>> IR AL ALTILLO
El barrio


PRINCIPAL
LA SALA DE ESTAR
EL ESTUDIO
EL PATIO DE ATRAS
LA COCINA
EL BARRIO
 
Bajar Descargar archivo


Dejándonos atrás...

Por Daniel Ripesi


¿Cuándo se inició el viaje que nos dejó atrás, que nos depositó en este territorio extraño, en este cuerpo extranjero, en esta voz y estas manos ya algo envejecidas?

A Paula, porque me ayudó a
apropiarme de lo mío...
Y porque la amo.

Ese impostor necesario que a menudo somos, ese que "miramos" dialogar con los otros -y que en los momentos de máxima necedad, llega incluso hasta darnos algunos consejos de vida-, ese que construimos con tanto esmero cada mañana, mejorado o desmejorado según las circunstancias, ese con quien nos disimulamos para poder tener una apariencia más o menos presentable. Ese impostor, alegre, amable y seductor, nos tiene en la palma de su mano, sin duda dependemos enteramente de él, sobre todo para encarar esos días que resultan tan difíciles. Sabemos que es un farsante pero le hemos tomado cariño y moriríamos de pena si, de un día para otro, nos abandonara. Como una visita indeseada pero inevitable, invade con descaro cada uno de nuestros espacios, nos roba los amigos y se acuesta con las mujeres que nosotros deseamos con más ardor. Sin embargo, de tanto en tanto, nos permite reservar la palabra más real de la que fuéramos posible, para dejarla caer en nuestro silencio más pleno... Nos deja ese mínimo espacio para una palabra-silencio que sólo diremos a algunos de nuestros íntimos. Son los momentos en que verdaderamente nos presentamos. Pero la mayoría del tiempo, no abandonamos a ese rostro reconocido por todos nuestros conocidos:
Dejé a alguien en esta sala (1)
Que mucho se distinguía
de otro que nadie era
Cuando yo desaparecía.
A mi se asemejaba,
Pero sólo en la superficie
En lo más profundo, yo, palabra,
No pasaba de pastiche.

Unos restos, unos tragos, un día,
Mis tíos, mis madres y mis padres
Me llamaron de vuelta adentro
Y desde entonces jamás volví.
Pero allí, justo allí, en ese espacio,
Allá se va, ejemplo de mí,
Algo, alguien, mil pedazos,
Medio inicio, medio medio, sin fin.

Cuándo se inició el viaje que nos dejó atrás, que nos depositó en este territorio extraño, en este cuerpo extranjero, en esta voz y estas manos ya algo envejecidas? Y sin embargo, quien desecharía la deliciosa sensación que nos da la conquista de ese ajeno que somos, conquista que efectuamos en los otros y, sobre todo, en la mujer que amamos y nos hace sentir conquistadores.
La vida parece una perpetua partida, avatares de un viaje. Seguir dejándonos un poco atrás en cada partida es conservar algo de vida para la llegada final que nunca alcanzamos del todo.

Viajar me deja (2)
el alma arrasada,
próximo a todo,
lejos de casa.

En casa estaba la vida,
Aquella que, en el viaje,
Viajaba, bella
y adormecida.

La vida viajaba
Pero viajaba sin mí,
Que todo viaje
Está hecho tan sólo de partida.

Y el viaje, quizás nunca deje del todo atrás su punto de partida, la infancia:
Recuerdo, de un modo remoto, como si viajara para adentro, la monotonía, todavía diferente, de aquella casa provinciana... Allí pasé la infancia pero no sabría decir, si quisiese hacerlo, si con más o con menos felicidad con la que hoy vivo. Era otro del que soy el que vivía allí: son vidas diferentes, distintas, incomparables. Las mismas monotonías, que las aproximan por fuera, eran sin duda diferentes por dentro. No eran dos monotonías, sino dos vidas. (...) De cualquier modo me he convertido en la ficción de mí mismo que cualquier sentimiento natural que tengo, desde luego, desde que nace, se me transforma en un sentimiento de la imaginación: la memoria en sueños, el sueño en olvidarme de él, el conocerme en no pensar en mí.
(3)

(1) El huésped desapercibido, Paulo Leminski
(2) De viaje, Paulo Leminski
(3) El libro del desasosiego, Fenando Pessoa, E. Seix Barral, 1999

Copyright © 2003/2006 - Todos los derechos reservados -