l'élément délirant et tenter
de faire pièce à l'activation hallucinatoire
qu'elle implique toujours. Le recours le plus répandu
est celui d'un aménagement du cadre qui offre
un surcroît de perception actuelle. Par exemple
le passage en face à face, Winnicott ne l'utilise
pas avec M Little, ou encore les actes ou actions
de l'analyste qui visent à donner des signes
manifestes d'une bienveillance ou d'une préoccupation
effective pour les besoins affichés ou repérés
de l'analysant, c'est plutôt à ceux-ci
que Winnicott semble avoir recours. Il tient la main
de sa patiente pendant les moments de détresse,
allonge les séances, se préoccupe de
l'organisation concrète de ses vacances ou
de ses hospitalisations, il intervient dans l'organisation
effective de sa vie quotidienne.
Nous n'avons pas à juger ici de la valeur éthique
des aménagements proposés par Winnicott
à l'époque de la cure, ceux que nous
connaissons selon le témoignage de M Little,
ce qui ne nous empêche pas de chercher à
les penser et à penser leur fonction et leurs
effets éventuels. Le recours à des aménagements
de la situation analytique coûte toujours quelque
chose au processus analytique, l'absence d'aménagements
peut coûter l'enjeu même de la cure, voire
la vie du patient. Le choix ne se pose sans doute
pas donc en des termes simples et non ambigüs,
seuls ceux qui n'ont jamais engagé de processus
<<aux limites de l'analysable>> trancheront
pour condamner les agissements de Winnicott.
Son parti pris évident est de tenter de démentir
ainsi l'aspect délirant du transfert d'une
imago maternelle chaotique, insaisissable, sans empathie,
toxique dans ses critiques, incapable d'apporter la
base de sécurité nécessaire à
la construction de soi, souvent folle. Tenter de permettre
à M Little d'effectuer une épreuve d'actualité
(S Freud 1915) en lui fournissant un environnement
actuel <<suffisamment bon>> et en lui
permettant d'effectuer ainsi l'expérience subjective
d'un objet-miroir fiable de soi et ses états
internes.
On le pressent l'écart ici impliqué
entre l'objet, tel qu'il aurait dû, pû,
être et l'analyste se trouve considérablement
réduit. Il n'est guère mis au travail
par l'opposition bonne/mauvaise mère. M Little
peut elle plus dans l'état de détresse
dans lequel elle se trouve ? Cependant Winnicott met
en acte la fonction miroir de l'analyste, il ne semble
rien réverbérer à sa patiente
de la question du miroir maternel initial, de ses
identifications narcissiques, ni de ce que l'on appellerait
maintenant son homosexualité primaire. La conviction
de l'analysante est entraînée, mais au
pris d'une désexualisation du transfert sans
laquelle les aménagements corporels que propose
Winnicott ne seraient pas tolérables. C'est
là le prix à payer, était-il
évitable compte tenu de la théorie du
sexuel de l'époque -telle qu'elle apparaît
par exemple dans la cure avec Ella Sharpe. Comment
le savoir ?
Mais on peut remarquer qu'ainsi se répète
et risque de se perpétuer dans l'analyse la
répulsion maternelle à l'égard
de la sexualité et du sexuel, répulsion
sensible dans les éléments de rejet
corporel maternel primaire que l'on peut supposer
à la lecture du texte de M Little et à
l'écoute de son histoire clinique. C'est là
tout le problème d'une analyse centrée
sur le traumatisme précoce qui ne prend pas
en compte les éléments de l'homosexualité
primaire, et qui ne peut les prendre en compte du
fait de la relation actuelle dans l'ici et maintenant
de la séance. Tenir les mains de la patiente
dans ses états de détresse permet de
démentir qu'elle soit repoussante, cela ne
permet pas d'analyser les expériences précoces
qui la rendent inconsciemment repoussante pour elle-même.
À ce sujet on remarquera aussi que dans l'histoire
clinique racontée par M Little il y a aussi
une scène où l'un tient les mains de
l'autre, la mère de M Little dans cette scène,
tient les mains de sa fille pour se calmer elle-même.
