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Cher Daniel Ripesi,
Voici ce que je considère comme une présentation, rien de plus, du travail avec Pontalis. Bien sûr, vous auriez souhaité plus, j'imagine. Mais le temps me manque cruellement jusqu'en août (4 conférences et quelques articles.... plus les cours !) mais par la suite, si vous le souhaitez, je pourrais vous proposer d'autres choses. En 1996, j'avais publié un livre très pontalien, en tous cas par la démarche et la visée... mais dans mon style néanmoins (ce que je croyais jusqu'à ce que André Green me pointe que j'étais bien le fils de Pontalis...)
Pour l'instant, dites-moi ce que vous pensez du papier ci-joint, s'il faut reprendre quelque chose, ou si cela ira pour l'instant.
Je suis tout à fait d'accord pour établir des contacts plus réguliers, bien sûr !
Avec Thierry Simonelli, nous sommes même d'accord pour mettre en ligne sur le site des textes en castillan, et normalement, quelques uns en brésilien devraient apparaître !
Vive la Babel (selon Borges, bien sûr)
Je reste à votre disposition,
Amicalement
JB

Rue du Bac, Paris, J.-B. Pontalis
Por Jöel Bernat (1)
(Al final de esta versión se encuentra el texto original en francés)

"Los pequeños hechos que permanecen inexplicados
contienen todo lo necesario para
derribar a lo que da cuenta de los grandes hechos"

(Paul Valéry, Oeuvres II, Tel quel I, Paris, Pléiade, 1960)


Queda claro que, si es de J.-B. Pontalis (2) del que se tratará aquí, yo no podré hacerlo más que refiriéndome al "mío", al que intuí en él, al que construí y tuve necesidad de construir en su persona, y de ningún modo "el hombre tal cual es", lo que hubiera sido una pretensión sobrehumana. Es por lo tanto de un encuentro de lo que me ocuparé, y del testimonio de sólo una de las mitades que protagonizaron dicho encuentro. La otra mitad le pertenece a J.-B. Pontalis . Podría agregar lo siguiente: este encuentro es siempre efectivo y eficaz, lo que testimonia su importancia para mí, la vida que conserva a pesar de los años transcurridos, lo que supone un profundo reconocimiento, pero no una deuda... que no se pueda considerar completamente simbólica!

Hace ya mucho tiempo, mis pasos se enderezaron desde la Provincia hacia la Capital, París, en un extenso recorrido semanal. Sin embargo, no se trataba ni de un vía crucis ni de una prueba, antes bien, era una larga caminata, una "migración".
Y cada martes, mi paisaje interior formaba una composición con el Sena, los Anticuarios del Distrito VII, los puestos ambulantes de libros, la casa Gallimard, y tantas otras cosas. Composición que venía a combinarse con otro paisaje, aún más íntimo, de cura psicoanálitica, de paciente, de supervisión, de transferencias. Y, con toda seguridad, de J.-B. Pontalis. En rigor "JB" como se lo llamaba en la APF, un signo de reconocimiento de indiscutible carácter cariñoso para este hombre.
"JB"... no cabe duda! Tiene mis mismas iniciales! Por poco creyente que uno pueda todavía ser no se podrá dejar de ver en esto una señal. Sin embargo, debo confesarlo, nuestros puntos comunes se detenían en las iniciales. Para bien... y para mal.
Y todos los martes, durante seis años, hacia las 15 hs., me encontraba recorriendo la rue du Bac, donde con inocencia provinciana me sorprendía al cruzarme con escritores o artistas célebres, incluso políticos, todos en carne y hueso. Con un sentimiento inquietante de extranjeridad por captar o ser captado como algo que se descarta entre lo televisivo y lo visual. De cualquier modo, en cada oportunidad, yo estaba bien preparado para desprenderme de mí mismo...
Dejando atrás el bullicio de la calle penetraba en un antiguo patio, apacible, en ocasiones una lección de piano dejaba flotar un acorde vacilante. No quedaba más que trepar por la vieja escalera hasta la puerta de "JB". Más allá, la sala de espera y los libros, qué cantidad de libros! Y allí, una intensa sensación de familiaridad, de paz reparadora después del largo trayecto. Y con lo que allí me encontraré.
Mi primer encuentro (3) con el hombre me deja el recuerdo de un "so british" (según mi exclusivo criterio, obviamente, de absoluto carácter transferencial!). Un gentleman descontracturado, indolentemente instalado en su sillón, con una buena provisión de Benson & Hedges cerca (sin saberlo de antemano, yo fumaba los mismos: un signo más...?). Fue al cabo de nuestros encuentros que pude advertir con claridad, más allá de la presentación y mis proyecciones, otros aspectos. Dos elementos me parecen dignos de ser destacados, tal como pude experimentarlos: su gran sensibilidad, y su buena práctica de "jugador". Intentaré explicarlo en lo que sigue.

