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Donal
d Winnicott nació en Plymouth a finales del siglo XIX, en el seno de una familia acomodada, y concurrió a la Escuela de Leys de Cambridge. Comenzó sus estudios de medicina en la Universidad de Cambridge, y tras servir en la marina durante la guerra, los completó en el Hospital St. Bartholomew. A edad muy temprana obtuvo renombre como médico de niños y desempeñó cargos honorarios en el Hospital Queen Elizabeth y en el Hospital de Niños de Paddington Green; hacia la misma época su creciente interés y preocupación por los problemas emocionales de sus pacientes lo llevó a unirse al grupo de psicoanalistas que se estaba organizando en Londres bajo la influencia de Sigmund Freud. Durante la segunda guerra mundial se desempeñó como asesor psiquiátrico del Proyecto de Albergues para niños evacuados que funcionó en Oxfordshire. Después de la guerra tomó una participación cada vez mayor en las actividades de la Sociedad Británica de Psicoanálisis, cuya presidencia ejerció en dos oportunidades.
En el período de la posguerra comenzó a difundir en una serie de libros y artículos, tanto científicos como de divulgación, sus propias ideas sobre el desarrollo emocional y la influencia ambiental temprana en la personalidad.
Las cualidades más destacadas de Winnicott fueron su extraordinaria empatía respecto de los niños, su comprensión de las realidades psicosomáticas basada en la práctica de la pediatría, el don de comunicar ideas complejas y originales en límpida prosa, y sus vastos y profundos intereses culturales. Murió en 1971 dejando tras de sí una enorme cantidad de escritos que aún están siendo asimilados y evaluados por sus seguidores de todo el mundo.
Inspiramos nuestra página en este psicoanalista porque su línea de pensamiento rechaza toda actitud teórica militante y sostiene viva a la investigación -y a la palabra que la comunica- a partir de un íntimo compromiso subjetivo en su formulación. Explora el campo humano desde los gestos más espontáneos, es decir menos impostados -y protegidos- en un saber consabido, y que habitualmente circula como jerga entre los analistas sin distinción alguna de corrientes teóricas ni épocas. Winnicott abre, en sus desarrollos teóricos, una tópica y una economía para el análisis de los conflictos que situan al sufrimiento humano en el plano menos proclive a un abordaje ideologizado, o moralizante. Por último, así como Freud extendió la idea de sexualidad, Winnicott extendió la idea del jugar: abarcando con él todo el campo de las producciones culturales, dando la oportunidad de una contribución personal para el desarrollo de la misma, y favoreciendo una riqueza psíquica que ayude a los sujetos a recrear de un modo personal al mundo y a los demás: Adaptándose, sin necesidad de demasiados renunciamientos personales, y transformando, sin conmover excesivamente ciertas pautas establecidas... Intentamos, en esta página, jugar... Jugar, tanto como nuestra audacia y prevenciones lo permita...

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