Quelque chose semble se <<retourner>>
entre la scène historique et celle du transfert,
ce retournement, dont on trouvera de nombreux exemples
dans le texte, qui contient toute la problématique
de l'identification narcissique de la patiente à
sa mère, toute la problématique de la
manière dont la fille est le <<miroir>>
de sa mère, ce retournement n'est pas, n'est
plus interprétable. L'était-il à
l'époque, il nous faudrait ici avoir le témoignage
de Winnicott sur cette cure.
Peut-on aller au-delà concernant la prise en
compte et l'élaboration psychanalytique des
transferts délirants ?
Le
travail de <<Construction en analyse>>.
Je ne sais pas pourquoi les propositions que formulent
S Freud dans les derniers chapitres de <<Construction
en analyse>>, n'ont pas eu le retentissement
qu'elles auraient méritées. Je rappelle
que Freud propose les principes d'un fondement de
l'analyse des délires et sans doute au-delà
des moments psychotiques de l'analyse. Peut-être
fallait-il qu'elles soient éclairées
par l'article de Winnicott sur la <<Crainte
de l'effondrement>>, qui donne tout son sens
à la généralisation à
la psychose et au délire de la formulation
de Freud de 1894 <<L'hystérie (On) souffre
de réminiscence>>, que celui-ci propose
pour terminer son article.
Dès lors, avance Freud, il s'agirait de <<fonder>>
l'approche psychanalytique des processus délirants,
et donc du transfert délirant ", sur le
fait de reconnaître <<le noyau de vérité
historique>> engagé dans la formation
délirante, une fois celui-ci dégagé
de ses appuis et déguisements actuels. Freud
propose ainsi un véritable programme de travail.
Mais celui-ci n'est pleinement intelligible que s'il
est complété par une théorie
de la " réminiscence " et du type
de réminiscence impliqué par l'hallucination
et le délire. L'hallucination impliquée
dans la réminiscence délirante ne peut
guère être pensée si l'on s'en
tient à une théorie de l'hallucination
dérivée de celle de la réalisation
hallucinatoire du désir. Le désir suppose
un sujet, fut-il celui de l'inconscient, un sujet
non aliéné, non abusé, un sujet
différencié de manière suffisante,
c'est-à-dire aussi un sujet capable de symbolisation.
Les événements référés
par Freud appartiennent à la préhistoire
du sujet, ils sont événements <<vus
et entendu>>, j'ajouterais senti et éprouvés,
à une époque qui précède
l'émergence du langage, qui sans doute ajouterait
Winnicott si c'était là son langage,
n'ont pas été symbolisés, ni
subjectivement approprié. L'enjeu même
du travail psychanalytique de reconstruction serait
d'ailleurs précisément leur symbolisation
et leur appropriation subjective.
L'enjeu donc face à l'hallucination et au délire
est donc déjà de reconnaître que
l'hallucination ici ne concerne pas le désir
du sujet mais à l'inverse, la répétition
d'une situation traumatique primaire <<au-delà
du principe du plaisir>>, soumise à la
compulsion, la contrainte, de répétition.
L'hallucination délirante n'est pas une réalisation
hallucinatoire du désir, la confusion entre
les deux est à la base de l'échec de
l'approche psychanalytique des processus dits psychotiques.
L'hallucination délirante concerne le retour
perceptif-hallucinatoire d'expériences subjectives
qui n'ont pu être symbolisées, représentées,
et qui hantent, en souffrance d'intégration
subjective, les alcôves de la psyché.
Elles sont psychiques mais non représentées,
elles appartiennent à la réalité
psychique, elles ont des effets psychiques, mais elles
ne sont pas perçues et appréhendées
par le sujet comme des représentations, comme
des re-présentations, comme des présentations
secondes, différées : elles s'actualisent
dans le transfert, elles sont toujours actuelles faute
d'être subjectivement perçues comme des
formes de re-présentation.
Dans un tel contexte, l'interprétation portant
sur l'ici et maintenant ne peut que les <<actualiser>>
encore plus, que les intensifier encore plus, c'est
ce que semble faire E Sharpe si l'on en croit M Little.
L'interprétation visant l'ici et maintenant
est nécessaire quand il s'agit d'intensifier
le déploiement du transfert, son actualisation
en cours de séance, c'est-à-dire quand
le sujet maintient éloigné de la scène
analytique affects et représentations transférentielles.