Las relaciones humanas se fundan en cifrados.
Descifrar es confundirse. Lo cifrado tiene la ventaja
de decir sin decir de conservar suspendida,
reversible, la opinión recíproca.
Nos preserva de llegar a juicios decisivos y definitivos
que nunca tienen más verdad que en el instante..."

(Paul Valéry, Oeuvres II, Tel quel I, Paris, Pléiade, 1960)

Mi elección de "JB" como supervisor estaba evidentemente ligado al hecho de que se trataba del co-autor, junto a Jean Laplanche, del Vocabulario del psicoanálisis. En esto, no era, sin duda, el primero. Por eso me sorprendí cuando un día lo escuché lamentarse de haber realizado ese trabajo, y aún más, que desde entonces empleaba su tiempo en deshacer aquella construcción. Posición que podía parecer sorprendente, pero que nos introduce directamente en el modo de trabajar de J.-B. Pontalis psicoanalista, tal como yo lo entiendo. La dificultad estaba en encontrar un hilo en esa desconstrucción a fin de organizar, de manera artificial, dicho propósito. Me parece que este hilo se podría representar en un término, en todo caso uno que me capturó y se me fue revelando en esos años de intercambio con "JB".

El movimiento
Un concepto debe ser, ciertamente, algo práctico, en la medida en que nos permite hablar un lenguaje común, nos ofrece cierta economía. Sin embargo, en nuestra práctica cotidiana ¿no se transforma en una suerte de máscara, de pantalla, de herramienta contra la recepción de lo que un paciente dice? "Me hace contratransferencia", tenemos así una frase que intenta aportar cierta refrigeración ante el hecho de que una representación, incluso el escenario mismo donde se desarrolla el tratamiento se está prendiendo fuego. El concepto me transforma en "bombero" y resigno el lugar donde debería recibir lo que se me dice, lo que se está jugando, la cuestión de lo que se trata, y, que en alguna medida yo mismo suscité o esperaba. El concepto aplicado en una cura viene a fijar, a detener su movimiento. De modo que en cada cura debemos re-encontrar la "carne" o lo "vivo" que un concepto bien puede venir a reprimir, el modelo ejemplar sería la transferencia. Re-vivir o re-descubrir, en cada oportunidad al psicoanálisis, con el paciente, dejándonos sorprender nuevamente.
Es en este sentido que el movimiento resulta esencial a mis ojos -y, ante todo- a mis orejas- en "JB". Se verifica en varios registros:

