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Intervenciones en un espacio público
por Daniel Ripesi


Milla Jung provoca, con su cámara fotográfica, imágenes. Decimos "provoca" porque no estamos demasiado seguros de que antes de que su cámara las captara existieran realmente. Ella registra un fragmento del espacio -y sus ocasionales transeúntes-, pero en el resultado algo se ha alterado. Hay un mundo que no existía antes de su mirada, pero que ya la esperaba "delante" del foco de su cámara fotográfica. Por ejemplo, Milla fotografía plazas, y recorta en ellas las diversas maneras en que sus habitantes las transitan y las ocupan: descubre, entonces, a partir de las diferentes modalidades del "estar" en ellas, diferentes tipos de estructuras familiares -según el país en que se hayan sacado las fotografías-.
Por otra parte, la cátedra de tipografía de Longinotti, de la Facultad de diseño gráfico de la U.B.A. -según nos cuenta Paula Ripesi-, entrama -en otro tipo de espacio público- gestos gráficos. En la amplia protección de una obra en construcción [1], sobre el muro que separa de las obras, los estudiantes trabajan diversas inscripciones. No se trata de un "mural": si con Milla las imágenes de sus fotografías alteran lo visible (para que se lo vea), aquí los gestos gráficos subrayan un blanco (para que se lo lea). Un atrevimiento (mirada y escritura en el espacio) construyen un lugar posible, no previsto antes pero existente desde siempre. Creación -y no "recreación"-de lo que ya estaba.
Entonces, se interviene en un espacio público con un acto creativo que pone frente a los ojos lo de todos los días (pero destacado como algo que a su vez nos mira). La cámara fotográfica y el gesto gráfico se apropian de un espacio y, en ese espacio público, un segmento se torna sector privado. Nos presentan un algo extraño en nuestro camino habitual: una foto que refleja nuestros hábitos menos concientes, un graffiti que evidencia algo raro en la insignificancia de un paredón de obra. La foto, el grafo, son una intimidad en lo público, incomodan al hábito y nos obliga a repasar el recorrido mecánico de nuestros pasos -y nuestros ojos-. Milla abre un espacio a nuestros ojos: el de la mirada. Sacar una foto, dejar una marca en un paredón, se hacen una trasgresión en lo cotidiano (violencia de hacernos ver "en" lo que siempre estuvo) Al primer trazo de los estudiantes se suma otro trazo (alguien se atreve): se construye un diálogo de garabatos, arañazos y desgarraduras en un paredón (por eso no es un mural) Se da lugar así a una empresa hostil: la intervención. En la suma de trazos, o de imágenes provocadas, una violencia se va diluyendo: nosotros mismos, nuevamente invisibles, nuevamente perdiendo la mirada.
Quizás lo que llamamos "intervenciones psicoanalíticas" sólo sean esto: un acto. Una palabra o un suspiro, que escribimos -o fotografiamos- en el devenir de un diálogo -con frecuencia liviano y sin pretensiones- con nuestros pacientes, produciendo en ellos -y en nosotros mismos- una molestia que, a la larga, se diluye y nos diluye, pero que -por unos instantes- nos revela y provoca un poco de vida….

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