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Mi vida aquí

Por Malena Scunio

Desde Brasil, nuestra vecina:
Algo leído en el muro de la memoria.
www.eltropicorebelde.blogspot.com


Pintura: Maria Helena Vieira da Silva   

 

 

Bajo un morro con el sol apuntándome. Acá no se camina, acá se sube o se baja. Para subir no hay que abrir la boca, dicen, hay que respirar por la nariz y “devagar e sempre”, es decir, despacito y continuado (esto no es tierra ganada al río sino a la altura). Dos tipos se encuentran. Uno baja y el otro sube y el tipo dice: “te vi bajando y sabés a quien creí ver?” (y se frena, no dice ningún nombre, no sabemos por qué) “a un hombre que ya se murió”. Y los dos se ríen. No sé si podría reírme de presentarme muerta a la mirada de los vivos.

Sigo bajando sola un morro lleno de espectros de todas las décadas. Acá se dice mucho que las cosas nunca andan bien, que no prosperan, y dicen los viejos, que es por el sufrimiento de “los antiguos”. En todas las ciudades hubo gente que ahora está muerta y que caminó por las mismas calles. Pero acá parece que siempre los recuerdan e incluso los culpan por las cosas de ahora. Esa culpa es piadosa: “los antiguos” ellos le dicen a los esclavos. Dicen que el sufrimiento de los esclavos se impregnó en la ciudad y por eso nada funciona como debería, es como un castigo que está bien, que es justo. Si fuese justo es porque fuimos nosotros, que padecemos lo que no funciona, los que lo infligimos. Yo sigo bajando. Voy al banco y después subo el morro para volver a casa. Devagar e sempre.

Había una inscripción en un muro, el muro de la esquina, donde ahora hay una torre, escrita con aerosol negro, cuando era chica. Decía, me acuerdo, “………………… ... asesinado por la guerrilla marxista” yo lo repetía como un cantito, todos los días yendo a la escuela. Pero no me acuerdo el nombre y el cantito me exaspera porque le falta el sujeto. Le pregunto a mi hermano, que frecuentaba la casa lo mismo que yo y me dice que no.
Dice que días después se acuerda: “AQUÍ fue asesinado Giordano B. Genta por la guerrilla marxista”. ¿Giordano Bruno? Le pregunto. “Aquí” se acuerda él, aquí es Clay y Luis María Campos. Recuerdo topográfico, de él. Yo no recuerdo que dijese “aquí”, en Clay y Luis María Campos, en casa. Decía que había sido asesinado, pero no indicaba un lugar. Me doy una ducha y pienso en un Giordano Bruno asesinado por una guerrilla marxista... Pero tan exactamente coherente, el recuerdo, que es justamente al revés, es Jordán B. Genta, asesinado por la guerrilla marxista y se dibujan las reales letras que no existen más, con aerosol negro, en lo alto del muro donde ahora hay una torre. Mi hermano, yo. Este Jordán Bejenta que no tengo idea pero sé qué significa y de niña también. “Jordán Bejenta asesinado por la guerrilla marxista” sí, ése era el verso que acompasaba la caminata a la escuela. Cuando niña pensaba que no sabía qué pensaba. Parecía un mártir, alguien asesinado es un mártir, aunque nunca se sabe. La inscripción se me figuraba una denuncia, me parecía que había sido escrita por los amigos del Bejenta. Ahora, releyéndola en la memoria, la veía como una reivindicación, una atribución, un orgullo. Qué sé yo quién la escribió en el muro que ya no existe. La letra es cursiva.

 

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