  • El movimiento psíquico, es decir lo que se llaman procesos psíquicos. Lo reconocemos fácilmente: son los puntos de fijación, de detención (por ejemplo los síntomas considerados como nudos ferroviarios), fuentes del sufrimiento. Tal como Freud lo observó, cuando el paciente relanza los procesos psíquicos por el lento trabajo de des-ligazón o desprendimiento de los síntomas, la "curación sobreviene por añadidura". Fórmula demasiado conocida, pero bastante desplazada de la intención inicial de su autor. Lo que pretendía expresar es que el libre movimiento de los procesos psíquicos es auto-terapéutico, en una auto-elaboración de las tensiones y problemas del sujeto (pensemos en las nociones de transelaboración que Melanie Klein y Victor Smirnoff han descrito (4) ). De modo que hoy estaríamos bastante distantes de la interpretación que se le dio actualmente a la expresión "cura por añadidura", como si se tratara de un asunto del que el analista estaría desinteresado. La curación no es el objetivo primero, pero relanza el proceso psíquico (una forma ejemplarmente bella es la del Pequeño Hans)
  • Esta perspectiva y consideración del movimiento psíquico determina en el analista una posición similar a lo que "JB" llamó migración, para destacar su importancia, él nos hace una suerte de advertencia: no puede desarrollarse un tratamiento psicoanalítico si el propio analista no hace avanzar con el paciente en la cura su propio análisis. Una cura y su paciente deben desplazar al analista, empujarlo a un desprendimiento de sí mismo, de su convicciones y diversas posiciones teóricas (sus puntos de fijación, incluso sus síntomas), es decir, dejarse tomar y luego dejarse abandonar. Nosotros podríamos decir: co-análisis.
  • Estas consideraciones nos llevan a una concepción de la cura según un modelo winnicottiano (lo que no ha de sorprendernos en Pontalis). La cura pensada como un play y, en consecuencia, no exactamente como un game. La cura es un espacio, un escenario (de teatro), es decir, un espacio transicional donde viene a jugarse la dimensión del paciente y del analista sin reglas limitantes; ello juega, y dejamos que el juego se desarrolle "para ver hasta dónde nos conduce" (pensemos en la célebre divisa británica: waite and see). Es en este sentido que hay que entender una de las metáforas preferidas de "JB": estamos en el compartimento de un vagón de tren, y un viajero describe a otro lo que ve por la ventana. Este otro, el analista, tiende a soñar ese paisaje que no puede ver, y habrá que decir que, por perfecto que sea el cuadro o la pintura, nunca será el paisaje real, del mismo modo estamos en el juego, en un espacio intermedio, en un entre-dos, entre la realidad y la ficción. Es lo que garantiza una posición abierta, para una recepción libre de prejuicios.
  • El analista deberá respetar los tiempos del movimiento de su paciente, y de su play. La cura es una magia lenta, impone dar tiempo al tiempo, el tiempo de la perlaboración. Asi fue como, en el principio de mis supervisiones fui apostrofado con un "calmo!", luego con "piano", ofrecidos con toda amabilidad ...
  • Pero, si el analista defiende tal espacio de juego, esto no significará que es indiferente: es partenaire en el juego, pero también es quien aporta un cuidado, no quien debe ser cuidado por el paciente; en este punto encontramos también otra posición winnicottiana muy conocida:
  • Esta posición del analista en la cura impone que éste aprende a hablar con su propia voz, su propia palabra, sin tener que refugiarse en lo que podría ser el cálculo de la interpretación. La cura no es un psicoanálisis de agudezas aplicadas al paciente o al inconsciente. Hay que admitir ser tomado por lo que se dice, a menudo a pesar de uno mismo, para entender lo que se está revelando.

A fin de garantizar esa posición analítica que no se puede obtener más por la experiencia y su trasmisión, y no ciertamente por los libros, se puede comenzar a comprender por que J.-B. Pontalis no ha producido nunca un texto teórico sobre el modelo académico universitario. La escritura de "JB" intenta preservar ese espacio de juego, de entre-dos. Entonces comprendemos ciertos títulos: "Entre el sueño y el dolor", "Entre Freud y Charcot", "Entre el sueño-objeto y el texto-sueño", "Entre signos", "Entrevisto", "Entre el saber y el fantasma", "Ida y vuelta", "Ventanas", etc.
Un modo de sostener la teoría en acto, en acción y no sólo en discurso, una manera de reencontrar sin cesar la carne o lo "vivo" fundante, en una palabra, de habitar y ser habitado.
Pero también el intento de dejarse tomar por una transferencia infinita, no la transferencia de objeto, sino algo que se juega más acá o más allá de la representación. Y para esto no habría que olvidar que las representaciones no son más que transitorias, ligadas a un tiempo, y siempre sólo una representación y no la cosa en sí.
El sueño no es su relato, y lo que el analista escucha en él está aún más lejos del sueño...