Quand au contraire, comme cela semble être le
cas dans la cure de M Little, les affects ont envahi
en masse la scène transférentielle,
quand le transfert prend la forme d'un transfert délirants,
il faut s'en tenir aux deux propositions de Freud
citées plus haut.
Dégager le noyau de vérité historique
de ses appuis et déguisements <<actuels>>.
C'est, nous l'avons vu, l'enjeu des aménagements
techniques qui visent à démentir leur
actualité. L'analyste va devoir être
là <<en personne>> comme le propose
Winnicott mais aussi D Anzieu (1980). Non plus là
comme analyste, c'est-à-dire comme interprétant,
ce qui ne ferait que disqualifier et rejeter la réalité
psychique engagée dans le transfert, mais comme
celui qui démentit la répétition,
l'actualisation du traumatisme.
Mais ensuite il doit aussi être là comme
analyste, c'est-à-dire comme celui qui cherche
à dégager le sens historique de ce qui
est engagé, comme celui qui tente de reconstruire
quelles expériences sont ainsi en train d'être
réactualisées. Il n'interpréte
pas le désir du sujet, il reconstruit l'expérience
subjective non-subjectivée qui infiltre le
présent perceptif du sujet. Il aide au sein
de cette expérience, à différencier
ce qui appartient au sujet et ce qui relève
des particularités de son environnement de
l'époque, il aide ainsi à la ré-externalisation
de ce que la confusion première avait assimilée
de l'objet. Il aide le sujet à penser comment
il a intériorisé les particularités
de son environnement premier, comment et pourquoi
: c'est là l'analyse des identifications narcissiques,
des incorporations premières. Mais c'est là
aussi ce que Winnicott désigne par la question
de l'utilisation de l'objet, il faudrait d'ailleurs
dire plutôt l'analyse de l'inutilisabilité
de l'objet, de ce en quoi il a faillit aux besoins
précoces du moi du sujet, ceux qu'il est nécessaire
de pourvoir pour que le travail d'appropriation subjective
et de symbolisation puisse s'effectuer.
Enfin, enfin seulement, quand sujet et objet ont repris
leurs places et parts respectives, et le travail peut
être long, il interprète alors les désirs
du sujet et les mouvement narcissiques de celui-ci
qui n'ont jamais manqués, chemin faisant, de
venir se <<mêler à la conversation>>
pour surinterpréter celle-ci. La reconstruction
de la problématique de l'utilisation de l'objet,
tente de reconstruire ce qui a ou n'a pas pu avoir
lieu dans la rencontre avec l'objet <<en soi>>,
l'analyse des désirs et mouvements narcissiques
du sujet concerne ce que le sujet, par l'entremise
des paramètres du sexuel infantile, a pu ou
n'a pas pu en faire dans son travail d'appropriation
et d'intériorisation subjective, c'est-à-dire
comment cette histoire devient ou échoue à
devenir <<pour soi>>.
Si le travail psychanalytique concerne bien le processus
de transformation psychique produit par le sexuel
précoce et infantile, s'il concerne bien l'après-coup
de ce qui a pu être traumatique dans l'histoire
d'un sujet, la manière dont les événements
et relations qui ont affecté son développement
ont pu affecter sa structuration, ce travail ne peut
s'effectuer, dans le registre des états-limites
de la subjectivité, sans une représentation
relativement précise des relations et événements
eux-mêmes, <<en soi>>.
En d'autres termes l'objet n'est pas seulement à
symboliser dans et par son absence, son absence effective,
et la relation de celle-ci à un autre objet,
il est aussi à symboliser dans son mode de
présence, dans ce qui déborde celle-ci,
ou dans ce qui est trop absent dans sa présence
même.
Je terminerais en faisant le lien de ce travail avec
la question, centrale dans la question du transfert
délirant et d'une manière plus générale
dans celle des problématiques narcissiques-identitaires,
de l'auto-engendrement. L'auto-engendrement a été
principalement pensé en relation avec le déni
de la sexualité parentale, avec le refus du
sujet d'être le produit de la relation sexuelle
de ses géniteurs. Il a été pensé
comme auto-engendrement matériel, corporel.
