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No se lo piensa demasiado... Es quizás en esa charla casi desinteresada con el portero que baldea la vereda justo a la hora en que salimos, en las bromas zonzas que intercambiamos con el kiosquero de la esquina, o en ese diálogo de lo más previsible que establecemos con el vecino en la cola del banco... En el beso (o el no-beso) con que nos reciben cuando volvemos a casa... ¿En qué detalles se apoya el ritmo de una vida? Nos gustaría saber sobre lo que evoca en nuestros lectores el "valor de los detalles". Es por el respeto que merecen esas "pequeñeces" de lo cotidiano, y para que no se disipen totalmente de nuestros recuerdos, que queremos darle un lugar en la cocina de nuestra casa www.espaciopotencial.com.ar). Escribinos tus notas, escritos, garabatos, evocaciones -diversas o dispersas- sobre este tema, a buzon@espaciopotencial.com.ar. Gracias por salir al encuentro de cada uno de nuestros gestos (todo un delicado detalle).


En nuestro Invierno 2003, enviamos el siguiente email a nuestros amigos lectores y habitantes de la casa de Winnicott:

 

Ubicamos aquí, entonces, estos detalles que nos mandan los vecinos,

uno desde Porto Alegre, el otro desde Rosario ...

En la captación del detalle, la dilución de la frontera que delimita lo familiar y lo extraño. Lo propio y lo ajeno. En el detalle, lo que somos y se escapa, lo que fuimos y perdura. A continuación, un lector y amigo brasileño nos envía sus reflexiones sobre el valor de los detalles y una poesía que describe el inevitable "antes y después" de ser sorprendidos por ciertos detalles.
Detalles en la penumbra por Luciano Fialkowski
No Brasil há uma música, muito simples, cujo compositor e cantor é o Roberto Carlos, que se chama "Detalhes", composta aproximadamente em 1970. Esta música foi considerada a 'melhor música do século XX, por não sei que órgão de pesquisa, amplamente divulgado na época pela Imprensa. É uma música tocante e profundamente romântica, e fala basicamente da lembrança dos detalhes do cotidiano do relacionamento entre um homem e uma mulher, depois que se separam. Acontece que me ocorreu pensar que a valorização dos detalhes, no olhar, quanto à imagem, nas palavras e na música, quanto ao som, nos odores, quanto ao olfato, na textura, quanto ao tato, e nos sabores quanto ao paladar - envolvem sempre os cinco sentidos, no seu singular movimento pulsional, mas que sempre parece ter a ver com o que nos coloca em contato mais íntimo com o mundo, como se no instante de captação do detalhe, não há diferença entre mundo externo e interno, como função de regulação. Assim que os detalhes são moebianos em relação ao sujeito que o percebe e o detalhe do objeto. Porém, estou derivando para o que me ocorre como associação com um interpretação. Não me parece ser o intento de Ud. Tal vez será melhor escrever uma poesia, onde se capta os detalhes numa situação quase inperceptível, que é o ambiente do cinema, depois que o filme termina, quando fica apenas uma penumbra, com luz tênue para as pessoas sairem do cinema.

O poema chama-se "Plumalunar":

Os fios do veludo ondulam sobre a tecelagem do cinema
As imagens foram dormir.
Um gato, então, salta em meio ao outeiro das poltronas vazias
E não ignora tanto macio
Caminha, qual suave luz sob tênue pavio
- noite pantera -
A maciez sopra em leve desvio
E sob um traço da luz de fora o gato pisca e sai correndo
Assim que ninguém viu
Átimos e feras na noite são noites assim - piscares
Os amores são todos assim - nas saídas veludo de um clima zen
No cinema - os amores são noite-veludo e vozes esferas sussurros
A- rr e pios-de-luz e ru(a)mores.


¿Con qué pulso, sobre qué lineas melódicas se hacen nuestras vidas? ¿En qué corrientes nuestros cuerpos se deslizan, como nubes o como el viento?.

Detalles de ida y vuelta
por José Luis Aguirre

El deslizamiento desde un lugar a otro, las diferentes modulaciones del alma, el gesto comprimido aquí y luego deleitado allá.
Parece ser que somos lo que conectamos, un ensamble de pelos y uñas, carne y aliento que funciona en correlato a multiplicidades y climas.

Funes (1), es de noche aún y el frío aprieta los dientes sobre nosotros, mientras vamos llegando, con gestos mínimos nos reconocemos y boceteamos una prioridad de arribos en la espera del colectivo. Se escucha el rumor del motor que ya muestra su trompa en la esquina, los frenos suspiran hondo, la puerta como una branquia hidráulica se abre y nos ordena subir.
El conductor nos recibe con su amabilidad de madrugada conteniéndonos la tristeza por tan penosa mañana invernal, nos recibe atento y eficaz para el corte del boleto y para darnos un lugar en su nave, buen día, -buen dia! a la plaza y a la terminal? Ya lo sabe porque construimos cotideanidad todos los días con él, y él no lo olvida, lo reafirmamos cada mañana, en Funes, por eso me es familiar y no puedo no saludarlo, darle el buendía, necesito que me reconozca en ese saludo cada mañana.
Invertimos el viaje y en Rosario nos volvemos especies enemigas y autistas, nos miramos para saber que no somos los de la mañana, y saludarlo me dá un sentido de la ridiculez inmenso, pienso que él siente lo mismo, además que no tiene tiempo para semejantes amaneramientos con todo el tráfico a esta hora infernal, no sabe a dónde voy y le tengo que recordar todos los días nuevamente... que a Funes.
En verano, cuando se cruza el último pavimento y empieza el campo, el aire fresco te invade, junto con el verde olor de los árboles, aún entredormidos en el viaje, te das cuenta que estás volviendo a casa.
Dos personas que se encuentran a la mañana y dos diferentes a la tarde, dos modulaciones, dos regímenes que desestabilizan el ser, que melodizan en otras fugas y en otras momificaciones. En cada plano un ser, nunca igual, siempre deviniendo otra cosa, la conexión es el destino, la máquina el porvenir, dime con qué conectas y te dire qué eres, ya otra cosa y otra, en la deriva infinita por la maravilla que nos rodea.
El que sube a la mañana se transtorna en un ser ciego por la tarde, que no reconoce la digna cortesía que las soledades de la madrugada prodigan. Dos velocidades diferentes que nos anuncian las luces y las sombras de nuestras vidas, que a fuerza de ilusión machacada creemos siempre igual y monocorde. Algunos anticuarios lo llaman estructura, yo lo llamo viento, ola del mar, parece igual en su infinita repetición pero es ciertamente diferente en cada golpe.
Nuestras vidas diferentes en cada golpencuentro, nos salva de la muerte que sí imagino siempre igual.
Desde que me dí cuenta de que a la mañana lo saludaba y a la tarde me hacía el otario, parece que el tipo se hubiera dado cuenta de mis devaneos, y ambos a la vez ensayamos una sonrisa entre socarrona y cómplice, a la hora de...dónde?... a Funes.

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