Referí, entonces, un ejemplo breve y verdadero de lo que este hombre me transmitió en pequeñas y sucesivas conmociones. Cuando inicié ese play lo menos que podía decirse es que era un "universitario" que conocía al dedillo el Vocabulario del psicoanálisis! Después vinieron tiempos no tan agradables, desestabilizantes, donde llegué a tener la impresión de ya no saber hablar (como un libro). Así me desprendía de mi mismo para acceder a mi propia palabra. El resultado fue poder hablar a mis pacientes en mi propia persona y el efecto podrá ilustrarse con esta frase de un paciente: "es curioso lo que usted me dice, mi anterior analista me lo decía de otro modo, pero nunca surtió efecto ¿cómo pudo tenerlo con usted?" y este es el punto, es el analista en persona quien produce un análisis, no tanto lo que efectivamente dice. Dicho de otro modo: "¿Quién habla cuando el analista interviene?"
Una consecuencia de esto nos lleva a otra cuestión importantísima: "¿Qué es lo que hago a mi paciente cuando le digo lo que le digo?"
Formas de mantener lo vivo, al movimiento, los procesos, tratar de evitar los escollos de la fijación.
Movimiento psíquico que se imprime en mí asociado al movimiento psíquico Paris- Provincia, continuando el juego en los viajes de regreso, y todavía hoy!

Cómo dejar en suspenso este testimonio, sin concluirlo con un punto final, es decir dejarlo abierto, si no es con la voz y con lo vivo de un poeta, esos seres que, con Freud o "JB" -y me incluyo-, saben aprehender ciertas cosas que nuestra "joven ciencia" está muy lejos de comprender sin matarlos con una fría conceptualización.

"Cuando los nombres y las figuras
ya no sean la clave de toda criatura,
cuando las canciones y los besos,
enseñen más que los sabios,
cuando la sobra y la luz,
se conjuguen de nuevo en la pura claridad,
cuando sea con las leyendas y las poesías
que conozcamos la verdadera historia del mundo,
entonces se desvanecerá frente a una única palabra secreta
ese contrasentido que llamamos realidad"
Friederich Novalis


Versión en francés:

" Rue du Bac, Paris - -B. Pontalis " Por Joël Bernat

" Les petits faits inexpliqués
contiennent toujours de quoi
renverser toutes les explications
des grands faits. " (5)


Bien évidemment, s'il s'agit bien ici de J-.B. Pontalis, il ne peut être que le " mien ", ce que j'en ai perçu, ce que j'en ai fait et eut besoin d'en faire, et non pas " l'homme tel qu'il est ", ce qui serait d'une prétention surhumaine. C'est donc d'une rencontre qu'il s'agit et du témoignage de la moitié seulement des protagonistes de cette rencontre. L'autre moitié appartient à J-.B. Pontalis (6). J'ajouterais ceci : cette rencontre est toujours effective et efficace, ce qui témoigne de son importance pour moi, de son vif, malgré les années passées, et cela sous-entend une reconnaissance profonde et non pas une dette… fût-elle symbolique !

Longtemps, mes pas m'entraînèrent de la Province vers la Capitale, Paris, en un long trajet hebdomadaire. Un long chemin, certes, mais point un chemin de croix ou une épreuve, non, bien plus un cheminement, une " migration ".
Et tous les mardis, mon paysage intérieur se composait de la Seine, des Antiquaires du VIIe arrondissement, de bouquinistes, de la maison Gallimard et bien d'autres. Composition qui venait jouer avec un autre paysage, bien plus interne celui-ci, fait de cure psychanalytique, de patient, de supervision, de transferts. Et donc, bien sûr, de Jean-Bertrand Pontalis. Ou plutôt, tel qu'on le nomme à l'APF, " JB ". Un signe d'affection certain pour cet homme.
" JB "… pensez donc ! Les mêmes initiales que moi ! Il y a de quoi y voir quelque signe pour peu que l'on soit encore croyant. Mais, je dois l'avouer, les points communs entre lui et moi s'arrêtent aux initiales. Tant pis - ou tant mieux…
Et tous les mardis, pendant six années, vers les quinze heures, me voici arpentant la rue du Bac, où en bon provincial je me retrouve épaté de croiser des écrivains ou artistes célèbres, sinon des politiciens, tous en chair et en os, avec un sentiment d'inquiétante étrangeté à saisir ou être saisi de l'écart entre le télévisuel et le visuel. En quelque sorte, j'étais à chaque fois bien préparé à me déprendre de moi-même…
Quittant le vacarme de la rue pour entrer dans une ancienne cour, paisible, où parfois quelque leçon de piano suspendait ses croches hésitantes, ne restait plus qu'à gravir le vieil escalier jusqu'à la porte de " JB ". Puis la salle d'attente, et les livres, plein de livres ! Là, une terrible impression de familier, de paix réparatrice après le vacarme du trajet. De quoi me retrouver.