Les formes de la problématique narcissique-identitaire
présente chez les états limites amènent
à compléter cette description.
L'auto-engendrement impliqué ici n'est généralement
pas un auto-engendrement corporel, ce n'est pas là
que le délire porte son impact, il s'agit d'un
auto-engendrement psychique, celui qui résulte
de l'effacement, dans la construction reconnue de
soi, de la part que les objets significatifs de l'histoire
ont pu prendre, d'une négation des processus
d'identification narcissique qui sous-tendent le fonctionnement
psychique. Ainsi chez M Little la haine pour la mère,
mise en avant dans le transfert, masque les identifications
narcissiques à celle-ci, et l'homosexualité
primaire qui leur est sous-jacente. Mais les identifications
narcissiques paternelles sont aussi bien peu analysées
elles-aussi dans le texte, et leur rencontre interne
avec les identifications maternelles, leur scène
primitive interne en quelque sorte, et la place de
celle-ci dans l'engendrement du sujet, encore moins.
L'intérêt psychanalytique du travail
sur l'utilisation de l'objet est aussi de permettre
que le sujet <<découvre>> la place
effective de ses objets significatifs dans la construction
de sa psyché, dans son auto-construction de
lui-même, de permettre que <<l'auto-engendrement>>
de sa vie psychique puisse être analysé.
Ceci ne veut pas dire que l'on ne reconnaisse pas
aussi que l'auto-engendrement contient le <<noyau
de vérité historique>> d'un sujet
qui a dû partiellement se construire aussi sans
ses objets, en dépit de leur mode de présence,
malgré leur action souvent destructrice ou
défaillante. Cela ne veut, enfin, pas dire
non plus que l'on va négliger la créativité
du sujet, pour n'en faire que le produit de ses déterminants
historiques, tout au contraire, c'est bien en précisant
ceux-ci que l'on peut espérer qu'une créativité
appropriable puisse continuer de se déployer.
(1)
Sobre este concepto se puede consultar el texto de
Roussillon " El placer de la diferencia "
publicado en Verano 2002 de Espacio Potencial.
(2) Deux au moins des interventions de Winnicott -selon
M Little- semblent préfigurer ses futurs développements,
l'une concerne la reconnaissance des particularités
de l'objet -l'intervention concernant la mère
dite <<chaotique>> - et la question de
l'utilisation de l'objet, l'autre préfigure
le futur développement de Winnicott concernant
<<La crainte de l'effondrement>>, l'événement
redouté dans le futur a déjà
eut lieu dans le passé, et le sujet lui a survécu.
Dans ces deux occasions, tardives dans la cure, M
Little note le rôle mutatif de l'intervention.
(3) La confusion psychique ne saurait être intégralement
assimilée à la condensation, nous reviendrons
sur ce problème plus loin.
(4) Ce que M Little dit très bien à
sa manière en soulignant qu'elle n'arrive pas
à se sentir comme une personne, c'est-à-dire
comme un sujet désirant.
(5) C'est ainsi les premières transformations
dues aux formes précoces du sexuel infantile
qui se trouvent être en difficulté, ces
processus de transformation et d'auto-transformation
que les contemporains ont pu nommer idéogramme
(W.R.Bion), pictogramme (P Aulagnier), proto-représentation
(M. Pinol-Douriez), signifiants formels (D. Anzieu)
signifiants de démarcations (G. Rosolato) contenants
formels (T. Nathan) et que je propose d'unifier comme
sous le concept de symbolisation primaire, c'est-à-dire
le processus qui transforme la <<matière
première psychique>>, qui mêle
le sujet et sa pulsion à l'objet, pour produire
les premières représentations de chose.
(6) R Roussillon 1980.
(7) Elle-même prolongée et articulée
aux processus de transformations (W Bion) et à
l'objet transformationnel (C Bollas).
(8) Nom que les biologistes donnent, quant-à-eux,
à ce que nous appelons en psychanalyse représentation
de la représentation.
(9) De l'agentialisation selon leurs termes.
(10) C'est tout l'enjeu des aspects narcissiques du
masochisme primaire.