Ma première rencontre (7) de l'homme me laisse le souvenir d'un être " so british " (selon mes seuls critères, il va de soi - tout ceci étant hautement transférentiel !), un gentleman décontracté nonchalamment installé dans son fauteuil tout près d'une bonne provision de Benson & Hedges (je fumais les mêmes, sans le savoir : et un signe de plus… ?). C'est au fil de nos rencontres que, bien évidemment, j'appris à connaître autre chose qu'une présentation ou mes projections. Deux éléments me semblent importants à relever, tels que je les ai ressentis : une grande sensibilité, et une bonne pratique de " joueur ". Je vais m'expliquer là-dessus.

" Les relations humaines sont fondées sur chiffres. Déchiffrer, c'est se brouiller. Ce chiffre a l'avantage de dire sans dire, et de garder suspendue, réversible, l'opinion réciproque. Il nous préserve de porter des jugements décisifs et définitifs qui ne sont jamais vrais que dans l'instant. " (8)


Mon choix de " JB " comme superviseur était, évidemment, lié au fait qu'il fut le co-auteur, avec Jean Laplanche, du Vocabulaire de Psychanalyse. Je ne devais pas être le premier, mais après tout un choix doit bien s'étayer sur quelque fantasme. Je fus surpris, un jour, de l'entendre me dire combien il regrettait d'avoir fait ce travail, et, qui plus est, il passait depuis son temps à défaire cette construction. Position qui peut sembler étonnante, mais qui nous introduit directement dans la façon de travailler de J-.B. Pontalis, psychanalyste, telle que je l'ai entendue. La difficulté étant de trouver un fil dans toute cette œuvre afin d'organiser, de façon artificielle, ce propos… Il me semble, que ce fil pourrait se représenter d'un terme - en tous cas, c'est celui qui m'a saisi et s'est révélé dans ces années d'échange avec " JB ".

Le mouvement
Le concept est chose bien pratique, il est vrai, pour se parler par exemple dans une langue commune. Il offre une certaine économie. Mais dans notre pratique quotidienne, ne devient-il pas un masque, un écran, un outil contre la réception de ce que dit un patient ? " Il me fait un contre-transfert ", voilà quelque chose qui refroidit bien le fait que la représentation, voire le théâtre où se joue une psychanalyse est en train de prendre feu. Le concept me fait " pompier ", je me démets, là où je me dois d'accueillir ce qui se dit, se joue et s'agit, et que d'une certaine façon, j'ai suscité sinon attendu. Le concept appliqué dans la cure vient fixer, arrêter son mouvement. Ainsi, dans chaque cure avons-nous à retrouver la " chair " ou le " vif " qu'un concept trop bien établi peut venir refouler, l'exemple parfait étant celui de transfert. Revivre ou redécouvrir à chaque fois la psychanalyse, avec son patient, se laisser de nouveau surprendre.

C'est en ce sens que le mouvement est central, à mes yeux - ou plutôt - mes oreilles chez " JB ". Et il s'applique sur plusieurs registres :

  • le mouvement psychique, c'est-à-dire en fait ce que l'on nomme les processus psychiques. Il est une chose aisément reconnaissable : ce sont les points de fixation, d'arrêt (les symptômes par exemple, tels des nœuds ferroviaires), qui sont sources de souffrance. Ainsi que Freud l'a si bien montré, lorsque la cure relance les processus psychiques du patient par le lent travail de déliaison ou de détissage des symptômes, la " guérison vient de surcroît ". Formule bien connue, mais bien détournée de l'intention première de son auteur. Ce qu'il faut entendre est que le libre mouvement des processus psychiques est auto-thérapeutique, élaborant par eux-mêmes les tensions et problèmes du sujet (pensons aux notions de perlaboration, et plus précisément de translaboration que Mélanie Klein et Victor Smirnoff ont décrits (9)). Nous sommes bien loin de l'interprétation actuelle de la " guérison de surcroît " comme quelque chose qui n'intéresserait pas l'analyste. La guérison n'est pas le souci premier, mais la relance du processus psychique l'est (une fort belle illustration de cela serait le cas du Petit Hans) ;
  • Cette visée et ce respect du mouvement psychique détermine, pour l'analyste, une position similaire, que " JB " a nommée : migration, et pour bien spécifier son importance, il a accolé une sorte d'injonction : il ne peut y avoir de psychanalyse si l'analyste n'a pas, dans une cure, avancé avec le patient dans sa propre analyse. Une cure et son patient doit déplacer l'analyste, l'amener à se déprendre de lui-même, de ses convictions et autres positions théoriques (ses points de fixation, voire même ses symptômes), c'est-à-dire se laisser saisir puis se dessaisir. Nous pourrions dire : co-analyse ;
  • Cela amène une conception de la cure selon un modèle winnicottien - ce qui n'est pas vraiment une surprise avec " JB ". La cure est pensée comme play, et donc surtout pas comme game. La cure est un espace, une scène (de théâtre), c'est-à-dire un espace transitionnel où viennent se jouer la dimension du patient et celle de l'analyste sans règles limitatives ; ça joue, et laissons jouer pour un " voyons voir où cela nous mène " (pensons à la célèbre devise britannique : waite and see). C'est en ce sens qu'il y a à entendre une des métaphores préférée de " JB " : nous sommes dans le compartiment d'un wagon de chemin de fer, et un voyageur décrit à l'autre ce qu'il voit par la fenêtre. Cet autre, l'analyste, tente de rêver ce paysage qu'il ne voit pas, mais sans omettre que, si parfait que soit le tableau ou le peintre, ce ne sera jamais le paysage réel ; ainsi en va-t-il, de toute façon dans le jeu, nous sommes dans un espace intermédiaire, un entre-deux, entre réalité et fiction. Ce qui garantit une position d'ouverture, d'accueil de ce qui vient sans jugement a priori ;
  • À l'analyste de respecter le temps du mouvement de son patient, et de son play. La cure est une magie lente, imposant de donner du temps au temps, le temps de la perlaboration. Ainsi, au début de ma supervision ai-je écopé d'un " calmos ! " puis d'un " piano " fort sympathiquement donnés…
  • Mais si l'analyste défend cet espace de jeu, cela ne veut pas dire qu'il est indifférent : il est partenaire du jeu, mais il est aussi celui qui " veille-sur " son patient, et non celui qui " sur-veille " le patient ; où l'on retrouve, là aussi, une position winicottienne bien connue ;
  • Cette position dans la cure de l'analyste pose et impose que celui-ci apprenne à parler avec sa voix, sa parole propre, et non pas se réfugier dans ce qui serait le calcul de l'interprétation. La cure n'est pas une psychanalyse savante appliquée sur un patient ou sur l'inconscient. Il y a à admettre d'être saisi par ce que l'on dit, souvent à son insu, afin d'y entendre ce qui s'y révèle ;

Afin de garantir cette position analytique qui ne peut s'acquérir que par l'expérience et sa transmission, et non dans les livres, l'on peut commencer à comprendre pourquoi JB Pontalis n'a jamais commis de texte théorique sur un mode universitaire. L'écrit de " JB " tente de préserver cet espace de jeu, d'entre-deux. Cela s'entend dans ses titres : " Entre le rêve et la douleur ", " Entre Freud et Charcot ", " Entre le rêve-objet et le texte-rêve ", " Entre les signes ", " Entre-vu ", " Entre le savoir et le fantasme ", " Allers-retours ", " Fenêtres ", etc.
C'est une façon de maintenir la théorie en acte, en action, et non pas en discours, une façon d'en retrouver sans cesse la chair ou le " vif " fondateur, en un mot, de l'habiter et d'en être habité.
Mais c'est aussi tenter de se laisser saisir par un transfert infini, non pas le transfert d'objet, mais quelque chose d'autre qui se joue en deçà, ou au-delà de la représentation. Pour cela, encore ne faudrait-il pas oublier qu'une représentation n'est que transitoire, liée à un temps, et qui plus est n'est qu'une représentation et pas la chose en soi.
Le rêve n'est pas son récit, et ce qu'en entend l'analyste est encore moins le rêve…

Voici donc un exemple, bref il est vrai, de ce que cet homme m'a transmis, par petites touches successives. Lorsque j'ai commencé ce play, le moins que l'on puisse dire est que j'étais bien " universitaire ", connaissant sur le bout des doigts, par exemple, le Vocabulaire de Psychanalyse ! Et puis est venu un temps assez désagréable, déstabilisant, où j'avais l'impression de ne plus savoir parler - comme un livre… Je me dessaisissais de moi-même et accédais à une parole propre. Le résultat fut que je parlais en propre à mes patients et l'effet peut s'illustrer de cette parole d'une patiente : " c'est curieux, ce que vous me dites, mon analyste précédent me le disait aussi, mais cela n'a jamais eu d'effet ! Alors pourquoi avec vous ? " Car, est c'est là un point capital, c'est ce que l'analyste est en personne qui produit de l'analyse, pas tant ce qu'il dit. Ou dit autrement : " qui parle lorsque l'analyste inter-vient ? "
Une conséquence de cela est une autre question tout aussi capitale : " qu'est-ce que je fais à mon patient quand je dis ce que je lui dis ? "
Façons de maintenir du vif, du mouvement, le processus, tenter d'éviter les écueils de la fixation.
Mouvement psychique qui s'imprimait en moi dans l'alliance avec le mouvement physique Paris-Province ; et le jeu continuait pendant mes voyages de retour, et il continue encore !


Comment mieux suspendre ce témoignage, et non le conclure d'un point final, suspendre, inachever, c'est-à-dire laisser ouvert, sinon avec la voix et le vif d'un poète, ces êtres qui, pour Freud ou " JB ", et moi-même, ont saisi bien des choses que notre " jeune science " est bien loin encore de comprendre sans les tuer par une conceptualisation froide :

" Quand les nombres et les figures
Ne seront plus la clef de toute créature,
Quand, par les chansons et les baisers
Nous en saurons plus long que les savants,
Quand l'ombre et la lumière
Se marieront à nouveau dans la pure clarté,
Quand à travers les légendes et les poèmes
Nous connaîtrons la vraie histoire du monde,
Alors s'évanouira devant l'unique mot secret
Ce contresens que nous appelons réalité. "

Friedrich Novalis

(1) Miembro de la Asociación Psicoanalítica de Francia
(2) Dos mitades según el principio de la tablita de la hospitalidad y que consistía en una tablita partida en dos mitades. Una de ellas se guardaba y la otra se entregaba al invitado en el momento de la partida. La reunión de las dos mitades permitía más tarde a los mismos personajes o a sus descendientes reconocerse y renovar los lazos de hospitalidad. Esto derivó inmediatamente en el principio del symbolon.
(3) Si se desea otro testimonio se puede consultar de Georges Perec "Los lugares de una astucia", en La causa común, 1977, re editado en Penser/Classer, Paris, Hachette, 1985
(4) Translaboración: especifica una elaboración psíquica fuera de la cura, en el curso de la evolución de un sujeto, en tanto existen procesos que permiten resolver y superar espontáneamente ciertas posiciones afectivas y relaciones objetales, reduciendo de ese modo el clivaje intrapsíquico en función tanto de elementos internos como externos y favoreciendo la integración del yo. Esto estaría ligado al potencial evolutivo de cada sujeto.
(5) Paul Valéry, Oeuvres II, Tel Quel I, Paris, Pléiade, 1960.
(6) Deux moitiés selon le principe de la tessère d'hospitalité qui consistait en un osselet partagé en deux parties. On en gardait une, on donnait l'autre à son hôte au moment du départ. Le rapprochement des deux moitiés permettait plus tard aux mêmes personnes ou à leurs descendants de se reconnaître et de renouer les liens d'hospitalité. C'est devenu par la suite le principe du symbolon.

(7)Si l'on est curieux d'un autre témoignage, voir Georges Perec, "Les lieux d'une ruse", in La cause commune, 1977, repris in Penser / Classer, Paris, Hachette, 1985.
(8) Paul Valéry, Oeuvres II, Tel Quel I, Paris, Pléiade, 1960.
(9) Translaboration : spécifie une élaboration psychique hors cure, dans le cours de l'évolution d'un sujet, puisqu'il existe des processus permettant de résoudre et de dépasser spontanément certaines positions affectives de l'enfance par un remaniement de ces affects et relations objectales, réduisant ainsi le clivage intrapsychique en fonction d'éléments internes comme externes et favorisant l'intégration du moi. Ceci est donc lié au potentiel évolutif d'un sujet.


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